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Turismo, conservación de las aguas y desarrollo local: lecciones desde Futaleufú Opinión

Turismo, conservación de las aguas y desarrollo local: lecciones desde Futaleufú

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Durante la última década, Chile ha consolidado su posicionamiento internacional como destino de naturaleza. Reconocimientos recientes en instancias como los World Travel Awards Sudamérica 2025 y el sostenido aumento del turismo receptivo tras la pandemia, confirman que el principal motivo para visitar el país es el contacto con paisajes naturales, ecosistemas bien conservados y experiencias al aire libre. Este posicionamiento se expresa en impactos económicos concretos, con aportes crecientes al PIB nacional y un rol clave en la dinamización de economías locales, especialmente en territorios rurales y patagónicos.

Este proceso, sin embargo, plantea un dilema de fondo. El turismo basado en la naturaleza depende directamente de la integridad de los ecosistemas que lo sustentan, pero su crecimiento puede generar presiones significativas sobre ellos si es que carece de planificación y normativas, como pueden ser las ordenanzas municipales. La pregunta, entonces, es qué tipo de turismo se está promoviendo; cuáles son las instancias de articulación público-privada para definir medidas de fomento del turismo, pero también de protección del patrimonio natural, sobre todo en territorios donde los ríos y ecosistemas de agua dulce constituyen la base económica, cultural y ecológica del desarrollo local.

Este dilema se expresa con especial claridad en la Patagonia chilena y, de manera emblemática, en la comuna de Futaleufú. Allí, el río que da nombre al territorio y sus afluentes no son solo un atractivo paisajístico, sino también el eje estructurante de la economía local. El turismo de aventura asociado a los ríos -en particular el rafting- ha permitido articular empleo, ingresos y encadenamientos productivos en una comuna aislada, con escasas alternativas económicas. En este contexto, la conservación del río no es un valor abstracto, sino que es una condición material para la subsistencia del territorio.

Un estudio técnico elaborado por el Programa Austral Patagonia de la Universidad Austral de Chile, estimó que el consumo turístico total asociado al río Futaleufú alcanza aproximadamente 6.400 millones de pesos anuales, generando un valor agregado superior a 5.000 millones de pesos y cerca de 290 empleos equivalentes a jornada completa. Estas cifras posicionan al turismo fluvial como uno de los principales generadores de empleo privado del territorio.

El análisis sectorial muestra que el rafting concentra cerca de un tercio del consumo turístico y más de una cuarta parte del empleo generado, seguido por los sectores de alojamiento y gastronomía, que articulan redes de proveedores locales. Al mismo tiempo, actividades como la pesca recreativa y el senderismo presentan potencial de diversificación, especialmente si se fortalecen los procesos de formalización y de vinculación territorial. No obstante, el estudio también evidencia desafíos estructurales, como la concentración de actores en actividades de mayor rentabilidad, la limitada participación de operadores locales (lo que restringe el impacto distributivo del turismo), y la estacionalidad de la oferta turística.

La experiencia de Futaleufú deja una lección central: el territorio no tiene “turismo en el río”; tiene turismo gracias al río. Cuando la base productiva depende directamente de la salud ecológica del ecosistema, la degradación ambiental se traduce inevitablemente en deterioro económico. Casos como El Chaltén, en la Patagonia argentina, muestran cómo el crecimiento acelerado del turismo de naturaleza sin planificación territorial adecuada puede derivar en conflictos socioambientales que amenazan la sustentabilidad del propio destino turístico.

Lo que ocurre en Futaleufú no es una excepción. Tensiones similares se observan en múltiples cuencas del país donde el turismo de naturaleza crece más rápido que la capacidad institucional para gestionarlo; la contaminación en el lago Villarrica o la reciente masificación del uso de motos de agua en ríos (como el Maipo, Región Metropolitana, o el mismo Futaleufú), son ejemplos de ello. En este contexto, la gobernanza a escala de cuenca, es decir, la coordinación de decisiones que consideran el río completo, incluidos sus sus afluentes, resulta clave para compatibilizar el desarrollo y conservación. La reciente declaración de reserva de caudal con fines de preservación ecosistémica para el río Futaleufú, constituye un avance relevante en esta dirección, que debe ser complementada con otras herramientas de planificación y gestión.

Futaleufú demuestra que conservación y desarrollo económico no son objetivos contrapuestos, sino complementarios y sinérgicos. Ello, sin embargo, requiere fortalecer los recursos destinados a la conservación formal en la comuna porque, a modo de ejemplo, durante el año 2025 la Reserva Nacional Futaleufú contó con un presupuesto operativo de apenas 1,7 millones de pesos anual.

La evidencia es clara. Invertir en conservación, planificación y gobernanza no es un gasto, sino una inversión en la estabilidad económica, social, cultural y ambiental de los territorios. La Unión Internacional para la Conservación para la Naturaleza (UICN) en su estudio The Economic Case for Protected Areas, estimó que los sistemas de áreas protegidas bien gestionados generan retornos económicos de 5 a 10 USD por cada USD invertido, a través del turismo, empleo, disponibilidad de agua dulce y reducción de riesgos. Futaleufú ya demostró que un río vivo puede sostener empleo, identidad y desarrollo local. La pregunta es si el Estado está dispuesto a reconocer ese valor en sus decisiones de planificación, financiamiento y regulación. Porque cuando el río es la base productiva de un territorio, protegerlo no es una opción ideológica: es una decisión estratégica sobre su futuro.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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