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Carolina Ardiles, profesora diferencial: “Hay personas que visualizan la inclusión como privilegio” PAÍS

Carolina Ardiles, profesora diferencial: “Hay personas que visualizan la inclusión como privilegio”

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Luis Felipe de la Vega
Por : Luis Felipe de la Vega Investigador educativo
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La profesora diferencial Carolina Ardiles analiza el estado de la educación inclusiva en Chile, las brechas en la formación docente y los desafíos que enfrenta la educación pública para garantizar el derecho a aprender en contextos de creciente diversidad.


En la entrevista de esta semana con personas que se desempeñan en establecimientos educacionales, conversamos con Carolina Ardiles Contreras, quien trabaja como profesora diferencial y coordinadora del Programa de Integración Escolar (PIE) en el Liceo Profesora Gladys Valenzuela, de la comuna de Lo Prado. Hablamos sobre las características de su profesión y las necesidades que, desde ella, se levantan para las políticas educativas.

-A su juicio, ¿qué tan inclusivas están siendo las escuelas en el presente?
-En el presente, se visualiza el concepto de inclusión como una mirada pedagógica integral, abordando la diversidad como una oportunidad para enriquecer las metodologías y didácticas de enseñanza, con el fin de que todos y todas las estudiantes lleven a cabo su proceso de aprendizaje de manera óptima, considerando y respetando las diferentes formas y tiempos que tiene cada sujeto.

Teniendo en cuenta esta mirada, tengo que decir que aún existen diversas barreras en las instituciones educativas para avanzar en inclusión. Si bien en la actualidad existen instrumentos que fomentan la necesidad de incorporar prácticas inclusivas en el rol docente, dentro de la formación inicial docente es común que las mallas curriculares presenten muy pocos cursos relacionados con la inclusión, lo que causa que muchos docentes de asignaturas se deban enfrentar a una realidad para la que no han recibido formación.

Por otra parte, todavía me toca observar que algunas y algunos docentes que llevan muchos años en el sistema educativo visualizan la diversidad como un obstáculo para desempeñar su trabajo.

Pese a lo que acabo de mencionar, hay que reconocer que las escuelas en el Chile de hoy presentan avances en el reconocimiento de la diversidad como una realidad de las aulas. Existe mayor conciencia respecto a la inclusión educativa, especialmente en el acceso y la permanencia de estudiantes con distintos desafíos, trayectorias y contextos socioculturales. Sin embargo, se evidencian también cotidianamente dificultades, como un lenguaje poco inclusivo y muchas veces violento o la falta de diversificación de las clases y evaluaciones.

A mi juicio, aún hay personas que visualizan la inclusión como un privilegio y no como un derecho y, desde estas perspectivas, se transmiten sesgos que fomentan la discriminación y excluyen a las y los estudiantes. En vez de ello, se debiera realizar una autorreflexión docente, considerando la búsqueda de estrategias y el fortalecimiento de las prácticas pedagógicas que debemos desarrollar, de manera de responder de mejor forma a las necesidades y los intereses de nuestros estudiantes.

En síntesis, la inclusión aún se encuentra en un proceso de consolidación: muchas veces se expresa más en lo normativo que en las prácticas pedagógicas cotidianas. El desafío actual es profundizar y avanzar en lograr una inclusión real y de calidad, que no dependa solo de programas específicos, sino que se traduzca en culturas escolares más flexibles, colaborativas y centradas en el aprendizaje y bienestar de todas y todos los estudiantes.

-¿Cómo se han ido insertando las educadoras diferenciales en los equipos pedagógicos de los establecimientos educacionales? ¿Qué es lo principal que le han ido aportando al sistema?
-Las profesoras diferenciales hemos tenido que desarrollar la resiliencia, sacar la voz por nuestros estudiantes y también por la integridad de nosotras mismas, porque en muchas ocasiones nos toca encontrarnos con docentes que tienen un ego muy grande y que no nos visualizan como una colega, más bien como la “tía”. Por ello, hemos tenido que defender nuestro accionar desde la perspectiva de un trabajo colaborativo y de la codocencia. Y, sin duda, nos hemos insertado a través de nuestra autonomía, nuestra reactividad y de seguir aprendiendo.

Respondiendo a la segunda pregunta, creo que lo principal que hemos entregado al sistema es demostrar, con paciencia, insistencia y resiliencia, que las diversidades son naturales, que son parte del mundo y que el sistema educativo es parte de un macrocontexto social y cultural. Nuestro rol ha sido fundamental para invitar a los y las docentes de asignaturas a visualizar otras formas de enseñar, precisar en el lenguaje, incorporar estrategias de conducción emocional y de resolución de conflictos interpersonales, así como también a invitar a la reflexión sobre nuestro quehacer pedagógico como profesores.

A mi juicio, nos hemos ido posicionando progresivamente como agentes clave dentro de los equipos pedagógicos, especialmente en los establecimientos públicos. Nuestro rol ha evolucionado desde un enfoque más asistencial o de atención individualizada hacia uno mucho más colaborativo y estratégico. Hoy aportamos desde una mirada especializada en diversificación de la enseñanza, diseño universal para el aprendizaje, adecuaciones curriculares y trabajo interdisciplinario.

Además, contribuimos a fortalecer el trabajo docente conjunto, la reflexión pedagógica y la toma de decisiones basadas en los desafíos reales de nuestros estudiantes, impactando positivamente en la calidad educativa.

-¿Qué visión tiene sobre las características y necesidades actuales de los estudiantes?
-Las y los estudiantes de hoy son profundamente diversos, no solo en términos de aprendizaje, sino también en sus realidades emocionales, sociales y culturales. Vemos estudiantes más conscientes de sus derechos, con altas necesidades de acompañamiento socioemocional y con formas distintas de vincularse con el conocimiento. Estas características exigen a los establecimientos educacionales ampliar su mirada, fortalecer el apoyo integral y generar experiencias educativas significativas, pertinentes y motivadoras.

Todos los y las estudiantes presentan potencialidades y, como equipo docente, tenemos el deber de conocer al grupo humano al que estamos acompañando en el proceso de aprendizaje; acompañamos a personas que sienten y piensan, por lo que este debe ser significativo y requiere de una vinculación segura entre estudiantes y docentes.

Por lo anterior, conocer el contexto y las situaciones emocionales de los y las estudiantes facilita entender las características y situaciones desafiantes de nuestros niños, niñas y adolescentes. La necesidad de sentirse escuchados, reconocidos y seguros es tan relevante como el logro de los aprendizajes académicos.

¿Qué opinión tiene de las políticas educativas en Chile? ¿Qué tanto están aportando al desarrollo de una educación inclusiva?
-Las políticas educativas chilenas han incorporado avances importantes en materia de inclusión, como el fortalecimiento de la educación pública, el Programa de Integración Escolar (PIE) y los marcos normativos que promueven la equidad. No obstante, persisten desafíos en su implementación, especialmente en términos de recursos, formación continua y coherencia entre las políticas y la realidad de los establecimientos. Para que estas políticas impacten de manera más efectiva, es fundamental considerar la voz de las comunidades educativas y asegurar condiciones que permitan llevar la inclusión desde el discurso a la práctica.

Las políticas públicas, desde la Ley de Inclusión hasta la más reciente Ley TEA, nos están permitiendo, poco a poco, ir avanzando en la naturalización de la diversidad. Sin embargo, aún observo cotidianamente la existencia de un lenguaje médico que, de cierta manera, se impregna en los contextos educativos. Además, si bien existen normativas legales que abordan la inclusión, hay pocas instancias reguladoras en donde se verifique realmente que los establecimientos funcionen como espacios que la aseguren y resguarden, garantizando el acceso, la participación, la permanencia, el progreso y las trayectorias educativas de nuestros y nuestras estudiantes.

-A su juicio, ¿qué políticas educativas se necesitan para fortalecer la educación pública? ¿Por qué?
-Creo que se requieren políticas que fortalezcan estructuralmente la educación pública, asegurando un financiamiento suficiente, considerando ampliar horas destinadas al trabajo colaborativo, la estabilidad de los equipos y el apoyo técnico permanente, además de sistemas que garanticen la idoneidad y el perfeccionamiento para los cargos de funcionarios que trabajan en los establecimientos.

En particular, es clave fortalecer el Programa de Integración Escolar como una estrategia articuladora de la inclusión, promoviendo el trabajo interdisciplinario y el desarrollo profesional de docentes y asistentes de la educación. Robustecer la educación pública también es fundamental, porque es el principal garante del derecho a la educación y el espacio donde se construye cohesión social y equidad.

Otro tema muy relevante para las políticas públicas son los desafíos en salud mental y su abordaje. Cuando hablamos de escuelas inclusivas, debemos tener la capacidad de dar respuesta a las características de nuestros estudiantes; sin embargo, en el día a día tenemos una alta demanda de desregulaciones emocionales y conductuales que se asocian también a diagnósticos sin tratamiento o, muchas veces, sin haber una atención de especialista que confirme, descarte o precise alguna condición o las indicaciones de abordaje. Es fundamental evaluar horas de psiquiatras que apoyen en el espacio educativo o redes externas que cuenten con la capacidad para la intervención.

¿Cuáles son sus expectativas sobre las políticas educativas en el próximo Gobierno? ¿Qué sugeriría al próximo Presidente?
-En la actualidad, realmente siento una profunda preocupación con el próximo Gobierno y respecto del rumbo que podría tomar el sistema educativo. Creo que esta preocupación la tenemos quienes creemos en una educación inclusiva, democrática y respetuosa de la diversidad de pensamiento y de los procesos de aprendizaje de los y las estudiantes.

Espero que el próximo Gobierno profundice el fortalecimiento de la educación pública con una mirada de largo plazo, centrada en la inclusión, el bienestar y la justicia educativa. Recomendaría avanzar en políticas construidas desde el diálogo con las comunidades escolares, reconociendo el rol clave de los programas como el PIE.

Asimismo, es fundamental transitar hacia un sistema educativo donde la inclusión sea un principio transversal, con recursos adecuados (horas de profesionales, mobiliarios y aulas con implementos acordes a las características de los y las estudiantes), condiciones de infraestructura, salas sensoriales y espacios de calma, materiales didácticos y tecnológicos, materiales tangibles, perfeccionamientos y capacitaciones, con el fin de actualizar nuestros conocimientos y mejorar las prácticas docentes, con el objetivo de impactar en los aprendizajes y el trabajo con la comunidad.

También se requiere de actualizaciones para el Decreto 170 [normativa para detectar necesidades educativas de los estudiantes] y la creación de sistemas que permitan potenciar la idoneidad profesional de quienes asumen estas tareas.

Al próximo Presidente le recomendaría actuar con responsabilidad y prudencia, resguardando los avances alcanzados en materia de inclusión escolar. Es fundamental no retroceder en leyes ni normativas que garantizan derechos, como aquellas que promueven la educación inclusiva y el reconocimiento del trabajo profesional de los profesores y las profesoras diferenciales.

En particular, es importante revisar el reconocimiento y no pago de menciones asociadas a nuestros títulos, considerando que, a nivel profesional, somos agentes educativos que hoy sostienen la atención a la diversidad en las escuelas y no se nos paga dicha asignación.

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