Opinión
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Semana de Concienciación sobre el Azúcar: lo que realmente estamos bebiendo
Basta entrar a cualquier almacén para ver la escena: un niño que, al elegir una bebida, va directo a la botella colorida, esa que promete energía, diversión o “sabor único”. No lo piensa dos veces. Lo inquietante es que, muchas veces, los adultos hacemos exactamente lo mismo. Hemos atribuido a las bebidas azucaradas, por ser un líquido, la propiedad errónea de saciar la sed.
Nuestro país es uno de los que más consume bebidas azucaradas en el mundo, triplicando el promedio global. Un estudio publicado en Circulation estimó que 459 muertes al año en Chile están directamente relacionadas con estas bebidas, un número que no deberíamos pasar por alto. La evidencia es clara: el exceso de azúcar no solo altera el metabolismo, también aumenta la inflamación, altera la regulación hormonal y contribuye a enfermedades crónicas que erosionan la salud física y emocional.
La situación en la infancia es aún más preocupante. Investigaciones del CIAPEC–INTA de la Universidad de Chile, revelan que el 76% de los niños de tres años consume edulcorantes a diario, sin que ello signifique reducir el azúcar: lo consumen en paralelo. Esa exposición tan temprana crea un paladar acostumbrado al dulzor extremo, lo que dificulta que el agua vuelva a ocupar su rol natural como protagonista de la hidratación. A eso se suma que, según estudios liderados por la Universidad del Bío-Bío y el INTA, solo el 20% de los niños chilenos toma la cantidad de agua recomendada, mientras 9 de cada 10 consume bebidas azucaradas todos los días. Una ecuación que simplemente no es sostenible para su salud.
Pero también hay evidencia que muestra hacia dónde deberíamos movernos. Diversos estudios basados en la Encuesta Nacional de Salud revelan que quienes cumplen con la recomendación de beber al menos seis vasos de agua diarios reportan mayor sensación de bienestar, mejor estado de salud y más energía. La hidratación adecuada reduce la fatiga, regula la temperatura corporal, mantiene la función cognitiva y ayuda a modular el cortisol, la hormona del estrés. En otras palabras: beber agua mejora la vida.
La industria, desde hace décadas, ha aprendido a hablarle a los niños antes que a los adultos: colores intensos, envases pequeños, personajes animados, slogans que asocian estas bebidas con deporte, energía o felicidad. Sin embargo, algo está empezando a cambiar.
Afortunadamente, como parte de la industria hemos comenzado a asumir un rol más responsable, impulsando alternativas que promueven un consumo de agua más accesible, simple y sostenible. Desde sistemas de hidratación sin plástico hasta tecnologías que facilitan tener agua purificada de calidad en casa u oficina, este trabajo de innovación constante no solo busca responder a una demanda del mercado, sino que también abre la puerta a un cambio cultural más profundo. Porque fomentar el consumo de agua es el primer paso para desplazar el hábito instalado de beber azúcar. Y ese es un movimiento que, si se sostiene en el tiempo, tiene capacidad real de transformar conductas y promover el bienestar.
A la par, las nuevas generaciones están reescribiendo la relación con la hidratación. Cada vez consumen más agua, no solo por salud, sino por conciencia ambiental; prefieren reemplazar bidones por fuentes más amigables con el entorno, elegir botellas reutilizables, cuestionan el plástico, y buscan opciones más simples y menos procesadas de acceder al agua de manera permanente. En ellos, el agua no es la alternativa: es la norma. Y esa es una lección poderosa.
En esta Semana de Concienciación sobre el Azúcar, el mensaje debe ser claro: Hidratarse es un acto de autocuidado, de salud profunda y de bienestar real. Cuando elegimos beber agua no solo cuidamos nuestro cuerpo: también recuperamos un hábito que puede mejorar, silenciosamente, toda nuestra vida.
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