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Rasputín y el factótum: los asesores que tensionan el Gobierno +Política

Rasputín y el factótum: los asesores que tensionan el Gobierno

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Irarrázabal no da entrevistas, no protagoniza polémicas públicas, pero concentra algo peor: molestia interna. Mucha. Fue el coordinador de campaña, el hombre de la instalación, el que ayudó a armar el actual Segundo Piso. Y ahora, para varios en el oficialismo, se convirtió en un cuello de botella.


Cristián Valenzuela y Alejandro Irarrázaval. Dos nombres, un mismo ruido de fondo en La Moneda. En la semana del “bencinazo”, cuando el Gobierno necesitaba orden, terminaron aportando lo contrario: desorden.

  • Ambos fueron claves en la campaña. Los dos tienen línea directa con José Antonio Kast. Pero gobernar no es hacer campaña, y ahí es donde el Segundo Piso empezó a crujir.

A Valenzuela, el llamado “Rasputín de Kast”, en el oficialismo le reconocen credenciales: sabe instalar marcos, tensionar debates y ganar elecciones. El problema –apuntan desde el sector– es que siguió jugando el mismo partido, pero en otra cancha. El concepto de “Estado en quiebra” –su criatura– no solo hizo ruido: detonó un incendio.

  • Economistas, el Banco Central y hasta el propio ministro de Hacienda salieron a apagarlo.

Resultado: el Gobierno perdió la agenda justo cuando más la requería. La suspensión del Mepco necesitaba una chispa para explotar. Y Valenzuela se la dio.

En privado, el diagnóstico es brutal: “Se lo comió el personaje”.

  • Porque Valenzuela funciona –dicen– cuando hay guerra. Y la guerra era la campaña. Pero ahora toca gobernar. Y en tiempos de paz, ese mismo estilo empieza a ser un problema. Sigue empujando frases de alto impacto, pero con costo político en tiempo real.

Mientras tanto, Irarrázaval hace lo mismo… pero puertas adentro.

No da entrevistas, no protagoniza polémicas públicas, pero concentra algo peor: molestia interna. Mucha. Fue el coordinador de campaña, el hombre de la instalación, el que ayudó a armar el actual Segundo Piso. Y ahora, para varios en el oficialismo, se convirtió en un cuello de botella.

  • Las críticas son más filosas que con Valenzuela, solo que menos visibles. Despectivamente las fuentes de derecha señalan a +Política que “el único logro de Irarrázaval es haber sido tesorero de la UDI, cargo simbólico que se lo dan a cualquiera”. Y ahora verlo de factótum causa indignación, apuntan.

Pero no hay resentimiento en la crítica, porque en el fondo lo acusan de poca muñeca política, de no entender la “realpolitik” y de tener dificultades en el trato. No le perdonan que trate a los partidos del oficialismo (la UDI, RN y Republicanos) como “los hermanos pobres”. Traducción política: no articula, no escucha, no integra.

  • El ruido ya cruzó transversalmente los partidos. Hablan de ninguneo, de decisiones sin consulta, de un diseño de poder que no conversa con nadie. Y la comparación –inevitable– ya circula en pasillos: el malestar que se está generando alrededor de Irarrázaval es muy parecido al que desencadenó Larroulet en el periodo más crítico de Piñera II.

Con un detalle incómodo: Irarrázaval lleva apenas 10 días.

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