Coctelería
Día Mundial del Bartender: cómo la mixología se convirtió en arte
Cada 24 de febrero el mundo alza sus copas para celebrar el Día Mundial del Bartender, una fecha que rinde tributo a quienes combinan técnica, hospitalidad y creatividad en bares y restaurantes.
En las últimas dos décadas, la coctelería ha dejado de ser un complemento de la gastronomía para transformarse en una disciplina con identidad propia. Lo que antes se entendía como “preparar tragos” hoy es un oficio que cruza técnica, investigación, relato y experiencia sensorial. En ciudades como Nueva York, Londres, Ciudad de México o Lima, las barras se han convertido en verdaderos laboratorios creativos; y Chile no ha quedado al margen de esa evolución.
La profesionalización del rubro ha sido sostenida: formación especializada, competencias internacionales, códigos éticos y estándares técnicos impulsados por la International Bartenders Association (IBA) han contribuido a consolidar un lenguaje común.
De hecho, cada 24 de febrero se celebra el Día Mundial del Bartender en conmemoración a la fundación, en 1951, de la IBA. En Chile, además, existe una segunda fecha: el 11 de octubre, día en que la Asociación Central de Bartenders de Chile (Acebach) se incorporó oficialmente a la IBA, consolidando la profesionalización local del rubro.
En un contexto donde los encuentros sociales se adelantan —con auge del after office— ya no se trata solo de mezclar alcohol, sino de traducir territorio, historia y emociones en una copa. Además, se adapta a nuevas preferencias como las bebidas de menor graduación y mocktails.
Cuatro cócteles para recorrer Chile desde la copa
La coctelería contemporánea también dialoga con el territorio. En la barra de Akún Lounge Bistro, del Santiago Marriott Hotel, se proponen relatos líquidos inspirados en paisajes y mitos locales:

Refugio de Brujos. Créditos: Cedida
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Refugio de Brujos: gin infusionado con manzana verde y apio, vermouth y tónica rosé, inspirado en Chiloé.
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La Maldición del Drake: whisky con huesillo, chancaca, espumante y especias ahumadas, en homenaje al extremo sur.
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Último Vuelo: pisco con frutos rojos, maracuyá y toque de Cabernet Sauvignon, evocando al cóndor andino.
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Hotu Matu’a: ron añejo con licor de avellana, crema de coco y maracuyá, guiño a Rapa Nui.
La tendencia global apunta a menor graduación alcohólica y mayor complejidad sensorial, con técnicas como infusiones, maceraciones y clarificaciones que privilegian experiencia por sobre potencia.
Bellavista como polo de la coctelería
En el polo gastronómico de Bellavista —con epicentro en Terrazas San Cristóbal— tres bartenders coinciden en que la técnica es la base de cualquier creación.
En Siete Negronis, Ivonne Gómez aplica su formación en bioquímica a la precisión milimétrica de cada preparación. Balance, estandarización y lectura del cliente son parte esencial del proceso. Su maridaje favorito —Manzana & Citronella con tártaro de salmón— destaca por su frescor y acidez armónica.

Negroni. Créditos: Cedida
En Ozaki, el restaurante nikkei del chef José Ozaki, Guillermo Navas entiende la barra como una extensión de la cocina. Su propuesta de Cevimaki con el cóctel Bajiru (gin, piña, albahaca y albúmina) demuestra cómo textura y técnica —como el doble colado— pueden potenciar la experiencia. “No vendemos solo comida: vendemos experiencia”, afirma.
En Güeros, Jhoan Torrealba enfrenta el desafío del picante mexicano. Recomienda vinos con mayor dulzor o espumantes para equilibrar platos intensos y propone Noche de Calaca —tequila, rocoto, mango y espumante— como aliado ideal de tacos y sabores vibrantes.
Antes de la barra, el huerto
La sustentabilidad también redefine el oficio. En iniciativas como Estación Encantada, desarrollada en el séptimo piso del Courtyard by Marriott Santiago, más de 30 variedades de hierbas y vegetales cultivados en altura dialogan directamente con la barra.
Aquí, el proceso comienza antes del primer trago: en la selección del ingrediente, en el respeto por sus ciclos y en el uso íntegro de cada producto. Cócteles como Clorofila (gin macerado en piña, té verde y cedrón), Rocío (limoncello infusionado con especias y flor de sauco) o Aura (bourbon con licor de banana y anís) expresan esa mirada más aromática y consciente.

Aura. Créditos: Cedida
Cómo hacer cócteles en casa como un profesional
La celebración también puede trasladarse al hogar. Pablo Prufer, mixólogo y Brand Ambassador de Jack Daniel’s, comparte cuatro consejos prácticos para elevar la experiencia doméstica:
1. Usa ingredientes frescos y de calidad.
Frutas de temporada, hierbas aromáticas y jugos naturales marcan la diferencia. Evitar siropes industriales mejora notablemente el resultado.
2. No subestimes el hielo.
Cubos grandes y transparentes se derriten más lento y diluyen menos. Un paso más allá: hielo infusionado con frutas o hierbas.
3. Agitar, mezclar y colar correctamente.
Dominar estos pasos básicos asegura equilibrio. Partir con clásicos como mojito o margarita permite entender proporciones antes de innovar.
4. Agrega un toque personal.
Una rodaja de fruta deshidratada, un borde de sal especiada o una decoración creativa transforman un simple trago en experiencia.

Apple Breeze. Créditos: Cedida
Un oficio que interpreta su tiempo
Hoy, el bartender no solo domina recetas clásicas; estudia destilados, comprende procesos de maceración, clarificación y fermentación, investiga productos de origen y dialoga con cocinas de autor. La barra se ha vuelto un espacio de experimentación donde se cruzan técnicas de la gastronomía, la química y hasta la botánica. Y al mismo tiempo, el consumidor también ha evolucionado, con exigencias de calidad, narrativa, identidad y experiencias memorables.
En este escenario más audaz, algunas mezclas logran algo excepcional: trascender su tiempo y convertirse en clásicos. Así ocurrió con preparaciones que nacieron en contextos específicos —un hotel, un puerto, una ciudad— y que, gracias a su equilibrio perfecto entre dulzor, acidez, amargor o textura, cruzaron fronteras y generaciones. Una fórmula que resiste modas, que se adapta sin perder esencia y que logra conectar emocionalmente con quien la bebe.
Ese delicado equilibrio entre innovación y tradición es el que se celebra cada 24 de febrero, en el Día Mundial del Bartender. Porque detrás de cada cóctel —sea una reinterpretación contemporánea o una receta centenaria— hay técnica, intuición y una búsqueda constante por transformar una simple mezcla en una experiencia que perdure en la memoria.