PAÍS
El ingeniero Martín Arrau y la maquinaria para forzar al Estado a trotar en 90 días
Para unos, jefe del MOP; para otros, de Interior. Uno de los factótums de Kast tiene detractores y fans. Es el hombre clave de “los primeros 90 días en Palacio”. Aunque rechaza el cuoteo político, busca una amplia coalición arco que incluya múltiples partidos, mientras planea reducir ministerios.
Aunque todavía está por verse si su diseño conlleva una impronta de voluntarismo o el swiss made stamp de un relojero suizo, el influyente exjefe de campaña de José Antonio Kast, Martín Arrau García-Huidobro, carga sobre sus hombros –hasta ahora– el desembarco y la ambiciosa marcha de los primeros 90 días que los nuevos inquilinos de La Moneda quieren desplegar desde lo que él denomina “El Día 1”.
Arrau es uno de los hombres de mayor confianza del Mandatario electo y su estrategia es clara: que no se note la “marcha blanca” de un Gobierno que se instala, sino que haya resultados visibles pronto; no dar espacio a la improvisación; no creer en las lunas de miel entre el Gobierno y la oposición, sino en acuerdos sensatos.
Para el ingeniero, explican en La Moneda chica, “la transición técnica es una carrera contra el reloj”. Por ello, defiende un cronograma agresivo: el gabinete debe ser anunciado antes del 11 de enero. El objetivo es que los ministros designados realicen un empalme profesional inmediato, eliminando cualquier rastro de improvisación.
Y en esa nómina de secretarios de Estado estará su nombre. Algunos dicen que posiblemente en la cartera de Obras Públicas.
Elementos que alimentan esa idea: uno de los subsecretarios de Obras Públicas de Ricardo Lagos recibió un llamado telefónico hace una semana. Al otro lado de la línea estaba Arrau. El llamado era para pedirle su opinión acerca de las prioridades del MOP.
“En la ex Concertación fue muy comentado y en los de esa época, que un hombre de la derecha conservadora llamara a otro de centroizquierda para pedirle su visión técnica y política de la cartera de forma tan abierta”, señala alguien que conoció el hecho.
Carlos Cruz: Arrau se interesó por embalses Zapallar y La Punilla, puertos y temas agropecuarios
El exministro de Obras Públicas de Ricardo Lagos, Carlos Cruz, dice a El Mostrador que “tiene la mejor opinión de Martín Arrau”, con quien se ha reunido, junto con otros actores, varias veces.
Cruz, director ejecutivo del Consejo de Políticas de Infraestructura, enfatiza que, aunque no siempre coinciden, hay alta sintonía en las prioridades de infraestructura en el país, bajo la idea de que la economía y los temas de infraestructuras están ligados.
“Hablamos de las dificultades del sector de concesiones y las demoras en proyectos (…), tenemos coincidencia en empujar obras hídricas. Él está entusiasmado con el embalse Zapallar, con revitalizar el embalse La Punilla, avanzar en el embalse Rengo, que a mí me parece muy bueno. Arrau tiene una preocupación genuina por temas agropecuarios, rural y desalinización que hoy compartimos”, dice Cruz.
Y agrega: “Preocupación por el tema portuario, apurar los puertos que entran en proceso de licitación hacia 2030. Donde tal vez hay algunas dudas todavía es respecto del puerto San Antonio y el ferrocarril”.
También conversó con el vicepresidente del Colegio de Ingenieros y exsubsecretario del MOP de Lagos, Juan Carlos Latorre, en una reunión institucional y se llevó “una buena impresión”.
Arrau como jefe de Interior
No obstante lo anterior, hasta que aparezca el primer gabinete, Martín Arrau –a quien no le gusta ser abordado “por su parentesco con el celebre pianista Claudio Arrau, primo de su abuelo”, señalan entre sus cercanos–, hoy hace las veces de un jefe de gabinete ministerial.
Por lo que tampoco se descarta que estuviera en el Ministerio del Interior. De hecho, para el día siguiente al Año Nuevo, sostienen en las derechas, esperaba tener listos los delegados presidenciales de cada región.
Arrau ha diseñado una máquina instalada para que el Estado “empiece a trotar” desde la tarde del 11 de marzo. El plano para esta intervención quirúrgica es un documento de 60 páginas que detalla el “Plan de 90 días”, el cual contiene medidas administrativas y ejecutivas listas para ser firmadas sin pasar por el filtro paralizante del Congreso.
Sus detractores cuestionan cuoteo, reducción de ministerios y expulsiones
El 15 de noviembre, tras el balotaje, a las 6:00 de la mañana, mientras la mayoría del comando republicano aún intentaba asimilar el peso de 7,2 millones de votos, Martín Arrau ya estaba en su escritorio. Cuentan que miró los resultados electorales como un balance de obra: con la frialdad de quien sabe que el hormigón debe fraguar antes de ponerle peso a la estructura para que no colapse.
Otros señalan que su cable a tierra es Ñuble. No le gusta el futbol, pero afirma ser “hincha de la longaniza mecánica”. Como primer intendente de la región, bajo la administración de Sebastián Piñera, Arrau conoció la burocracia estatal y las “trabas menores” que, según él, paralizan el desarrollo.
Su éxito en Ñuble es numérico: en las 21 comunas de las tres provincias, José Antonio Kast alcanzó un histórico 69.9% de los votos, un respaldo que Arrau usa como prueba de que su enfoque de “orden y seguridad” no es solo retórica de élite, sino una demanda rural y profunda.
Sus críticos en las derechas sostienen que no contesta el teléfono, ni los mensajes de texto, que parece tener firmeza, pero que en entrevistas muestra contradicciones, que “es medio prepo” y de poco oficio político. Lo que –observan– podría complicar a la administración Kast.
“Arrau insiste en que su equipo no se regirá por lógica del cuoteo ni por los Excel de los partidos, pero, al mismo tiempo, habla de construir una coalición arco con Chile Vamos, Amarillos, Demócratas, social cristianos y libertarios. Claramente no logrará satisfacer las aspiraciones de representación de ocho fuerzas políticas distintas mientras reduce el número de ministerios de 26 a 15”, sostiene uno de sus detractores.
Otro elemento que le cuestionan en sus entrevistas es su idea del plan para expulsar a 300 mil migrantes irregulares. Según explican, cuando se le presiona sobre la viabilidad de esta medida frente a regímenes como el de Venezuela, que no acepta vuelos de deportación, Arrau admite que la solución “no es fácil” y que es un proceso “trabajoso”.
Otros sostienen que lo primero que defendió Arrau fue un agresivo recorte fiscal de 6 mil millones de dólares, pero la temporalidad de este objetivo parece haberse desdibujado. Mientras el plan original hablaba de ejecutarlo en 18 meses, Arrau ha reconocido que su jefe económico, Jorge Quiroz, ya se ha abierto a “flexibilizar los plazos”. Esta admisión debilita la narrativa de inmediatez del “Gobierno de emergencia”.
Como un promotor del despliegue militar para proteger infraestructura crítica, Arrau enfrenta un asunto insalvable: los comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas han declarado que no quieren participar en labores para las cuales no están formados. Aunque propone cambios legales y de formación, admite que esto “no va a pasar en dos semanas”.
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