Gastronomía
Riesling: la cepa blanca que seduce a los paladares curiosos
Cada 13 de marzo se celebra el Día Internacional del Riesling, una variedad aromática, longeva y sorprendentemente gastronómica que gana cada vez más espacio en el mundo —y también en Chile.
En el universo del vino existen cepas famosas por su volumen de producción y otras que destacan por su carácter. El Riesling pertenece claramente a este segundo grupo. Considerada una de las variedades blancas más nobles del mundo, esta uva se distingue por su intensidad aromática, su vibrante acidez y una notable capacidad para reflejar el lugar donde se cultiva.
Su historia se remonta a la región del Rin, en Alemania, donde se encuentra su origen y su mayor tradición vitivinícola. La primera referencia escrita a esta variedad aparece en un documento fechado el 13 de marzo de 1435, razón por la cual esa fecha fue adoptada internacionalmente como el Día del Riesling.
Desde entonces, esta cepa ha construido una reputación basada en su diversidad de estilos y su extraordinaria capacidad de evolución en botella.
Una variedad con siglos de historia
El desarrollo del Riesling está profundamente ligado a la tradición vitivinícola alemana. Uno de los hitos más relevantes ocurrió en 1720, cuando la propiedad Schloss Johannisberg, en el Rheingau, decidió dedicar todos sus viñedos exclusivamente a esta variedad, convirtiéndose en el primer viñedo monovarietal de Riesling del mundo.
Durante los siglos XVII y XVIII, figuras políticas y eclesiásticas promovieron activamente su cultivo, ordenando reemplazar otras variedades por Riesling en distintos territorios. Esta decisión consolidó su presencia en Alemania y sentó las bases de su prestigio internacional.
Un momento clave en su reconocimiento global llegó con la excepcional cosecha de 1811 en el Rheingau, considerada una de las mejores de la historia europea, que ayudó a posicionar al Riesling entre las grandes cepas del mundo.
Genéticamente, además, la variedad está vinculada a la antigua Gouais Blanc, con la que mantiene una relación de parentesco.
Un vino que expresa el territorio
A diferencia de otras cepas más neutras, el Riesling es conocido por su capacidad de reflejar con gran claridad el terroir. El suelo, el clima y la maduración influyen directamente en su perfil aromático y en su estilo.
En general, los vinos de esta variedad presentan un color amarillo pálido con reflejos verdosos y una nariz intensamente expresiva, donde suelen aparecer notas de:
- durazno o melocotón
- manzana verde
- cítricos como limón o pomelo
- flores blancas
En zonas de suelos minerales, especialmente aquellos con presencia de pizarra, pueden surgir notas que recuerdan al pedernal o a la piedra húmeda. Con el paso del tiempo, algunos Riesling desarrollan el característico aroma petrolero, uno de los rasgos más distintivos de los ejemplares de mayor evolución.
A nivel mundial existen más de 60 clones de Riesling, lo que contribuye a la diversidad de estilos que puede ofrecer.
Una cepa muy apreciada
Aunque su prestigio es alto, el Riesling sigue siendo relativamente escaso en el panorama global. Se cultiva en cerca de 50.000 hectáreas en el mundo, repartidas en más de 25 países, lo que representa alrededor del 1% de la producción mundial de vino.
Alemania sigue siendo su principal referente, con regiones emblemáticas como Mosel, Rheingau y Pfalz. Sin embargo, otras zonas han demostrado un gran potencial para esta variedad, como Alsacia, en Francia, donde el Riesling es una de las cuatro cepas nobles autorizadas para los Grand Cru de la región.
Uno de los grandes atributos del Riesling es su versatilidad. Dependiendo de la vinificación, puede producir vinos secos, semisecos, dulces o incluso espumosos, lo que amplía enormemente sus posibilidades gastronómicas.
Los estilos secos suelen acompañar muy bien mariscos, pescados, ceviches o frituras. Las versiones con algo de azúcar residual funcionan especialmente bien con cocina asiática o platos especiados, mientras que los Riesling más dulces pueden armonizar con postres de frutas tropicales o preparaciones agridulces.
Esta combinación entre frescura, acidez y complejidad aromática lo convierte en uno de los vinos blancos más versátiles en la mesa.
Riesling en Chile: una cepa que busca su espacio
En Chile, el Riesling llegó en 1885, cuando fue importado desde Alemania. Hoy su cultivo se concentra principalmente en zonas de clima más fresco, donde la variedad puede madurar lentamente y preservar su acidez natural.
Valles como Biobío, Casablanca, San Antonio o algunas zonas del sur del país han demostrado ser particularmente adecuados para su desarrollo.
Uno de los ejemplos destacados es el Single Vineyard Riesling de Viña Cono Sur, elaborado a partir de parras plantadas en 1986 en Mulchén, en el Valle del Biobío. Proveniente de un viñedo específico y con certificación orgánica en las últimas cosechas, este vino refleja el carácter de una zona de clima fresco que favorece la intensidad aromática y la frescura.
Otro referente es el Casa Marín Riesling Miramar, proveniente del valle de San Antonio, que ha sido reconocido con 94 puntos en el Wines of Chile Report, elaborado por los Masters of Wine Susie Barrie y Peter Richards.
Riesling chilenos para descubrir
Aunque todavía es una cepa minoritaria en el país, cada vez más productores están apostando por ella. Entre los Riesling chilenos que destacan actualmente se encuentran:
- Casa Marín Cartagena Riesling – Valle de San Antonio
- Corralillo Riesling de Viña Matetic – Valle de Casablanca
- Riesling Casas del Bosque – Valle de Casablanca
- Casa Silva Riesling Lago Ranco – sur de Chile
También existen proyectos de menor escala, como Casas de Bucalemu, FUY, Sierras de Bellavista, Cancha Alegre y Trapi del Bueno, que exploran nuevas interpretaciones de esta variedad en distintos territorios del país.
Incluso aparece en ensamblajes contemporáneos, como Finis Terrae White Blend 2023, reconocido como Mejor Blend Blanco en Descorchados 2026, que combina Chardonnay, Riesling y Viognier.
Una cepa que invita a explorar
Aromático, elegante y sorprendentemente gastronómico, el Riesling ha construido una reputación que lo sitúa entre las variedades blancas más fascinantes del mundo.
En Chile, su producción aún es limitada, pero el interés por esta cepa crece de la mano de nuevas generaciones de enólogos y consumidores que buscan vinos frescos, expresivos y con identidad territorial.
Una invitación perfecta para aprovechar cada 13 de marzo, levantar la copa y descubrir por qué el Riesling sigue conquistando paladares más de cinco siglos después de su primera aparición en la historia del vino.