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La última esperanza: Senado define si vota reforma política a 24 horas del cambio de mando PAÍS Fotos: AgenciaUNO

La última esperanza: Senado define si vota reforma política a 24 horas del cambio de mando

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Andrés Cárdenas Guzmán
Por : Andrés Cárdenas Guzmán Periodista El Mostrador
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Aprobarla sin la norma de fusiones podría ser la fórmula para cerrar el tema con una señal política: un acuerdo transversal en la última jornada del Congreso antes del recambio. La lógica es simple: despachar lo que ya concita respaldo y evitar reabrir la pelea que generó ese punto.


La reforma al sistema político quedó estacionada en la recta final del Congreso y este lunes se sabrá si logra salir del atasco. El Senado debe definir su tabla y con ello si convoca a una sesión extraordinaria el martes 10 de marzo para revisar el proyecto, apenas 24 horas antes del cambio de mando en que el Presidente Gabriel Boric entregará el poder al mandatario electo José Antonio Kast.

La iniciativa —que el Ejecutivo empujó como una pieza clave para ordenar el sistema político— ya pasó por la Cámara de Diputados, donde fue aprobada el miércoles 4 de marzo tras más de diez votaciones en Sala. Pero el trámite no terminó ahí: dos normas transitorias se cayeron y el proyecto tuvo que volver al Senado para un tercer trámite legislativo.

El núcleo de la reforma apunta a endurecer las reglas del juego para los partidos. Entre otras medidas, eleva las exigencias para constituir colectividades —que deberán reunir firmas equivalentes al 0,3% del padrón electoral y tener presencia en al menos ocho regiones— y fija nuevas barreras para candidaturas independientes, que deberán juntar respaldos equivalentes al 0,5% del padrón correspondiente. También incorpora sanciones económicas para parlamentarios que abandonen sus partidos y otorga reconocimiento legal a los acuerdos de comité en el Congreso.

“No parece haber ánimo” para reponer fusiones

Pero el momento más áspero del debate llegó con la —hasta ahora— fallida norma sobre fusiones partidarias. La disposición —ampliada a último minuto por el Ejecutivo tomando una indicación presentada por la diputada Joanna Pérez (del Partido Demócratas, en disolución)— permitía que colectividades en proceso de disolución pudieran integrarse a otras ya existentes para evitar su desaparición.

La idea generó resistencia en sectores del oficialismo y terminó cayendo en votación particular, luego de que el diputado Daniel Manouchehri (PS) la calificara como un “traje a la medida” para partidos amenazados por el umbral electoral.

La ministra Segpres, Macarena Lobos, conversando con los diputados Manouchehri y Soto junto al diputado Mellado durante la Comisión de Gobierno de interior el 3 de marzo.

Desde entonces, el escenario quedó dividido. Algunos partidos pequeños —como la Federación Regionalista Verde Social o el Partido Radical— aún mantienen la esperanza de reponer la norma en el Senado.

Desde el Partido Socialista admiten a El Mostrador que es “casi imposible” que el tema vuelva a abrirse. En privado, incluso dirigentes radicales  reconocen que “no parece haber ánimo”.

Cabe mencionar que fue clave –para algunos– la ampliación del criterio en la Cámara. De esa forma, por ejemplo, partidos como el PPD y la DC podrían fusionarse con colectividades como el Partido Radical y la Federación Regionalista Verde Social. Y, por el lado de la derecha, se podría concretar la fusión entre Evópoli y Demócratas, que ya está en conversaciones –no así con Amarillos, que ya acató su disolución y dejará de existir oficialmente el 4 de marzo–.

¿La última señal de unidad?

El trasfondo es político. En el Congreso varios parlamentarios admiten que, de aprobarse la reforma en una eventual sesión extraordinaria sin reinstalar la norma de fusiones, el mensaje que se buscará transmitir es uno de acuerdos amplios entre oficialismo y oposición para estabilizar el sistema político y evitar un Parlamento cada vez más fragmentado.

El diputado Jaime Mulet (FRVS, partido oficialista que busca evitar su disolución ante el Tricel, al igual que Evópoli y el Partido Radical) valoró el despacho del proyecto al Senado y destacó dos avances: las sanciones económicas para quienes cambien de partido y el reconocimiento legal de los acuerdos de comité. Sin embargo, insistió en que la norma sobre fusiones debería revisarse para evitar que partidos que ya eligieron parlamentarios terminen desapareciendo.

El diputado Alexis Sepúlveda (PR) advirtió que las nuevas exigencias para crear partidos podrían “restringir la diversidad de la sociedad” y dificultar el surgimiento de nuevas colectividades.

Además, la reforma endurece el acceso al sistema: para constituir partidos ya no bastará el 0,25% de los votos emitidos por región, sino el 0,3% del padrón electoral. También ajusta el financiamiento público. La ministra Macarena Lobos explicó que las colectividades sin representación parlamentaria no podrán recibir recursos fiscales y que, si un legislador renuncia, el financiamiento permanece en el partido de origen. Lo mismo rige para las asignaciones de comité. (Ver detalles de la sesión de la semana pasada)

La ministra Segpres camina con la mano en la cara en el hemiciclo durante la sesion en sala del senado del 4 de marzo.

La reforma llegó al Senado el mismo día en que la Cámara la despachó. Pero la última sesión de la legislatura terminó sin que alcanzara a discutirse. La jornada estuvo copada por otros dos debates de alto impacto —la aprobación en general de un proyecto para conmutar penas a condenados con enfermedades graves o edad avanzada y la extensa discusión sobre sociedades anónimas deportivas— y cerca de las 20:30 horas la sesión se levantó sin que el tema entrara a la tabla.

Así, el proyecto quedó en pausa justo antes del cambio institucional. Desde la Secretaría General de la Presidencia señalan a El Mostrador que la posibilidad de convocar a una sesión extraordinaria se resolverá este lunes, cuando el Senado defina su agenda.

Si eso ocurre, la reforma tendrá su última prueba legislativa en tiempo de descuento. Si no, uno de los proyectos emblemáticos del gobierno saliente quedará atrapado entre el cierre de una legislatura y el inicio de otra.

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