Una salud entrelazada
¡Buenas tardes, estimados lectores y lectoras de Universo Paralelo!
Por estos días Groenlandia se pone de moda, dadas las pretensiones del presidente Trump de hacerse de ella. Si bien es la isla más grande del mundo, su dimensión aparente siempre resulta exagerada en los mapas, evidenciando cómo la redondez de nuestro planeta obliga a deformar cualquier proyección que tracemos en una hoja plana. Australia, por ejemplo, es más de tres veces más grande, cosa que en los mapas no resulta evidente.
Pero en esta oportunidad quisiera subrayar otro récord groenlandés. El vertebrado más longevo del planeta puebla sus aguas: el tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus). Estos tiburones viven entre 250 y 500 años. Esto significa que algunos ejemplares que ahora nadan despreocupados en la gélidas aguas árticas, disfrutaban de su juventud cuando Nicolás Copérnico recién proponía su modelo heliocéntrico.
¿Cómo pueden estos gigantes mantener una buena salud con el paso de los siglos? Es una pregunta que aún no tiene respuesta definitiva. Un estudio reciente analizó el corazón de estos tiburones.
- Los científicos encontraron señales inequívocas de envejecimiento: tejido fibroso, depósitos de lipofuscina –pigmento del desgaste celular– y marcadores de estrés oxidativo.
Sin embargo, pese a todos esos signos moleculares de vejez, los tiburones estaban sanos y funcionales. Su corazón no estaba resistiendo el envejecimiento: había aprendido a convivir con él. Los investigadores lo llaman resiliencia: la capacidad de mantener la función pese al daño acumulado. Una lección biológica que nos dice que la salud no siempre significa ausencia de deterioro, sino que equilibrio frente a él.
El futuro del tiburón de Groenlandia es frágil. Vive en un océano que, debido al cambio climático, cambia más rápido de lo que su lento corazón puede adaptarse. La pesca incidental, el calentamiento del Ártico y la acumulación de contaminantes en las profundidades ponen a prueba su resiliencia. Su ritmo vital –tan pausado que alcanza la madurez sexual después de un siglo y medio– contrasta con la velocidad de nuestras transformaciones ambientales.
Lo que ocurre en esas aguas polares no es ajeno a nosotros: el deterioro del océano repercute en la atmósfera, en las cadenas alimentarias, en la seguridad sanitaria y, en última instancia, en la salud humana. Comprenderlo es abrazar la idea de que todas las vidas en este planeta laten dentro de un mismo sistema y que proteger a una especie, incluso una que habita a dos mil metros de profundidad, es una forma de protegernos a nosotros mismos.
En este número de Universo Paralelo trataremos precisamente esta forma de ver el cuidado de la vida en el planeta y que la sintetiza el concepto de Una sola salud (del inglés One Health). Invitamos para esto a Ximena Martínez, médica veterinaria y doctora en Docencia; Daniela Siel, médica veterinaria, PhD en Ciencias Veterinarias, directora de la Escuela de Medicina Veterinaria e investigadora del Centro de Biomedicina, Universidad Mayor. Además es presidenta de la Asociación de Escuelas y Facultades de Ciencias Veterinarias de Chile (AFEVET).
Junto a ellos, nuestros conocidos de la casa: Camilo Sánchez, geólogo y académico de la Escuela de Geología de la Universidad Mayor; Ignacio Retamal, doctor en Ciencias; y la periodista Francisca Munita.
Gracias por acompañarnos en esta edición de Universo Paralelo, donde abordamos la ciencia desde una mirada integrada de la salud humana, animal y ambiental. A través de distintas investigaciones y enfoques, este número muestra que la salud no es un fenómeno aislado, sino el resultado de sistemas interconectados, decisiones colectivas y contextos que importan.
Comenta y comparte este link. Y si este número te llegó gracias a alguien que entiende que la salud también se piensa desde el territorio, la ciencia y el bienestar común, inscríbete aquí y sigamos explorando cómo se construye conocimiento para enfrentar desafíos compartidos.
UNA SOLA SALUD, UN SOLO BIENESTAR: POR QUÉ NO SE ENTIENDE LO HUMANO SIN LOS ANIMALES

Crédito: Foto por John Joyner / NC State College of Veterinary Medicine.
Durante buena parte de la historia reciente, la salud se ha pensado como algo estrictamente individual: un asunto alojado en el cuerpo humano, separado del resto de los seres vivos. Sin embargo, esa mirada es más bien una rareza histórica. Las evidencias arqueológicas y antropológicas muestran que, durante milenios, las sociedades humanas entendieron la vida, la supervivencia y el bienestar como fenómenos profundamente relacionales, donde humanos, animales y entorno formaban una misma trama.
- Restos arqueológicos del Neolítico temprano, en sitios como Çatalhöyük, en la actual Turquía, revelan una convivencia estrecha entre humanos y animales que no se limitaba a lo productivo. Murales, figurillas y enterramientos compartidos sugieren vínculos simbólicos y afectivos, más que una relación puramente instrumental (Hodder, 2006). Esta cercanía no fue excepcional: estudios zooarqueológicos muestran que muchas comunidades enterraban animales junto a humanos, especialmente perros, lo que sugiere funciones sociales y lazos emocionales que iban más allá del uso práctico (Morey, 2010).
Esa separación se profundiza con la modernidad industrial y el pensamiento cartesiano, que instala una visión mecanicista del cuerpo y del mundo vivo. El bienestar comienza a entenderse como algo medible, individual y aislable, mientras los animales y el entorno pasan a un segundo plano. Esta fragmentación no solo reorganizó la ciencia y la economía, sino también nuestra forma de enfermar.
- En el siglo XXI, la ciencia ha empezado a reencontrarse, desde otros lenguajes, con aquello que las culturas antiguas intuían. El enfoque One Health surge inicialmente para enfrentar las enfermedades zoonóticas y plantea una idea incómoda pero clara: más del 60% de las enfermedades infecciosas emergentes en humanos tienen origen animal (Jones et al., 2008). Pensar la salud humana como un sistema cerrado simplemente no resiste la evidencia.
Pero la interdependencia no se limita a virus y bacterias. La neurociencia ha demostrado que la interacción con animales activa sistemas biológicos asociados a la regulación emocional y al apego. Estudios han documentado disminuciones de cortisol, aumentos de oxitocina y mejoras en marcadores de equilibrio autonómico en personas que conviven o interactúan regularmente con animales (Odendaal & Meintjes, 2003; Beetz et al., 2012). Estas respuestas no son culturales ni anecdóticas: son biológicas. No es casual que muchas personas busquen, casi instintivamente, la compañía de un animal en momentos de estrés o soledad.
- Desde una mirada evolutiva, esta capacidad tampoco parece accidental. Durante decenas de miles de años, humanos y animales compartieron territorios, alertas, protección y trabajo. La cooperación interespecie fue probablemente una ventaja adaptativa. Establecer vínculos con otras especies pudo haber contribuido a la configuración de nuestros cerebros sociales, favoreciendo la empatía, la lectura de señales y la regulación del estrés (Hare & Woods, 2020).
Hoy, la evidencia es clara: cuando el bienestar animal se deteriora, también lo hace el bienestar humano. El maltrato hacia los animales se asocia de manera consistente con mayores niveles de violencia interpersonal y desintegración comunitaria (Ascione, 2005). En contextos de vulnerabilidad social, la imposibilidad de cuidar adecuadamente a los animales con los que se convive se relaciona con angustia, culpa y estrés crónico, afectando directamente la salud mental de las personas (Applebaum et al., 2020).
- Hablar de One Welfare implica asumir que el bienestar no es un atributo individual, sino una propiedad emergente de sistemas de relación. No puede sostenerse el bienestar humano en entornos donde otras formas de vida son sistemáticamente dañadas, porque el deterioro del bienestar animal y ambiental se asocia a impactos directos en la salud mental, la cohesión social y la resiliencia comunitaria (García Pinillos et al., 2023; WOAH, 2024).
Tal vez el verdadero problema no sea la falta de evidencia científica, sino nuestra persistente resistencia cultural a abandonar una visión fragmentada del bienestar que contradice tanto la historia como la biología. Si durante milenios entendimos la vida como una red de relaciones entre humanos, animales y entornos, ¿qué nos llevó a olvidar esa intuición y qué costo seguimos pagando hoy por insistir en pensar el bienestar como un fenómeno aislado?
ONE HEALTH Y EL FACTOR OLVIDADO: LA SALUD TAMBIÉN SE DEFINE EN LO SOCIAL

Crédito: MIT Technology Review.
En los últimos años, One Health se ha vuelto un concepto cada vez más citado. Aparece con frecuencia en informes internacionales y documentos técnicos, aunque todavía con escasa presencia en el debate público. Generalmente se lo define como la interconexión entre la salud humana, animal y ambiental. La definición es correcta, pero hoy resulta incompleta.
- Vivimos un momento marcado por crisis simultáneas a nivel mundial: sanitarias, climáticas, ecológicas, sociales y políticas. En este escenario, se vuelve evidente que la salud no se juega solo en los individuos (humanos y animales) ni en los ecosistemas, sino también en las condiciones sociales, económicas y culturales que los rodean y los moldean. En los territorios. En la vida cotidiana. En decisiones que no siempre están al alcance de todos.
La definición promovida por la Organización Mundial de la Salud, junto a la FAO, la Organización Mundial de Sanidad Animal y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, plantea este enfoque como una estrategia integrada para optimizar de manera sostenible la salud de personas, animales y ecosistemas. Pero ese equilibrio no ocurre por sí solo. Requiere políticas públicas coherentes, inversión sostenida en ciencia y una colaboración real entre disciplinas que históricamente han trabajado de forma fragmentada.
- La evidencia científica es clara: el cambio climático actúa como un amplificador de riesgos sanitarios. Altera ecosistemas, modifica la distribución de vectores, tensiona sistemas productivos y deteriora las condiciones de vida, afectando con mayor fuerza a comunidades vulnerables. Estos impactos no se distribuyen de manera equitativa; por el contrario, profundizan desigualdades preexistentes y debilitan la capacidad de respuesta de los sistemas de salud.
En este contexto, la próxima gran crisis sanitaria probablemente no será solo biológica. Será también socioecológica, impulsada por la expansión urbana no planificada, la degradación de ecosistemas y ciertos modelos de producción animal no sostenibles que generan condiciones propicias para la emergencia de nuevas enfermedades. No se trata únicamente de patógenos “nuevos”, sino de sistemas desequilibrados que crean las condiciones para su emergencia, adaptación y propagación.
- Un estudio reciente de Giacomini y colaboradores (2025) refuerza esta mirada. Tras revisar la literatura sobre enfermedades zoonóticas, los autores muestran que la mayoría de los estudios sigue enfocándose casi exclusivamente en variables biológicas, mientras que factores sociales, económicos y culturales permanecen subrepresentados. Prácticas productivas, pobreza, informalidad laboral y formas erróneas de relación con los animales, influyen de manera decisiva en el riesgo sanitario. Ignorar estas dimensiones conduce, inevitablemente, a soluciones parciales.
- Esta mirada integral va mucho más allá de la prevención de pandemias. Incluye desafíos urgentes como la seguridad alimentaria, la contaminación ambiental y la resistencia a los antimicrobianos, una amenaza silenciosa que compromete tratamientos básicos en medicina humana y veterinaria. El uso inadecuado de antibióticos no responde solo a falta de conocimiento, sino también a presiones económicas, brechas de acceso a diagnóstico y sistemas productivos que privilegian la urgencia por sobre la prevención.
- Por eso, invertir en ciencia con enfoque One Health es una decisión estratégica de país. No se trata solo de producir conocimiento, sino de desarrollar soluciones concretas: sistemas de vigilancia integrados que conecten información ambiental, animal y humana; herramientas diagnósticas oportunas; alternativas al uso indiscriminado de antimicrobianos; y tecnologías más sostenibles para el desarrollo de nuevas vacunas y soluciones terapéuticas.
Este enfoque sigue teniendo una presencia limitada en los medios y en la conversación pública. Y eso importa. Lo que no se comunica, no existe, no se prioriza. Instalar One Health en el debate mediático es clave para comprender que la salud no es solo un asunto clínico, sino un proyecto colectivo que involucra ciencia, territorio, equidad y futuro.
En un planeta tensionado por crisis múltiples, fortalecer esta mirada, invertir en ciencia y amplificar su presencia en el debate público no es solo deseable. Es una urgencia sanitaria, social y ética.
NOTICIAS: LA SEMANA EN CIENCIA

Crédito: Dimitrios Katevainis · Licencia: CC BY-SA 4.0
Imagen real del cometa C/2025 R3 (Pan-STARRS), uno de los candidatos a convertirse en el “Gran Cometa” de 2026.
A continuación, presentamos una selección de noticias científicas de la semana. Los temas abordan investigaciones recientes en salud, medioambiente y ciencias de la vida, con foco en evidencia, datos y contextos actuales.
- Un nuevo “atlas” del universo cambia la forma de explorarlo
La NASA presentó uno de los mapas más completos del universo jamás construidos, combinando más de 100 observaciones del cielo en distintas longitudes de onda infrarrojas. Este gigantesco mosaico permite estudiar desde la formación de galaxias tempranas hasta regiones ocultas por polvo cósmico que antes no podíamos ver. No es solo una imagen bonita: es una herramienta que astrónomos de todo el mundo usarán durante años para buscar pistas sobre cómo evolucionó el universo y cómo se distribuye la materia a gran escala.
Dato curioso: el mapa es tan detallado que, según los científicos, cada astrónomo podrá encontrar algo distinto de valor en él.
Publicado el 7 de enero de 2026. Conoce MÁS.
- Podría venir el “Gran Cometa” de 2026 (y tal vez lo veamos a simple vista)
Astrónomos detectaron un cometa que podría convertirse en uno de los más espectaculares de la década. Si su brillo evoluciona como se espera, podría ser visible a simple vista durante los próximos meses, especialmente desde el hemisferio sur. Aunque todavía hay incertidumbre –los cometas son famosos por su comportamiento impredecible–, la expectativa ya está instalada: no todos los años tenemos un visitante cósmico capaz de llamar la atención del público general.
Dato curioso: muchos de los cometas más famosos de la historia solo se volvieron espectaculares semanas antes de ser visibles, sorprendiendo incluso a los científicos.
Publicado el 12 de enero de 2026. Conoce MÁS.
- Descubren una nueva especie animal en un lago extremo
Un equipo de investigadores identificó una especie completamente nueva de animal en el Great Salt Lake, en Estados Unidos, uno de los ecosistemas más salinos del planeta. Se trata de un pequeño nematodo capaz de sobrevivir en condiciones extremas donde casi ningún otro animal puede hacerlo. Más allá de la rareza, el hallazgo es importante porque esta especie podría funcionar como indicador biológico del estado de salud de un lago amenazado por la sequía y el cambio ambiental.
Dato curioso: es solo la tercera especie animal conocida capaz de vivir exclusivamente en ese nivel de salinidad.
Publicado el 10 de enero de 2026 Conoce MÁS.
- India refuerza la vigilancia del planeta con una nueva misión espacial
La agencia espacial india (ISRO) lanzó una misión que incluye un satélite de observación terrestre de alta resolución junto a otros satélites científicos y comerciales. Estos instrumentos permitirán mejorar el monitoreo ambiental, la gestión de desastres naturales y la cooperación internacional en tecnología espacial. India se consolida así como uno de los actores clave en la observación del planeta desde el espacio, con aplicaciones directas en clima, agricultura y seguridad.
Dato curioso: el cohete utilizado, de la familia PSLV, es conocido como uno de los más confiables del mundo, con una tasa de éxito excepcional.
Publicado el 8 de enero de 2026. Conoce MÁS.
ÓRBITAS PARALELAS
Una IA aprende a detectar células sanguíneas peligrosas
Un equipo de investigadores desarrolló un sistema de inteligencia artificial capaz de analizar imágenes de muestras de sangre y detectar células anómalas que incluso especialistas humanos pueden pasar por alto. La herramienta fue entrenada con cientos de miles de imágenes y mostró una alta precisión para identificar señales tempranas asociadas a enfermedades hematológicas, como ciertos tipos de leucemia. Más allá del rendimiento, el avance es relevante porque la IA también puede indicar cuándo no está segura de un diagnóstico, funcionando como apoyo –no reemplazo– del criterio médico. Esto podría transformar exámenes de sangre rutinarios en herramientas diagnósticas mucho más potentes y accesibles.
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Una “piel viva” que avisa cuando hay inflamación
Científicos en Japón desarrollaron una piel artificial compuesta por células vivas modificadas genéticamente que emiten una señal luminosa cuando detectan procesos inflamatorios. A diferencia de sensores electrónicos, esta piel responde directamente a cambios biológicos del organismo, sin baterías ni dispositivos externos. En pruebas experimentales, el injerto mantuvo su función durante meses, lo que abre la puerta a nuevas formas de monitoreo continuo de la salud, tanto en medicina humana como veterinaria. Aunque aún está en etapa experimental, la idea de “ver” la inflamación en tiempo real ya no pertenece solo a la ciencia ficción.
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LA IMAGEN DE LA SEMANA

Crédito: Camilo Sánchez.
LAGO VILLARRICA EN VERANO
En las últimas temporadas de verano se han registrado intoxicaciones en veraneantes y trabajadores que han tenido contacto directo con las aguas del lago Villarrica, en el sur de Chile. La situación ha sido lo suficientemente grave como para que el Colegio Médico de Chile, durante 2024, realizara un llamado público a evitar el uso recreativo del lago.
- La Imagen de la Semana en Universo Paralelo retrata una postal habitual del verano en Villarrica: personas disfrutando del sol, la arena y el agua, aunque esta vez con una coloración inusual. Este cambio se explica por un fenómeno conocido como eutrofización, resultado de la sobreincorporación de nutrientes como fósforo y nitrógeno, en las aguas del lago. Estos nutrientes provienen, en gran medida, de actividades agrícolas y del vertimiento de aguas servidas de la localidad.
La combinación entre el exceso de nutrientes y las altas temperaturas estivales genera un escenario propicio para la proliferación masiva de microalgas. Este crecimiento no solo altera el color del agua, sino que también reduce drásticamente el oxígeno disuelto, afectando severamente al ecosistema acuático y provocando mortandad de fauna. En ciertos casos, además, se producen cianotoxinas, compuestos altamente peligrosos para la salud humana, especialmente para quienes utilizan el lago con fines recreativos.
- La imagen representa una situación concreta de cómo una actividad productiva o urbana termina impactando simultáneamente las condiciones de un ecosistema y la salud de las personas. Esta relación es precisamente la que busca abordar el enfoque de One Health, o Una Salud, explicado en esta edición de Universo Paralelo, que propone una comprensión integrada de la salud humana, la salud animal y el estado de los ecosistemas.
Desde esta perspectiva, organismos como el United States Geological Survey (USGS) plantean que los factores socioeconómicos y culturales deben incorporarse en el análisis de los problemas ambientales contemporáneos. Solo así es posible comprender fenómenos complejos como la transmisión de patógenos zoonóticos, por ejemplo, COVID-19 o malaria, o la exposición de personas y animales a contaminantes ambientales derivados de ecosistemas degradados.
- En Chile, este tipo de problemáticas se repite en distintos territorios. El Instituto Nacional de Derechos Humanos mantiene un mapa de conflictos socioambientales que da cuenta de esta realidad. Casos como Puchuncaví, afectado por décadas de actividad industrial en el complejo Industrial Ventanas, o el emblemático Cerro Chuño, donde pasivos mineros abandonados se transformaron en fuentes activas de contaminación, ilustran cómo la degradación ambiental y la salud pública están profundamente entrelazadas. A ello se suman fenómenos más recientes, como la redistribución de contaminantes orgánicos persistentes desde ambientes antárticos, intensificada por el cambio climático.
Las problemáticas socioambientales son múltiples y diversas. Mientras no se aborden de manera conjunta desde las ciencias naturales, las ciencias sociales, la política local y el sector productivo, las postales de eutrofización como la del lago Villarrica seguirán repitiéndose. No solo allí, sino en cualquier territorio donde un cuerpo de agua sea tratado como un receptor de contaminantes y no como un sistema vivo del cual depende, en última instancia, nuestra propia salud.
BREVES PARALELAS

Crédito: Francisca Munita.
LA EVOLUCIÓN MÁS CARIÑOSA: DEL LOBO AL PERRO
Mi animal favorito es el perro, y una de las historias más fascinantes de la biología, a mi juicio, es cómo pasó de ser lobo a convertirse en nuestro compañero cotidiano.
- Hace miles de años, algunos lobos comenzaron a acercarse a los asentamientos humanos en busca de restos de comida. Lo crucial es que no todos fueron rechazados: ciertos grupos humanos toleraron la presencia de aquellos individuos menos agresivos y más capaces de leer señales humanas. Esa tolerancia mutua abrió una puerta evolutiva inesperada. Los lobos más dóciles, atentos y socialmente flexibles tuvieron más acceso a alimento y mayores probabilidades de reproducirse. A diferencia de otros relatos evolutivos, aquí no sobrevivió el más fuerte, sino el más sociable.
Con el tiempo, esta selección por docilidad produjo cambios conocidos como el síndrome de domesticación: orejas más caídas, hocicos más cortos y rasgos faciales más suaves, que transmiten menor amenaza. También cambió la comunicación. El perro conserva el ladrido, una vocalización propia de los lobos jóvenes –no de los adultos–, que resultó especialmente eficaz para interactuar con humanos. En cierto sentido, el perro aprendió a “hablarnos”.
Los primeros perros no solo acompañaban: alertaban, vigilaban y protegían. El resultado fue una relación única en la historia evolutiva, donde humanos y perros coevolucionaron no solo a nivel social y emocional, sino también a nivel biológico, modulando mutuamente sus sistemas hormonales y su fisiología a lo largo de los años.
MENTE ANIMAL
Oxitocina, la hormona del vínculo
Interactuar con animales de compañía como perros o gatos se asocia a aumentos de oxitocina, la misma hormona implicada en el apego humano. No es solo “ternura”: mirar, acariciar o convivir con un animal activa circuitos biológicos de vínculo y confianza. La oxitocina no distingue vínculos, ni estados civiles. Un animal de compañía también puede activar la llamada “hormona del amor”.
Menos cortisol, menos drama
El contacto con animales se asocia a disminuciones de cortisol, la hormona del estrés. No soluciona la vida, pero baja el volumen fisiológico del malestar. A veces no necesitamos consejos ni suplementos milagrosos: un abrazo del regalón peludo basta.
Rutinas que regulan
Los animales aportan presencia constante, previsibilidad y rutina. Por eso se usan como apoyo en contextos terapéuticos, desde hipoterapia hasta acompañamiento emocional. En niños y personas neurodivergentes, esta presencia puede facilitar la regulación emocional y disminuir ansiedad. No es magia ni terapia universal, pero sí un apoyo real y documentado.
¿Alargan la vida?
Convivir con animales, especialmente perros, se asocia a menor riesgo cardiovascular y menor mortalidad. No porque sean una “vitamina con patas”, sino porque fomentan movimiento, reducen el aislamiento y ordenan el día. No es causalidad directa, pero a veces, el mejor “medicamento” viene con un ronroneo o un ladrido.
No somos los únicos
Los elefantes muestran conductas de duelo frente a la muerte.
Las ratas de laboratorio liberan a otras atrapadas, sin obtener recompensa. Solidaridad pura.
Los cuervos reconocen rostros humanos, aprenden por observación, resuelven problemas complejos y participan en juegos cognitivos respetando reglas.
Los pulpos resuelven problemas, manipulan objetos y parecen jugar, con un sistema nervioso repartido en los brazos.
Animales como sensores biológicos
Algunos animales detectan señales imperceptibles para nosotros. Perros han demostrado capacidad para detectar enfermedades humanas. En el tsunami de 2004 en Tailandia, los elefantes huyeron tierra adentro antes de la ola.
Errores humanos frecuentes
Perros “sonriendo”: puede ser estrés, no felicidad.
Bostezos repetidos (perros y gatos): suelen indicar ansiedad y autorregulación, no sueño.
Aullidos perrunos de bienvenida: no siempre es por alegría, ya que puede deberse también a ansiedad o frustración, por ejemplo, tras una separación, y el aullido funciona como una descarga emocional más que como expresión de bienestar.
Gatos demasiado “cariñosos”: a veces es sobreestimulación, no amor eterno. En esta situación, puede pasar rápidamente del contacto al rechazo: retirarse, morder o arañar.
RECOMENDACIÓN: CONGRESO FUTURO 2026

Crédito: Congreso Futuro.
Si leen esto hoy miércoles 14, estamos justo a la mitad del Congreso Futuro 2026. Aunque el evento comenzó el lunes, la programación que resta es contundente. Celebrando 15 años, este encuentro se ha consolidado como la plataforma de divulgación científica más relevante de la región, y lo que ocurre en el CEINA (y en regiones) merece nuestra atención.
Ante la magnitud del programa, propongo aquí una curatoría personal. Es una selección totalmente arbitraria que, inevitablemente, deja fuera a expositores de primer nivel, pero que busca servir como guía para navegar estos días.
- Hoy, miércoles 14: Fronteras de la Biomedicina. La tarde de hoy destaca por el bloque “La sorpresa del descubrimiento constante”. Recomiendo poner atención a Christopher J. L. Murray, quien analizará las amenazas globales de salud del siglo XXI, y a Steve Horvath, un referente en la medición biológica del envejecimiento. También en la tarde estará la chilena Komal Dadlani (CEO de Lab4U), reflexionando sobre el rol humano y la educación en la era de la IA.
- Jueves 15: El desafío de la Longevidad. Mañana, el foco debe estar en cómo enfrentamos el envejecimiento poblacional. El bloque “Longevidad(es)” es imperdible para entender este fenómeno desde la interdisciplina. Presentan Daniela Thumala, Christian González-Billault y Felipe Court. Es una discusión urgente para el Chile actual. Pueden leer la entrevista a Felipe en este enlace, donde discute sobre este tema y las limitaciones de financiamiento para algo central en nuestro país.
- Viernes 16: Regiones y Derechos Digitales. Es vital recordar que este evento no es solo en Santiago.
En Valdivia (UACh), Ana Sugranyes abordará temas de socioecología y vivienda a las 09:00 horas. En Aysén, Daniela Hill expondrá sobre conservación oceánica.En Santiago, por la tarde, el debate se centrará en las tensiones tecnológicas. Recomiendo el panel sobre DD.HH. e Inteligencia Artificial con Claudio Grossman y la analista política Nanjala Nyabola, quien trae una visión crítica sobre la propiedad de la tecnología. - Sábado 17: El origen. Para el cierre, la ciencia pura toma el escenario. El bloque de mediodía contará con Jack Szostak (Premio Nobel) hablando sobre el origen de la vida y el ARN, junto a Michael Garrett y la búsqueda de vida inteligente en el universo.
Coordenadas: el evento es gratuito en el Centro Cultural CEINA y sedes regionales, previa inscripción en Passline, y cuenta con transmisión por streaming. Esta columna es solo un recorte; la invitación real es a que revisen el programa completo en el sitio web y armen su propia agenda. Queda mucho por ver.
Y esto es todo en esta edición de Universo Paralelo. Ya sabes, si tienes comentarios, recomendaciones, fotos, temas que aportar, puedes escribirme a universoparalelo@elmostrador.cl. Gracias por ser parte de este Universo Paralelo.
- Mis agradecimientos al equipo editorial que me apoya en este proyecto: Fabiola Arévalo, Francisco Crespo, Francisca Munita, Ignacio Retamal, Camilo Sánchez y Sofía Vargas, y a todo el equipo de El Mostrador
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