Juego Limpio
El Mostrador
Partículas PM2.5 viajan más rápido que las políticas públicas
El último informe de IQAir advierte que la mayoría de la población mundial respira aire contaminado y que solo el 14% de más de 9.000 ciudades cumple con los estándares de la OMS.
Antes de profundizar en los informes actualizados que daré a conocer esta semana, partiré con imágenes que me resultan inequívocas. La primera: la crisis climática también se respira.
En 2025, incendios forestales fuera de control y tormentas de polvo cada vez más frecuentes reconfiguraron el mapa de la contaminación atmosférica global, empujando a millones de personas a convivir con un aire que ya no es seguro.
- No se trata de episodios aislados, sino de una nueva normalidad donde el humo y las partículas viajan más rápido que cualquier política pública.
El último informe de IQAir confirma lo que hasta hace poco era una advertencia: la mayoría de la población mundial vive expuesta a niveles insalubres de contaminación. Solo el 14% de más de 9.000 ciudades analizadas cumple con los estándares recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El dato no solo es elocuente: las ciudades que habían mostrado mejoras en años anteriores retrocedieron, arrastradas por incendios masivos –como los de Canadá– y fenómenos extremos que amplifican la carga tóxica del aire.
- La geografía ya no ofrece refugio. Las columnas de humo que surgieron en los incendios catastróficos en el sur de Chile el verano pasado, en Corea del Sur o el norte canadiense, cruzaron fronteras y océanos, mientras tormentas de polvo desde Asia hasta Texas convirtieron cielos enteros en zonas de riesgo sanitario. Vivir lejos del foco dejó de ser una garantía.
En el centro del problema están las partículas PM2.5: invisibles, microscópicas, pero capaces de atravesar pulmones y llegar al torrente sanguíneo. Son una mezcla de hollín, humo y compuestos químicos que hoy circulan con mayor intensidad, debido a la quema de combustibles fósiles y los incendios exacerbados por el calentamiento global.
- La OMS estima que la contaminación del aire provoca al menos 4,2 millones de muertes prematuras al año, una cifra que instala el problema no solo como ambiental, sino como una de las principales crisis de salud pública del siglo XXI.
Pero hay otra capa menos visible e igual de crítica: la desigualdad en el acceso a los datos.
Mientras Estados Unidos y Canadá concentran más de la mitad de las estaciones de monitoreo incluidas en el informe, regiones como África –con cerca del 20% de la población mundial– apenas cuentan con el 1% de esa infraestructura.
América Latina y Asia Occidental enfrentan brechas similares. Sin datos, no hay diagnóstico; sin diagnóstico, las políticas se vuelven ciegas. La reciente decisión de Estados Unidos de reducir su monitoreo global desde embajadas profundiza ese vacío en un momento donde la información es, literalmente, una herramienta de supervivencia.
El informe deja una conclusión incómoda pero ineludible: la contaminación del aire no respeta fronteras, pero sí reproduce desigualdades.
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