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La grieta española

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Ignacio Walker Prieto
Por : Ignacio Walker Prieto Abogado, expresidente PDC, exministro de Relaciones Exteriores, exsenador, expresidente de la Comisión de Educación del Senado.
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En este nuevo capítulo de “Mirada Internacional” el ex canciller Ignacio Walker analiza la polarización que se ha apoderado de la política española.


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Al asumir el gobierno de Patricio Aylwin a comienzos de los años 90, Alejandro Foxley decía que la Concertación debía convertir a Chile en “la España de los 90”, en referencia a la “transición pactada” que siguió a la muerte de Franco. Tras una Guerra Civil que dejó entre 500.000 y un millón de muertos, y tres décadas y media de dictadura, represión y exilio, quienes se habían tratado como enemigos irreconciliables entendieron que había llegado la hora de los acuerdos: los Pactos de la Moncloa, impulsados por Adolfo Suárez, que reunieron a empresarios y trabajadores, y la Constitución de 1978, aprobada por una amplísima mayoría, con Suárez, Felipe González, Santiago Carrillo y el rey Juan Carlos como protagonistas. Felipe llevó al PSOE a renunciar al marxismo y a definirse como socialdemócrata, e impulsó el ingreso de España a la Unión Europea y a la OTAN. En 14 años le cambió la cara a España. Vino luego la alternancia con José María Aznar y el Partido Popular: PSOE y PP se peleaban, pero no se sacaban los ojos.

Eso cambió. Tras el atentado de Atocha en 2004, el PSOE volvió al poder con Rodríguez Zapatero, y el movimiento de los “indignados” en 2011 devolvió el gobierno al PP con Mariano Rajoy. Entre acusaciones cruzadas de corrupción se terminó el civismo de la transición, y España se sumió en la polarización y la fragmentación: la GRIETA, como se le llamó en Argentina. Pedro Sánchez, ocho años en el gobierno, es un sobreviviente de gran maniobrabilidad táctica, dispuesto incluso a conceder una amnistía a cambio de los votos de Carles Puigdemont, quien encabezó el referéndum de 2017 y la declaración unilateral de independencia de Cataluña. Mientras tanto, Podemos acusaba a los líderes de la transición de haber encabezado una “capitulación”. Hoy, tras la crisis de la vivienda simbolizada en el desahucio y la muerte de Maricarmen, y el fracaso de sus decretos en el Parlamento, Sánchez convocó a elecciones generales para el 29 de noviembre, unas de las más polarizadas de la historia contemporánea de España. La economía no está en el suelo, pero la política está a ras del suelo, mientras una ola ultraderechista recorre el mundo. La tarea de los demócratas es cuidar la democracia, y no habrá estabilidad sin consensos básicos: tarea para España, Europa, Estados Unidos, América Latina y también Chile. Como decía Edgardo Boeninger, la “democracia de los consensos básicos” no es una panacea, pero no tiene sustituto.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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