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Foto: AgenciaUNO
Gobierno electo recibe frontal golpe de realidad: partidos no lo dejan fusionar ministerios
Confirmado por el propio Presidente electo: este martes se revelarán los nombres de quienes liderarán las 25 carteras intactas, sin bi ni triministros, como se dijo en campaña. En el futuro oficialismo, eso sí, insisten en que la idea de fusionar ministerios no está descartada, sino solo postergada.
Durante la carrera presidencial, y en particular en el último debate Anatel, Kast fue explícito. En el marco de su –aún misteriosa– promesa de recortar US$ 6.000 millones del gasto público en 18 meses, deslizó que “hay ciertas materias que pueden confluir y pueden ser dirigidas por un bi o triministro”. Incluso, puso un ejemplo concreto: un superministerio que agrupara Economía, Minería y Energía. La idea calzaba perfecto con el relato de austeridad, eficiencia y “Gobierno de emergencia” que levantó como marca registrada, pero ese diseño no sobrevivió al aterrizaje en la realidad.
Y es que la discusión con los partidos que lo respaldaron en segunda vuelta fue decisiva. En privado, según confirman cercanos a la negociación, las colectividades le hicieron ver a Kast que un gabinete dominado por independientes y con menos ministerios –lo primero aún como escenario probable– no solo reducía espacios de representación, sino que complicaba la futura tramitación legislativa, justo cuando el próximo Congreso asoma poco dócil para el oficialismo entrante. El mensaje fue directo: sin partidos, no hay mayoría.
También hubo advertencias gremiales. En diciembre, el presidente de la Cámara Minera de Chile, Manuel Viera, rechazó de forma categórica la posibilidad de que el futuro Gobierno opte por “lo elegante”, al nombrar biministros o triministros que incluyan la cartera de Minería. “¿Hasta cuándo soportamos la minimización de nuestro Ministerio de Minería? (Es) el sector más importante de la economía chilena, pero para el mundo político al parecer no se entiende… solo una vaca lechera que da recursos financieros”, cuestionó Viera en una columna publicada en varios medios.
A eso se sumó un dato no menor: el portazo de José Luis Daza. El economista argentino-chileno –hoy miembro del gabinete de Javier Milei y quien era la carta más potente para encarnar un eventual triministerio económico– rechazó la oferta. Daza solo aceptaba Hacienda y Kast ya había comprometido ese puesto con Jorge Quiroz. Sin figura ancla –reconocen en la interna–, la idea del triministerio empezó a desinflarse rápidamente.
La expectativa era alta. En esa ocasión, en línea con el timonel gremialista Guillermo Ramírez, el diputado Jorge Alessandri declaró a la prensa: “Por Dios que se echaba de menos ese sentido de urgencia, de partir al día siguiente a Argentina, de empezar a hablar del gas, de empezar a hablar de cómo Chile se convierte nuevamente en una potencia minera, de cómo usamos nuestros puertos, eso en las primeras 24 horas”.
La frase siguiente del parlamentario ahora es clave: “Y, como ustedes saben, no hay una segunda oportunidad para crear una primera impresión”.
Hoy, desde el entorno del Presidente electo y desde Chile Vamos repiten que lo confirmado hasta antes del anuncio oficial no significa el fin de la iniciativa y que las fusiones ministeriales podrían venir más adelante, “en una segunda etapa”.
Argumentan que eliminar o fusionar carteras requiere cambios legales, tiempo y mayor capital político. Todo cierto. Pero también es cierto que el anuncio de hoy no contiene la señal de austeridad estructural que se prometió en campaña.
Más bien, lo que se vería durante esta jornada es el resultado de un golpe de realidad: tensiones con aliados, advertencias tempranas de ingobernabilidad, rechazos inesperados y la necesidad de llegar a marzo con el menor ruido posible. La épica del recorte inmediato quedó en pausa. El diseño maximalista, también.
Para el Partido Republicano no habrá sorpresas. Según transmiten desde la colectividad, Kast ya había advertido que –por ahora– no se avanzará en fusiones ministeriales ni en esquemas de biministros o triministros, a la espera de “evaluar el estado real del aparato público” una vez asumido el Gobierno.
La última señal antes del anuncio oficial fue el nombre de Judith Marín, secretaria general del Partido Social Cristiano, que apareció como una de las cartas para liderar el Ministerio de la Mujer. La posibilidad encendió las redes sociales: junto con cuestionamientos a su perfil ideológico y posturas públicas, instalando dudas sobre la coherencia y el rumbo que tomarían las políticas de género del próximo Gobierno, reaparecieron antiguos dichos en los que Marín planteaba eliminar o fusionar la cartera que hoy podría encabezar.
Por ahora, mientras Kast se prepara para mostrar su equipo completo y cerrar semanas de especulación, la pregunta por los biministros o los triministros queda flotando como un recordatorio incómodo: el ajuste del Estado, al menos por ahora, tendrá que esperar.