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Hito gastronómico en la Patagonia: Así fue la primera cena por el Estrecho de Magallanes Gastronomía

Hito gastronómico en la Patagonia: Así fue la primera cena por el Estrecho de Magallanes

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Una travesía culinaria y exploratoria donde los productos locales y la alta cocina se unieron en las aguas del extremo sur de Chile, en uno de los pasos marítimos más significativos del planeta, en una conexión entre mar, sabor, historia y cultura.


Antes de la apertura del Canal de Panamá (1914), el Estrecho de Magallanes fue durante siglos la principal vía segura para conectar los océanos Atlántico y Pacífico. Y aunque sus vientos pueden ser intensos, es más navegable y menos peligroso que el Paso Drake o Cabo de Hornos, zonas famosas por sus tormentas extremas.

El Estrecho, entonces, es símbolo del extremo sur, de la vida frente al viento, del espíritu de frontera y de la conexión entre mar, historia y cultura. Y ahora, también de sabor. El viernes 21 de noviembre fue escenario de un encuentro inédito para la gastronomía chilena, con un menú de ocho tiempos servido en plena navegación.

El catamarán Magallanes 500 acogió a 50 comensales en una noche histórica que nació al preguntarse ¿Qué pasaría si combinamos la cocina patagónica con una navegación por las aguas que cambiaron el rumbo de la historia hace más de 500 años?

La llamada “Primera Cena en el Estrecho”, impulsada por el restaurante AIMA de Punta Arenas y la agencia Solo Expediciones, comenzó poco antes del atardecer, con la embarcación avanzando por la misma ruta que alguna vez siguieron pueblos originarios y navegantes europeos.  Por primera vez, el Estrecho de Magallanes —una de las rutas marítimas más emblemáticas del planeta— se transformaba también en escenario vivo para una cena de alto nivel en movimiento.

Una expedición gastronómica al fin del mundo

En la cocina, el equipo encabezado por el chef Fabrizio Aciares, montó los platos concebidos como un diálogo directo del entorno con productos de temporada. La centolla fresca, el guanaco, la liebre, las algas y el icónico Bagualito —un bocado que mezcla mar y tierra servido sobre una copa— se convirtieron en protagonistas de una secuencia culinaria con técnica y sabor.

“Este no es solo un momento gastronómico, sino un tributo a un cuerpo de agua simbólico, uno de los más importantes del planeta. Queríamos transformar esa historia en una experiencia sensorial en movimiento”, detalló Martín Perdomo, socio de AIMA.

“Ver a nuestro equipo cocinando sobre el Estrecho fue un sueño hecho realidad. La experiencia refleja el ADN de conexión del restaurante”, señaló .

Para Solo Expediciones, pioneros en navegación austral desde hace más de 25 años, esta primera cena fue “el cruce entre aventura y gastronomía que representa nuestro espíritu”, explica Alejandro Solo de Zaldívar, fundador de la empresa. “Mostrar el Estrecho mientras se disfruta de la cocina es revelar la Patagonia desde un lugar íntimo y memorable”.

El recorrido ofreció postales únicas: formaciones rocosas que se encendían con los últimos rayos del día, el Fuerte Bulnes iluminado en la distancia como un faro histórico, parques y reservas naturales y un atardecer en el mar.

Un menú inspirado en el territorio

Para comenzar, un cocktail de bienvenida inspirado en los vientos patagónicos: Gin Goodwinds, infusión de romero regional, sirup de limón, St Germain, aceite de Paramela, top de espumoso Dogma Brut. Un resultado que evocó la frescura del sur.

La degustación, cuidadosamente maridada con vinos chilenos de distintos valles y mocktails diseñados para cada tiempo, fue concebida como una búsqueda de dar a conocer la identidad austral y chilena. Los pasos del menú fueron :

  • Bagualitos de ostras. Una con kiwi fermentado y aceite de apio silvestre, otra con puré y aceite de tomate: una apertura fresca y mineral, evocando la costa magallánica.
  • Tartaleta de liebre con zanahoria y demi-glace: un equilibrio entre dulzor terroso y caza.
  • Centolla fresca con ricotta de hierbas, limón y puerro frito: un homenaje al mar austral.
  • Pastrami de guanaco con barbecue de frambuesa: fuego y estepa reinterpretados.
  • Langosta de Juan Fernández en batayaki de pulmay y algas: relectura marina de un clásico chilote.
  • Lomo de res con hongo asado y chaura encurtida: el bosque patagónico convertido en plato.
  • RuiBarbo fermentado con queso de oveja y aceite de pino: un limpiabocas que traduce el paisaje en clave fresca y dulce.
  • Bizcocho de frutos rojos, ganache de chocolate, calafate y paramela: un postre selló la noche con aromas australes profundos.

La experiencia también se inserta en un momento clave para la cocina de Magallanes, donde diversos cocineros están consolidando un relato culinario propio, en una Patagonia que se cocina mirando el futuro sin olvidar su historia. Cocinar sobre el Estrecho se transformó así en un homenaje al territorio y a su memoria.

Una demostración de que Magallanes puede ser al mismo tiempo territorio, despensa, escenario y relato, en una travesía que abrió la puerta a futuras experiencias donde gastronomía y exploración se unen para lograr momentos inolvidables.

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