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Opinión

Primavera negra en Cuba

por 23 marzo 2010

Primavera negra en Cuba
La ambigua actitud de muchos dirigentes de la izquierda latinoamericana que tratan de justificar lo que ocurre en Cuba con el bloqueo, o de hablar de una democracia particular, lo que buscan es el empate ético o la franca justificación, cuestión abiertamente detestable.

Siete años cumplió la llamada primavera negra de Cuba que implicó la mayor redada de los últimos años en la isla en contra de  poetas, periodistas, bibliotecarios independientes o simplemente disidentes del régimen.

Demasiado tiempo para un preso de conciencia, de cualquier tendencia que sea, y para conseguir que las organizaciones y Estados democráticos del mundo decidan llamar y tratar al régimen de los hermanos Castro como lo que es: una dictadura.

En cualquier lugar donde una persona por pensar diferente y luchar de manera pacífica por imponer sus ideas es encarcelada, lo que se  encarcela es la libertad completa de esa sociedad.  El hecho es peor si de tal cárcel se deriva la muerte de un preso, en una huelga de hambre ante la pasividad de sus carceleros. Ello constituye una muestra del  valor negativo que tiene la vida de un disidente para el régimen.

Para Teiller el problema es industrial, o sea de cantidad y  no de valores. Es la cantidad y el tipo de fuerza  que se usó y no lo que se hace con ella lo que debe preocupar. ¿Problema de método, señor Teiller?

Da lo mismo si el carcelero le dijo a Orlando Zapata me importa un carajo que te mueras, gusano o simplemente lo humilló con la indiferencia. Si a nadie del régimen se le ocurrió que defender la vida del preso, incluso en contra de su propia voluntad, es porque es desechable para el poder.

Ello es independiente de las razones jurídicas que se argumenten para justificar tener a alguien en prisión. Los presos, bien o mal juzgados, tienen ex ante derechos inalienables. Entre ellos el valor de la vida, cuyo reconocimiento es fuente indispensable de todos los otros, como la libertad  de consciencia, de opinión o de petición, que les permiten exigir respeto de la autoridad que los encarcela y un proceso justo y transparente.

La democracia no puede vivir fetichizada en los votos aunque las elecciones libres son requisito esencial, sino también debe mirar cómo se ejerce el poder. En Cuba ni hay elecciones libres y el poder se ejerce de manera dictatorial.

La ambigua actitud de muchos dirigentes de la izquierda latinoamericana que tratan de justificar lo que ocurre en Cuba con el bloqueo, o de hablar de una democracia particular, lo que buscan es el empate ético o la franca justificación, cuestión abiertamente detestable.

Eso es lo que hace Domingo Teiller al decir que “no creo que el tenor de la represión en Cuba sea igual al que se dio bajo la dictadura en Chile. Es más, creo que es más violenta la represión en Chile en democracia que la represión a las Damas de Blanco”.

Para Teiller el problema es industrial, o sea de cantidad y  no de valores. Es la cantidad y el tipo de fuerza  que se usó y no lo que se hace con ella lo que debe preocupar. ¿Problema de método, señor Teiller?  Él, al comparar a Chile con Cuba, olvida que fue precisamente la lucha por la libertad y la posibilidad de esferas de libertad lo que permitió finalmente la derrota del dictador. Que por lo demás la dirección del PC de entonces calificó de utopía en relación al plebiscito de 1988.

Por múltiples razones políticas los lazos de Chile con Cuba han sido excepcionales para un núcleo importante de la élite política izquierdista. Cuba acogió a muchos de ellos luego del golpe militar de 1973 y les dio una vida y una patria en el exilio.

Sin embargo, ni la admiración ni el cariño que puedan sentir por Cuba puede  minimizar la violencia que usa el Estado, particularmente en su poder burocrático, en contra de aquellos que no están de acuerdo con el régimen.

Tal vez la violencia individual de los agentes del Estado puede no ser lo más grave. Lo más grave es usar el poder burocrático del Estado para  clientelizar y manipular a los ciudadanos cubanos, y transformarlos en delatores y carceleros de los disidentes del régimen. La agresión a las Madres de Blanco hechas por brigadas que gritan “la calle es de Fidel” bajo la mirada complaciente de la policía, indica que el Estado cubano está en el límite de  una asociación ruin, disolviendo algo que alguna vez pudo ser un ejemplo moral para mucha gente.

En un artículo ampliamente reproducido por el gobierno cubano, Salim Lamrani, escritor y periodista francés especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos (lamranisalim@yahoo.fr) cita numerosas legislaciones extranjeras, preferentemente europeas, donde el grupo de disidentes cubanos preso tendrían penas iguales o superiores por “colaborar con una potencia enemiga, en este caso Estado Unidos.”

Es posible que ello sea así. Pero en primer lugar se trata de sociedades libres donde existe el debido proceso y un Estado de libertades muy amplia para que los presos se defiendan.

Pero además aquí no se trata de una discusión sobre tipos penales, que efectivamente pueden ser muy diferentes de país a país, sino de valores inalienables del ser humano. Se trata de  la vida y la libertad en condiciones de humanidad, cuestión esencial de la democracia y del funcionamiento cotidiano de la sociedad. Siguiendo el argumento de Lamrani  habría que aceptar que la lapidación de la mujer infiel en el mundo musulmán es un acto legítimo a la luz de la consciencia internacional. Lamrani confunde legal con legítimo frente a los derechos humanos universalmente consagrados, que constituyen condiciones ex ante para el funcionamiento pleno del Estado de derecho.

Los hermanos Castro ejercen hoy una dictadura en Cuba. Su ejercicio es posible por la existencia de un Estado coercitivo y burocrático, que vive apoyado en el poder del partido y las fuerzas armadas, como una verdadera red industrial cuyos miembros no experimentan ninguno de los problemas de escasez o libertad que afligen al pueblo cubano. Ello abjura todos los principios que una vez juraron defender.

A  principios de siglo, Rosa Luxemburgo la socialdemócrata alemana decía que “la libertad reservada sólo para los partidarios del gobierno, sólo para los miembros del partido -por muy numerosos que sean- no es libertad. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente”.

*Santiago Escobar es analista internacional

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