Economistas reunidos en el Foro de Desarrollo Justo y Sostenible cuestionaron el diagnóstico de “emergencia económica” que ha marcado parte del debate público y aseguraron que Chile enfrenta desafíos relevantes, pero con una economía estabilizada y lejos de una crisis fiscal.
En la presentación del documento “El país que recibe el ministro de Hacienda: la falacia de la emergencia económica”, economistas del Foro de Desarrollo Justo y Sostenible defendieron que el país inicia el nuevo ciclo político con señales de recuperación macroeconómica. En el encuentro participaron el economista Luis Eduardo Escobar, el ex director general de Relaciones Económicas Internacionales Osvaldo Rosales y el ex subsecretario del Trabajo Mauricio Jelvez.
Rosales abrió la exposición cuestionando los diagnósticos más alarmistas sobre la situación económica del país, señalando que “han escuchado economía en crisis, un país estancado hace muchos años, el gasto público está desbordado. Nos parece que todo aquello está equivocado y es lo que pretendemos demostrar”, y añadió que “somos de la vieja escuela en que dato mata relato”. En esa línea, enfatizó la tesis central del documento al afirmar que “la economía chilena está muy lejos de cualquier señal de emergencia”.
El economista sostuvo que el país recibe actualmente una economía con inflación controlada y con señales de recuperación en distintos indicadores. Según explicó, el escenario actual muestra una inflación bajo el 3%, crecimiento del PIB no minero cercano al 3% desde mediados de 2025 y cuentas externas ordenadas, junto con una recuperación de la inversión, las exportaciones y la productividad tras una década de bajo dinamismo. Además, destacó que los salarios reales acumulan más de dos años de incrementos consecutivos y que se han generado cientos de miles de empleos en los últimos años, mientras la tasa de informalidad ha mostrado una reducción gradual.
No obstante, los expositores advirtieron que el escenario económico aún presenta desafíos relevantes, especialmente en materia fiscal. Escobar abordó las dificultades recientes en las proyecciones de ingresos tributarios, señalando que “los mayores errores en las estimaciones de ingreso vienen de los últimos dos años, 2024 y 2025, y estos errores hasta ahora no tienen una buena explicación”.
El economista explicó que esta situación complica la planificación fiscal, ya que una corrección brusca de las proyecciones podría dificultar la reducción del déficit y advirtió que “lo que uno podría hacer es simplemente rebajar la proyección de ingreso, pero eso deja a este gobierno que quiere reducir el déficit en una situación imposible en que no van a poder reducir los gastos lo suficiente como para poder compensar por un nivel de ingresos como el que se está verificando actualmente”.
Jelvez, por su parte, planteó que la brecha fiscal observada recientemente no se explica por un aumento del gasto público, sino por una subestimación de los ingresos, señalando que “es importante entender que la brecha de cálculo que se había hecho del déficit se debe principalmente a la subestimación de los ingresos en el último trimestre del año 2025 y no al aumento del gasto, porque el gasto inclusive fue menor al proyectado”. El ex subsecretario agregó que, de cumplirse las proyecciones del presupuesto vigente, el déficit fiscal podría cerrar el año en torno a 1,8% del PIB.
Durante la presentación también se abordó la aparente desconexión entre el crecimiento económico y la evolución de la recaudación tributaria. Rosales calificó el fenómeno como una situación inusual, señalando que “el PIB no minero está creciendo al 3% y los ingresos tributarios no mineros están cayendo. Es una anomalía. Hay que averiguar qué está pasando”.
Escobar coincidió en que se trata de un fenómeno complejo, que ha sido analizado en detalle pero aún sin una explicación definitiva. Entre los factores posibles mencionó cambios en el comportamiento tributario de grandes contribuyentes y efectos asociados a reformas previas.

En ese contexto, Jelvez planteó que la tasa efectiva de impuestos pagada por grandes empresas ha disminuido en los últimos años, lo que —según afirmó— debe ser considerado en el debate sobre política tributaria. “La tasa de impuesto efectiva que pagaron las grandes empresas el año 2022 era de 24,8 y la tasa que pagaron efectiva el año pasado fue de 21,5”, indicó, agregando que reducir el impuesto corporativo tendría efectos fiscales significativos, ya que “rebajar un punto el impuesto de primera categoría nos cuesta 0,13% del PIB”.
Los expositores también abordaron los desafíos estructurales del mercado laboral y la necesidad de políticas que impulsen la participación laboral y la capacitación. Jelvez destacó la importancia de avanzar en políticas de cuidado para facilitar la incorporación de más mujeres al trabajo, señalando que “sala cuna universal y la economía del cuidado son dos reformas centrales que favorecen principalmente la incorporación en la práctica de mujeres al mercado de trabajo”.
En esa línea, Rosales subrayó que el dinamismo del empleo depende también de condiciones macroeconómicas y de la recuperación de sectores intensivos en trabajo, como la construcción, que en los últimos años se vio afectada por el alto costo del crédito. De cara a los próximos años, los economistas coincidieron en que uno de los principales desafíos será impulsar la inversión y la productividad, junto con fortalecer la capacitación laboral y la modernización económica, por lo que —según concluyó Rosales— “lo que necesitamos es un shock de inversión, un shock de crecimiento, un shock en capacitación”.