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La huella de la pandemia en universitarios: individualismo, ansiedad e incertidumbre PAÍS Archivo Referencial Agencia Uno

La huella de la pandemia en universitarios: individualismo, ansiedad e incertidumbre

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Un estudio Fondecyt revela que jóvenes que ingresaron a la universidad en pandemia viven altos niveles de ansiedad y una persistente incertidumbre sobre el futuro. La investigación advierte un impacto directo en la salud mental y en cómo hoy se experimenta la vida universitaria.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
Un estudio Fondecyt sobre la llamada “generación 2020” revela que jóvenes que ingresaron a la educación superior en pandemia viven altos niveles de ansiedad y una persistente sensación de incertidumbre frente al futuro. Marcados por el estallido social, la virtualidad y un mercado laboral percibido como incierto, los estudiantes relatan trayectorias cada vez más individualizadas, menor identificación con proyectos colectivos y decisiones vitales condicionadas por el temor a un mundo adverso, con impacto directo en su salud mental.
Desarrollado por El Mostrador

Ingresaron a la universidad en pandemia, tras una enseñanza media atravesada por el estallido social, y hoy se preguntan si el futuro realmente existe para ellos. Los estudiantes que comenzaron su formación superior entre 2020 y 2024 –la llamada “generación 2020”– comparten una experiencia marcada por la incertidumbre, la ansiedad y la sensación de que deberán enfrentar solos un mundo cada vez más adverso.

Así lo concluye el proyecto Fondecyt “Nuevas subjetividades e imaginarios sociales juveniles en estudiantes de educación superior. La generación 2020 en tres regiones de Chile (Santiago, Valparaíso y Concepción)”, basado en entrevistas y grupos de discusión con 236 estudiantes de educación superior.

La investigación fue liderada por la doctora Andrea Aravena, junto a sus colegas Heidi Fritz y Manuel Antonio Baeza, de la Universidad de Concepción; y también participaron de ella Rocío Ferrada, de la Universidad Católica de Valparaíso, además de un comunicador social de la Universidad de Playa Ancha.

Un punto de partida excepcional

El estudio identifica que esta generación universitaria se forma en un contexto sin precedentes: pandemia, estallido social y una exposición permanente a discursos de crisis.

“Esta generación entra a la universidad en pleno contexto de pandemia y, en el caso chileno, después del estallido social, que es un evento que ellos reportan haber visto por televisión y que les permitió tomar conciencia de los déficits y de las insatisfacciones que existían en el país”, explica Aravena.

Si bien no se trata de jóvenes que se reconozcan como altamente politizados, la investigadora advierte que desarrollan una lectura crítica del entorno social, acompañada de una profunda sensación de incertidumbre.

“Es una generación que nace después del cambio de milenio y que desde muy pequeños vienen con esta idea de colapso, reforzada por un trabajo muy alarmante de los medios de comunicación respecto de las carencias, las amenazas y las incertidumbres que nos depara el futuro como humanidad”, señala.

Ansiedad como telón de fondo

Uno de los principales hallazgos del estudio es el impacto de ese contexto en la salud mental de los estudiantes. Los relatos recogidos muestran jóvenes altamente conscientes de la importancia del bienestar, pero que viven bajo una presión constante por cumplir expectativas que perciben como difíciles de alcanzar.

“Es una generación muy enfocada en la idea de estar bien y ser felices, pero que finalmente nunca logra cumplir esa expectativa. Eso genera sensaciones persistentes de ansiedad, de frustración y de autosabotaje de su propia felicidad”, sostiene Aravena.

Según la investigadora, muchos estudiantes reportan dificultades para dormir, sentimientos de desánimo y una autoexigencia permanente, incluso en ámbitos como el deporte, la alimentación o el rendimiento académico.

El estudio también muestra que la experiencia de esta ansiedad no es homogénea y está fuertemente atravesada por el origen socioeconómico de los estudiantes y por los mensajes que reciben desde sus familias.

Los jóvenes de estratos socioeconómicos más altos viven una menor presión respecto de los problemas que enfrenta la familia, sin duda. Los jóvenes de estratos socioeconómicos más bajos se encuentran sometidos a un mayor estrés derivado del propio mensaje que transmiten las familias y también del contexto que viven y de las noticias a las que están expuestos”, señala Aravena.

Según la investigadora, este escenario impacta directamente en la forma en que los jóvenes procesan sus dificultades.

“Padres y madres estresados generan una juventud que tiende a no verbalizar sus problemas, sino a dividirlos internamente, en lo que hemos llamado este individualismo defensivo, en algunos segmentos socioeconómicos y bajo ciertas condiciones”, explica.

En contraste, el estudio identifica que existen estudiantes que cuentan con mayores redes de apoyo.

“Hay jóvenes que tienen un mayor soporte en su hogar, que tuvieron una educación media más contenida y que, por lo tanto, enfrentan el futuro con más optimismo”, agrega.

En los sectores más vulnerables, en cambio, se repite un mensaje que impacta directamente en la percepción del futuro.

“Estos jóvenes reportan que la queja de sus familias es ‘trabajo mucho y me pagan poco’. Ahí hay una distorsión social en el mensaje que les estamos transmitiendo a los jóvenes”, advierte la antropóloga, subrayando que el tipo de mensaje recibido está ligado a la situación socioeconómica de cada familia.

Individualismo defensivo 

El estudio describe un fenómeno que el equipo denomina individualismo defensivo: trayectorias universitarias centradas en el esfuerzo personal, con una débil identificación con proyectos colectivos.

“Nadie me asegura ni me garantiza el trabajo una vez que termine la educación superior. Por lo tanto, en mí y solamente en mí recae el esfuerzo de diferenciarme del resto”, resume Aravena a partir de los testimonios.

Este fenómeno se vincula, según el equipo investigador, con la incertidumbre laboral, con experiencias previas en la enseñanza media y con procesos de socialización marcados por la virtualidad durante la pandemia, reforzando la sensación de que el futuro depende exclusivamente del desempeño individual.

Aunque el estudio reconoce los esfuerzos de las instituciones por adaptarse durante la pandemia, los estudiantes perciben un desajuste entre el modelo universitario y sus condiciones reales de formación.

“Los jóvenes sienten que no aprendieron en la enseñanza media lo que se les exige en la universidad. Logran ingresar, pero quedan cortos frente a los currículums, y eso genera una frustración muy grande”, afirma Aravena.

“El principal riesgo es que esta etapa, que antes era considerada la mejor de la vida, se transforme para estos jóvenes en una etapa de ansiedad y pesimismo”, advierte.

En este escenario, los postgrados dejan de ser una opción vocacional y pasan a entenderse como una estrategia defensiva frente al futuro.

“La licenciatura se les hace insuficiente para sentirse preparados emocional e intelectualmente, y muchos ven el magíster como una necesidad para ser más competitivos”, señala la investigadora.

El estudio también aborda cómo esta percepción de incertidumbre impacta en las decisiones de vida de los estudiantes, particularmente en torno a la maternidad y la paternidad.

“Muchos y muchas dicen ‘para evitarle el sufrimiento futuro a mis hijos en un escenario eventual de fin de mundo, de crisis climática. Como el futuro es incierto, puesto que esto se relaciona con el tiempo social, no quiero traer hijos a este mundo para enfrentar este futuro incierto’”.

Salud mental y proyectos colectivos

Un hallazgo relevante del estudio es que los estudiantes vinculados a proyectos colectivos presentan mejores indicadores de bienestar.

“Todos los jóvenes que están comprometidos en proyectos colectivos tienen índices de satisfacción y de salud mental mucho más altos que aquellos jóvenes que están solamente enfocados en sus problemas”, concluye Aravena.

En ese escenario, el estudio advierte que el principal riesgo no es solo académico, sino generacional: que la etapa universitaria deje de ser un espacio de proyección y se consolide como una experiencia atravesada por la ansiedad y el pesimismo.

Frente a ello, el equipo investigador subraya la importancia de fortalecer los vínculos colectivos y los espacios de apoyo, como una vía para enfrentar la incertidumbre y recomponer la relación de los jóvenes con el futuro.

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