Ciencia: cuando medir no alcanza
¡Buenas tardes, estimados lectores y lectoras de Universo Paralelo!
En medio del Congreso Futuro, que vuelve a poner a la ciencia en las primeras planas, y a poco de inaugurar un nuevo Gobierno –con las expectativas que eso despierta en todos los sectores–, el problema del financiamiento y la valoración de la ciencia vuelve a instalarse en la discusión pública. Como tantas veces, reaparece acompañado de promesas, diagnósticos y, sobre todo, de métricas.
Las métricas son necesarias. Nadie sensato propondría financiar ciencia sin evaluación ni rendición de cuentas. El problema comienza cuando las métricas dejan de ser instrumentos y pasan a convertirse en fines. Cuando medimos la ciencia solo por papers, patentes, startups o retornos económicos, no estamos describiendo su valor: lo estamos estrechando.
La ciencia es una actividad particularmente difícil de evaluar, porque sus efectos relevantes suelen aparecer tarde, lejos y por caminos imprevisibles. Además, aunque su importancia se asocie casi siempre a impactos económicos o a mejoras en el estilo de vida, su dimensión cultural suele quedar fuera del análisis. No es fácil, después de todo, precisar cuál fue el “retorno” de los Beatles para la cultura británica y, sin embargo, nadie duda de su importancia.
Las ideas que transforman una sociedad rara vez se reconocen como tales cuando nacen. De hecho, muchas de ellas habrían fracasado estrepitosamente bajo los sistemas de evaluación que hoy consideramos razonables. El exceso de métricas mal diseñadas no solo distorsiona prioridades: induce conservadurismo intelectual, castiga el riesgo y empuja a la ciencia hacia lo predecible.
A esta tensión –entre evaluación necesaria y empobrecimiento por exceso de métricas– está dedicado este número de Universo Paralelo. Para ello, contamos con la participación de Cristóbal Galbán-Malagón, doctor en Biogeoquímica e investigador del Centro de Genómica, Ecología y Medio Ambiente (GEMA) de la Universidad Mayor; Eduardo Morgado, geólogo y doctor en Ciencias de la Tierra; Sofía Vergara, doctora en Ciencias; Fabiola Arévalo, doctora en Física; Ignacio Retamal, doctor en Ciencias; y la periodista Francisca Munita.
Gracias por acompañarnos en esta edición de Universo Paralelo, donde la ciencia aparece como un proceso largo, exigente y profundamente condicionado por los incentivos, los tiempos y las decisiones públicas. Desde el clima y la salud hasta la producción de conocimiento, este número muestra que entender la ciencia también implica mirar cómo se financia, cómo se evalúa y qué preguntas logra –o no– sostener en el tiempo.
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¿ARTÍCULOS CIENTÍFICOS O MONEDA DE CURSO LEGAL?

Crédito: Imagen generada por IA.
En un asado reciente con amigos y conocidos me di cuenta de algo curioso: yo era prácticamente el único académico “de carrera” en la mesa. En algún momento, la conversación derivó hacia los papers: qué son, para qué sirven y por qué los científicos parecemos vivir pendientes de ellos. Y entonces alguien, con una lucidez propia de quien mira la academia desde afuera, dijo una frase que me quedó resonando: “Hay una inflación de papers científicos”.
En el momento asentí casi por reflejo, pero después lo pensé con calma. La metáfora es certera: cuando hay inflación, aumenta el volumen de billetes, pero no necesariamente el valor real. En ciencia, crece el número de publicaciones, pero eso no garantiza que crezca al mismo ritmo la capacidad de leerlas, evaluarlas críticamente y convertirlas en conocimiento acumulativo.
- ¿Por qué ocurre? Porque publicamos por razones legítimas y por razones instrumentales al mismo tiempo. Publicamos para comunicar resultados a nuestros pares, sí. Pero también publicamos para evaluaciones anuales, concursos de promoción, acreditaciones y postulaciones a proyectos.
- Publicamos porque sabemos que, al final del año, alguien mirará un indicador y decidirá si “vamos bien” o “vamos mal”.
- Publicamos porque quienes evalúan proyectos quieren evidencia de que somos capaces de transformar financiamiento en artículos. Y, así, la publicación deja de ser la consecuencia natural de hacer ciencia y pasa a ser un requisito permanente para poder seguir haciéndola. Un hámster en una rueda.
El problema de esa rueda es que ordena el comportamiento colectivo hacia lo contable. Lo que se premia tiende a ser cantidad, velocidad y producibilidad más que profundidad, riesgo intelectual o paciencia. No es que los científicos hayan perdido el interés por preguntas grandes o por el rigor; es que el ecosistema empuja a fragmentar resultados, priorizar lo que sale rápido, repetir diseños que “funcionan” y evitar lo incierto. Eso tiene un costo silencioso: no solo se satura el sistema de publicaciones, también se satura el tiempo humano disponible para leer, revisar, enseñar, pensar y, en definitiva, hacer ciencia con calma y calidad.
- A esa presión interna se suma otra, esta vez social y completamente razonable: que la investigación financiada con fondos públicos sea de libre acceso. En Chile, gran parte de la investigación –directa o indirectamente– proviene de financiamiento público (aunque lentamente esto esté cambiando).
- Si alguien paga impuestos y a mí me financian con parte de esos impuestos para estudiar, por ejemplo, la dinámica de contaminantes en ecosistemas prístinos –un ejemplo al azar, pero no tan lejano de mi realidad–, parece justo que quien contribuye a ese financiamiento pueda acceder y leer el artículo que ayudó a pagar, aunque haya sido “comprando un Super 8”. El acceso abierto, en principio, es una demanda coherente con rendición de cuentas y democratización del conocimiento.
Sin embargo, incluso una demanda legítima puede quedar atrapada dentro del mismo circuito de incentivos. En la práctica, el sistema pasó de cobrar por el acceso a la lectura a cobrar por publicar. Es decir, quienes escribimos los artículos –y revisamos gratuitamente el trabajo de otros como pares– ahora también debemos pagar, si el artículo es aceptado, para que quede disponible.
La comparación ayuda a dimensionar lo anómalo: sería como si un periodista enviara un texto a un diario de tirada nacional, el editor lo aceptara y, entonces, el periodista tuviera que pagar para que su artículo salga publicado. En el mundo académico esto se ha normalizado hasta el punto de que casi deja de parecer extraño.
- Visto en conjunto, el problema no es solo “publicar mucho”, ni tampoco el acceso abierto en sí. El problema es la mezcla de incentivos: métricas que premian volumen, evaluaciones que dependen de proxies fáciles de contar, y una cultura institucional que transforma la publicación en la unidad básica de supervivencia.
El resultado es una inflación de papers que convive con una escasez real: escasez de tiempo para pensar, para leer con profundidad, para revisar con calma y para hacer ciencia al ritmo que la buena ciencia suele exigir. Quizá lo primero es reconocerlo sin romanticismo: hoy estamos produciendo demasiados “billetes” y dedicando demasiado poco tiempo a preguntarnos qué valor real tienen.
EL APLAUSO NO BASTA: LA DISTANCIA ENTRE ESCUCHAR SOBRE CIENCIA Y FINANCIARLA

Crédito: Congreso Futuro.
Cada año, por una semana, Chile se presenta como el polo científico de la región durante la realización del Congreso Futuro, un espacio donde científicos y comunicadores acercan la ciencia a la ciudadanía y muestran su presencia en la vida cotidiana.
En ese contexto, el Presidente electo, José Antonio Kast, afirmó que “no hay futuro sin ciencia” y se comprometió a “sorprender” a la comunidad científica, definiendo a la ciencia como la “columna vertebral” de su futuro Gobierno. Sin embargo, más allá de los discursos, el desarrollo científico del presente y del futuro requiere financiamiento sostenido.
- En la última década se duplicó el número de programas de postgrado en universidades chilenas. De acuerdo con el Servicio de Información de Educación Superior (SIES), en 2015 se titularon 693 doctores y doctoras, mientras que en 2024 la cifra alcanzó los 1.177, lo que representa un aumento cercano al 70%.
- Sin embargo, en las ciencias básicas el crecimiento fue considerablemente menor: solo un 31%. Imagino, a título personal, que el principal motivo de esta diferencia en programas de postgrado en ciencias básicas, en comparación con el resto, es el alto costo que conlleva desarrollarlas.
Más allá de esa diferencia entre áreas, uno imaginaría que, si el país tiene más programas y graduados de postgrado, el financiamiento ha aumentado de manera proporcional. La evidencia disponible muestra otra cosa.
De acuerdo con información oficial de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), en los últimos cuatro años (período 2022–2025) la cantidad de postulaciones válidas a los concursos Fondecyt Iniciación y Regular aumentó en un 37% y un 14%, respectivamente.
- Sin embargo, la tasa de adjudicación de propuestas aumentó un 9% (Fondecyt Iniciación) y un 11% (Fondecyt Regular). Los proyectos Fondecyt, dependientes de ANID, son la fuente principal del financiamiento de todas las áreas del conocimiento en Chile. Si estos fondos (y otros, como Fondecyt Postdoctorado) aumentan a una menor tasa que el número de postulaciones, se generará migración del talento, pero también frustración en los científicos jóvenes que residan en el país.
Según el Ministerio de Ciencia, Chile cuenta con solo dos doctores por cada 1.000 habitantes entre 25 y 64 años, muy por debajo del promedio de la OCDE, que alcanza los 12. Esta brecha deja en evidencia la distancia entre el discurso sobre ciencia y la realidad del país. Si se quiere una ciencia cercana y que dialogue con las personas, como se planteó en el Congreso Futuro, esa comunicación requiere ciencia local, financiada y vinculada a las necesidades del país. Estas tareas no recaen solo en las autoridades, sino también en quienes hacemos ciencia.
NOTICIAS: LA SEMANA EN CIENCIA

Crédito: Patryk Kosmider / Heise.de
Auroras en latitudes inusuales provocadas por una tormenta solar extrema, resultado de la interacción entre partículas solares y el campo magnético terrestre.
El sur de Chile atraviesa una grave y dolorosa situación a causa de los incendios forestales, con comunidades afectadas, ecosistemas dañados y un impacto que todavía se está evaluando. En momentos como este, toda ayuda suma y existen distintos puntos de acopio a lo largo del país para quienes puedan colaborar.
Al mismo tiempo, el calendario no se detiene y la producción científica tampoco. Desde avances en salud que abren nuevas posibilidades de prevención hasta señales preocupantes sobre el clima y el estado de los océanos, las noticias de esta semana no hablan de futuros lejanos, sino de procesos que ya están en curso y que nos interpelan directamente.
- El Sol desata una tormenta geomagnética severa que golpea la Tierra
Una enorme eyección de masa coronal –una nube gigantesca de partículas cargadas expulsada por el Sol– fue liberada el 18 de enero y alcanzó la magnetosfera terrestre al día siguiente. El impacto desató una tormenta geomagnética de nivel G4 (severo), según el Centro de Predicción del Clima Espacial de la NOAA.
La magnetosfera es el escudo magnético de la Tierra, una región invisible que nos protege de la radiación solar. Cuando una tormenta de este tipo la sacude –en este caso asociada a una llamarada solar clase X-1.9–, pueden verse afectados satélites, comunicaciones de radio y sistemas de navegación GPS, además de obligar a reforzar protocolos en vuelos que cruzan zonas polares. No se registraron fallas masivas, pero el evento volvió a poner sobre la mesa la vulnerabilidad tecnológica frente al llamado clima espacial. Además, las auroras boreales podrían volverse visibles mucho más al sur de lo usual en los próximos días.
Dato curioso: las llamaradas solares más fuertes, como las de clase X, liberan energía equivalente a mil millones de bombas de hidrógeno.
Publicado el 19 de enero de 2026. Conoce MÁS.
- Un nuevo blanco terapéutico abre una vía para enfrentar una enfermedad cerebral devastadora
Un equipo internacional de investigadores identificó un nuevo objetivo molecular clave en la enfermedad de Alzheimer, uno de los trastornos neurodegenerativos más devastadores y frecuentes a nivel mundial. El hallazgo ayuda a explicar cómo se inicia el daño neuronal mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas cognitivos, como la pérdida de memoria o la desorientación. Además, abre la posibilidad de diagnosticar la enfermedad en etapas mucho más tempranas, cuando aún sería posible intervenir con mayor eficacia, antes de que el deterioro cerebral sea irreversible. Aunque las aplicaciones clínicas todavía están en desarrollo, el avance marca un giro importante en un campo donde los tratamientos han sido históricamente limitados.
Dato curioso: en muchas enfermedades neurodegenerativas, los cambios biológicos en el cerebro comienzan años –incluso décadas– antes de que aparezcan los primeros síntomas visibles.
Publicado el 14 de enero de 2026. Conoce MÁS.
- 2025 se consolida como uno de los años más cálidos jamás registrados
Los científicos confirmaron que 2025 fue el tercer año más cálido jamás registrado, en un contexto de temperaturas globales excepcionalmente altas, impulsadas principalmente por la quema de combustibles fósiles, reforzando una tendencia que ya no admite dudas. El aumento sostenido de la temperatura global está directamente vinculado a la actividad humana. Según la Organización Meteorológica Mundial, las temperaturas medias del aire superficial se situaron 1,48 °C por encima de los niveles preindustriales, muy cerca del umbral de 1,5 °C establecido como límite crítico por el Acuerdo de París.
La agencia climática europea Copernicus Climate Change Service advirtió que, de mantenerse las tasas actuales de calentamiento, ese límite podría superarse antes de que termine la década, anticipándose en más de diez años respecto de las proyecciones hechas cuando el acuerdo fue firmado en 2015. Esto eleva el riesgo de eventos extremos más frecuentes e intensos, como olas de calor, sequías prolongadas, incendios forestales y eventos extremos que afectan directamente a personas, ecosistemas y economías en todo el mundo.
Dato curioso: los últimos diez años concentran casi todos los récords de temperatura desde que existen mediciones instrumentales confiables.
Publicado el 14 de enero de 2026 Conoce MÁS.
- El telescopio espacial Roman queda listo para explorar miles de mundos lejanos
La NASA anunció la finalización del telescopio espacial Nancy Grace Roman, una de sus misiones científicas más ambiciosas de la próxima década. Este observatorio permitirá estudiar grandes regiones del cielo con una precisión inédita, facilitando el descubrimiento de miles de exoplanetas y aportando nuevos datos sobre la misteriosa energía oscura que acelera la expansión del universo. No se trata solo de mirar más lejos, sino de entender mejor cómo se forman los sistemas planetarios y qué tan común podría ser la existencia de otros mundos.
Dato curioso: el Roman podrá observar áreas del cielo 100 veces más grandes que el telescopio Hubble en una sola imagen.
Publicado el 15 de enero de 2026 Conoce MÁS.
ÓRBITAS PARALELAS
Una vacuna busca adelantarse al cáncer de colon en personas de alto riesgo
La vacuna experimental Nous-209 mostró resultados prometedores en personas con síndrome de Lynch, una condición genética que eleva fuertemente el riesgo de cáncer de colon. En un ensayo preliminar, el tratamiento activó una respuesta inmune dirigida a las primeras células anómalas, con el objetivo de interceptar el cáncer antes de que aparezca. Aún está en fase de estudio, pero abre una vía nueva: prevenir tumores desde la inmunología, no solo tratarlos cuando ya existen.
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Los océanos guardan más calor que nunca
Un estudio confirmó que en 2025 los océanos absorbieron una cantidad récord de calor, incluso en un contexto de La Niña. Este exceso de energía no se queda en el agua: alimenta olas de calor marinas, eleva el nivel del mar y vuelve más intensos fenómenos extremos en tierra. El océano sigue siendo el gran amortiguador del calentamiento global, pero también una señal clara de hasta dónde ha llegado el cambio climático.
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LA IMAGEN DE LA SEMANA

Crédito: NASA/Instrumento de color del océano de PACE.
Mira la imagen de la semana, ¿qué ves? Podrían parecer las cumbres de altas montañas, pero son en realidad nubes actinoformes, llamadas así por la palabra griega “rayo”, debido a su forma radial. Esta fotografía, tomada por el satélite Plancton, Aerosoles, Nubes y Ecosistemas Oceánicos (PACE), muestra el océano Pacífico frente a la costa del Perú y forma parte del calendario descargable de la NASA, correspondiente al mes de abril.
- Hay dos aspectos que vale la pena destacar en esta imagen. Primero, los avances en la observación satelital resultan clave para comprender, identificar y analizar el impacto de fenómenos como los incendios forestales, que lamentablemente afectan hoy a Chile. En el caso de PACE, esto es posible gracias a que el satélite cuenta con instrumentos especializados, llamados polarímetros, que permiten hacer seguimiento de la calidad del aire y de los aerosoles generados, por ejemplo, por incendios.
Lo segundo es que este calendario, gratuito y disponible para su descarga, resulta ideal para quienes disfrutan de la ciencia y del poder de las imágenes, o para quienes siempre buscan un dato interesante para la sobremesa del domingo. Esto es porque el calendario incluye imágenes acompañadas de información que despierta la curiosidad y relata los avances en la investigación planetaria.
Por último, nos recuerda que, siglos después de la creación del calendario gregoriano, seguimos mirando “hacia arriba” y que también “desde arriba” podemos comprender los ritmos del planeta y sus procesos. Revisa el calendario y, de paso, cuéntanos cuál fue tu imagen favorita. ¿La mía? Octubre: los cultivos espaciales me resultan alucinantes.
BREVES PARALELAS

Crédito: University of Queensland / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).
El experimento de la gota de brea, iniciado en 1927, es uno de los más largos de la historia de la física.
PREGUNTAS QUE NO CABEN EN UN CONCURSO
No es solo cuánto se financia ni cómo se evalúa, sino por cuánto tiempo se permite que una pregunta exista en el sistema actual. Algunas requieren décadas y muchas miradas.
Paciencia con el universo
En física, el experimento de laboratorio más largo del mundo observa cómo cae una gota de brea. Está activo desde 1927, cae aproximadamente una gota cada 10 años y permite calcular su viscosidad. Incluso en el universo y lejos del laboratorio, hay fenómenos que ocurren a fuego lento.
- Por ejemplo, en astronomía, una explosión de supernova en una galaxia promedio ocurre 2 a 3 veces en 100 años, pero ha cambiado nuestra forma de entender el mundo. Una de ellas, observada en 1572, derribó la idea aristotélica de un cielo inmutable.
Otras, observadas a fines del siglo XX, llevaron en 1998 a una conclusión aún más incómoda: el universo no solo se expande, sino que lo hace de manera acelerada.
Paciencia con la humanidad
- En 1938, la Universidad de Harvard inició un estudio para responder una pregunta simple: ¿qué hace que una vida sea buena? El Harvard Study of Adult Development sigue activo casi 90 años después. Ha seguido a generaciones completas de personas, sus descendientes y a los descendientes de los descendientes. La conclusión más citada no tiene nada de espectacular: las buenas relaciones protegen más la salud que el dinero o la fama.
- En salud pública, muchas de las evidencias más robustas sobre tabaquismo, contaminación del aire o efectos del plomo en la infancia no surgieron de proyectos aislados, sino de seguimientos largos, incómodos de sostener, cuyos beneficios fueron visibles cuando ya no era posible atribuirlos a una moda académica.
Algunas gotas, tejas o conclusiones demoran décadas en caer. Las políticas públicas basadas en evidencia requieren evidencia. La evidencia sólida, casi siempre, toma tiempo.
SANTIAGO EN CLAVE DE ESCENA Y JAZZ

Crédito: SANTIAGOOFF
Enero en Santiago tiene ese ritmo particular donde la ciudad parece vaciarse, pero las salas se llenan. Esta semana, mientras el calor no da tregua, el refugio está en las tablas y en la música al aire libre. No hacen falta grandes etiquetas para entender que la cartelera está vibrando con una energía propia.
- Si buscas algo central, la Sala de Teatro de la Universidad Mayor (Santo Domingo 711) presenta Los que van quedando en el camino. Esta obra de Isidora Aguirre es una pieza fundamental de la historia teatral chilena y llega interpretada por estudiantes y titulados de la Escuela de Teatro de la misma universidad. Las funciones son desde el viernes 23 al domingo 25 de enero.
- Además, el miércoles 28, el campus Santo Domingo será el punto de encuentro para exhibiciones teatrales ante directores programáticos de diversos países.
A unas cuadras, en el Teatro Nacional, sigue Tengo miedo torero. La adaptación de la novela de Pedro Lemebel es una pieza cruda que se presenta desde el 22 al 24 de enero, a las 20:00 hrs. Es una obra directa, sin rellenos, que se sostiene por la fuerza del texto y la interpretación.
- En cuanto a la música, el Parque Inés de Suárez (Bilbao con Antonio Varas) es el punto de encuentro este viernes 23 y el sábado 24. El Festival de Jazz de Providencia arranca a las siete de la tarde; es el plan ideal para instalarse en el pasto y aprovechar el aire de la tarde.
Para quienes buscan una experiencia más técnica y profunda, el Teatro Zoco en Lo Barnechea recibe este jueves 22, a las 20:00 horas, a Carlos Cortés Trío. Presentarán un Homenaje a McCoy Tyner, e l arquitecto del jazz modal que expandió el lenguaje del piano en el cuarteto de John Coltrane. Es una propuesta para sumergirse en un sonido robusto y espiritual donde el piano es, al mismo tiempo, motor rítmico y expresivo.
- Para el que quiera armar un recorrido lógico, el jueves en Plaza Ñuñoa es una buena opción. Se puede ver Juan Salvador Tramoya en el Teatro UC, a las 19:30, y terminar la noche en The Jazz Corner, en Santa Isabel.
Al final, la ciudad se vuelve bastante más transitable cuando el plan incluye una buena puesta en escena y un saxofón de fondo.
Y esto es todo en esta edición de Universo Paralelo. Ya sabes, si tienes comentarios, recomendaciones, fotos, temas que aportar, puedes escribirme a universoparalelo@elmostrador.cl. Gracias por ser parte de este Universo Paralelo.
- Mis agradecimientos al equipo editorial que me apoya en este proyecto: Fabiola Arévalo, Francisco Crespo, Francisca Munita, Ignacio Retamal, Camilo Sánchez y Sofía Vargas, y a todo el equipo de El Mostrador.
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