Martes, 27 de septiembre de 2016Actualizado a las 03:53

Su despliegue y tono público no es compartido mayoritariamente en el episcopado

La soledad del cardenal Ezzati

por 6 junio 2014

 La soledad del cardenal Ezzati
No todos en la Iglesia han puesto el grito en el cielo por el fin de la selección en los colegios ni se enfurecieron con el discurso presidencial del 21 de mayo. Hay otras visiones y voces que están abiertas al debate, pero sobre todo en otro tono.

La despenalización del aborto terapéutico y la reforma educacional son los dos temas que han tensionado la relación de la Iglesia y La Moneda, básicamente por el papel público que ha jugado ante ambos temas el cardenal Ricardo Ezzati. Una tensión soterrada también al interior de la curia, donde no comparten la forma ni el fondo de muchas de las performances del arzobispo de Santiago, una suerte de soledad entre sus pares, condimentada además por un estilo de gestión bastante “dictatorial”, según trasciende desde las paredes del episcopado.

No todos en la Iglesia han puesto el grito en el cielo por el fin de la selección en los colegios, ni todos agendan reuniones públicas y mediáticas con parlamentarios de la UDI, ni tampoco todos se enfurecieron como el cardenal Ezzati con el discurso de la Presidenta Michelle Bachelet el 21 de mayo ante el Congreso Pleno, donde anunció el proyecto para legislar sobre aborto en tres casos puntuales: inviabilidad del feto, peligro de la vida de la madre y violación.

Aún resuenan las polémicas y criticadas declaraciones del cardenal Ezzati en las escaleras del Congreso Pleno ese día: “Lo hemos dicho muy claro los obispos de Chile, que la vida es el valor fundamental y el valor que hay que proteger en todos los ámbitos. Con todo el respeto que me merecen las mascotas, la persona humana, la vida humana, vale mucho más que eso”.

En el episcopado –cuentan– estas palabras generaron impacto. No podían creer lo desafortunada de la frase, que, además, no compartían en el tono ni la forma.

Por lo mismo y lejos de ser casual, en los últimos días apareció la voz del vicepresidente de la Conferencia Episcopal, y obispo de Rancagua, Alejandro Goic, quien refleja otras visiones en el seno de la Iglesia. Es el mismo que tiene una reconocida trayectoria de defensa de los Derechos Humanos en dictadura, el que en el 2007 fue el primero en plantear –y remover con ello el debate público- el imperativo de un sueldo mínimo ético para los trabajadores de 250 mil pesos y quien ha dicho más de una vez que “no hay lugar en el sacerdocio para los que abusan de menores”.

No desautorizó a Ezzati. Es más, fue claro –en una entrevista el lunes en CNN Chile– respecto a que no iba “a juzgar lo que dijo el arzobispo”. De hecho, recalcan en el entorno eclesiástico que estuvo lejos de quitarle piso al cardenal, pero que ello fue “obligado por respeto a la jerarquía de la Iglesia” y que el objetivo era –agregaron– marcar las diferencias, dar una señal pública de otro “tono”, de diálogo.

“Quién se va a oponer a una Reforma Tributaria que consiga mayores recursos para programas sociales. Quién se va a oponer a una reforma educacional que permita una educación de calidad”, dijo el obispo Goic, un guiño no menor a La Moneda, poniendo paños fríos a la tensión que ha provocado Ezzati, muy en sintonía con la intención en Palacio de evitar escalar el gallito con la Iglesia, para no abrir flancos extras.

Cuentan que esta actitud se ha agudizado más desde que en febrero fue nombrado cardenal por el Papa Francisco y que, a pesar de que Ezzati “se da cuenta” de que al interior de la Iglesia “no tiene un gran apoyo”, recalcan que “no entiende” que eso sea así, reflejando un dejo de soberbia a ojos de sus pares. Se sabe que desconcertó y molestó a muchos obispos y sacerdotes que se protagonizara una mediática reunión con parlamentarios de la UDI para analizar la reforma educacional y el aborto terapéutico. En el seno de la Iglesia todos tienen asumido que el cardenal es de derecha, pero, siendo el jerarca de la institución, cayó pésimo que se alineara así públicamente con el gremialismo.

Eso no fue todo. Del aborto terapéutico, Goic dijo en esa entrevista que “entiendo las tres razones y el dolor que les provoca a las personas. Lo que no se puede aceptar es que un cirujano entre con la intencionalidad de destruir una vida, si para sanar a la madre, el efecto secundario es la muerte del feto, eso es un efecto no deseado”. Puso sobre la mesa, en los casos de violación, su trayectoria pastoral: “He conocido mujeres que han sido violadas. Unas han optado por eliminar esa vida y otras la han tenido. No es fácil. Conozco mujeres que los han criado, que los dan en adopción, que ha eliminado esa vida, yo defiendo la vida incluso en esa experiencia dramática (…). La experiencia que tiene el pastor es que una mujer que aborta, queda con una situación interna sicológica muy complicada”.

Tras recalcar que no excomulgaría a una mujer por abortar, porque “uno tiene que respetar el drama de cada ser humano”, que “hay mujeres que llevan un drama interno y que por las circunstancias no han cometido ni delito ni pecado, nada”, monseñor Goic insistió en que “la Iglesia no se opone al debate, estamos abiertos al debate”, pero pidió sincerarlo: “No digo que la señora Presidenta de la República, pero hay sectores que quieren simplemente esto como un primer paso para una ley de aborto, no es el caso de la Presidenta nuestra y lo que dijo en el Congreso, pero hay que sincerar el debate”.

Desde el episcopado trasciende que Ezzati “está bastante solo” y que esa soledad ha sido alimentada por el liderazgo “dictatorial” que tiene, que queda en evidencia de distintas formas, como –reconocen– que “no se le puede contradecir nunca”, que jamás “consulta nada” ni toma en cuenta la opinión de los vicarios y que, a pesar de que habitualmente se junta un grupo de coordinación, simplemente el cardenal “no los escucha”.

Dicen que un buen ejemplo de este estilo inconsulto de Ezzati es lo sucedido con el estudio para la renovación de las estructuras de la Iglesia, que se elaboró durante el 2013, que implicó un proceso de entrevistas anónimas a cerca de 400 presbíteros y laicos, entre mayo y septiembre del año pasado. Las conclusiones fueron entregadas en un informe a Ezzati, para la elaboración de un documento final, en el que –aseguran– haciendo “caso omiso de lo que se planteaba”, puso lo que quiso, lo que le pareció, lo que provocó ruido interno en el episcopado y que fue visto como otra muestra de “su tozudez”.

Cuentan que esta actitud se ha agudizado más desde que en febrero fue nombrado cardenal por el Papa Francisco y que, a pesar de que Ezzati “se da cuenta” de que al interior de la Iglesia “no tiene un gran apoyo”, recalcan que “no entiende” que eso sea así, reflejando un dejo de soberbia a ojos de sus pares.

Se sabe que desconcertó y molestó a muchos obispos y sacerdotes que se protagonizara una mediática reunión con parlamentarios de la UDI para analizar la reforma educacional y el aborto terapéutico. En el seno de la Iglesia todos tienen asumido que el cardenal es de derecha, pero, siendo el jerarca de la institución, cayó pésimo que se alineara así públicamente con el gremialismo.

 El otro gallito

Al interior de la Iglesia se asume que el camino marcado por esa institución es, en un principio, el documento entregado el 22 de abril por el obispo de Temuco y encargado del área educación de la Conferencia Episcopal, Héctor Vargas.

Sin embargo, la Iglesia prepara un documento que servirá para afirmar su voz en torno a la reforma educacional y dar a conocer cuál es la posición unívoca de la institución al respecto. Ha sido el propio Ezzati quien ha tenido, dicen, un comportamiento “errático” sobre la materia y sus opiniones en torno a la educación ha mostrado abiertas diferencias al interior de la Iglesia, por ejemplo, respecto a temas como la selección.

A comienzos de mayo, y al término de la presentación del documento “Por una educación pública, laica y gratuita”, del vicario para la Educación, Tomás Scherz, éste señaló que no es un tema “madurado. Probablemente tampoco madurado entre nosotros, por eso me parece muy temerario decir sí o no o dar una opinión muy lúcida al respecto. De los 28 colegios que tiene directamente el arzobispado, 24 son de sectores medios bajos y vulnerables y de esos no se hace selección ni siquiera religiosa. Yo podría decir que es un aporte, y el proyecto educativo ha cautivado a gente”, señaló Scherz a El Mostrador.

En igual línea, el rector de la Universidad Alberto Hurtado, Fernando Montes, dijo en la misma ocasión que un colegio “y mucho más si en verdad se dice católico”, no puede discriminar por la plata, por el barrio donde viven, por la plata que tienen, por la raza. “Yo puedo tener un programa de acuerdo a una sana religiosidad y tengo que presentárselo al papá, pero no puedo excluirlo si ese papá honestamente acepta el programa del colegio. Y no se debe excluir a un niño porque los papás estén separados, porque no son bautizados. Porque si esos papas aceptan ese programa y colaborar, me parece que no debe haber exclusión”, dijo Montes.

Días después del mensaje presidencial de Bachelet, Ezzati señaló que “el hecho educativo es, en primer lugar, un hecho de confianza entre el alumno y el educador, entre el padre de familia y el proyecto educativo que ofrece un educador o una institución y la confianza supone conocimiento. El hecho de que se diga que no tiene que haber ninguna selección creo que es equivocado, tiene que haber una selección positiva”.

Ante las diferencias que se han levantado al interior de la Iglesia y para aunar los criterios en torno a la materia, es que se han tomado medidas. Hasta hace poco más de un mes había funcionado un consejo asesor de la Vicaría para la Educación con el objetivo de liberar documentos reflexivos en torno al debate; sin embargo, la Iglesia debe conseguir que el discurso vaya en una sola línea. Para eso, en las últimas semanas, está trabajando en un documento donde se sustenten los aportes de la institución al debate de la reforma el mismo consejo asesor –donde participan, entre otros, el rector de la PUC Ignacio Sánchez, Bernardo Abad, Guillermo Baranda S.J., Mauricio Bustamante, Eliana Corbett, Cristián Infante, Patricia Matte y Sergio Micco–, pero esta vez con una autoridad no centrada en la Vicaría, sino en la Conferencia Episcopal. El encargado de Educación de la CECH, nombró como director del área a Rafael Silva, un laico que estará al frente de la tarea de generar un documento rector. Desde esta instancia emanará la vocería sobre el tema.

Desde La Moneda prefieren recalcar que son respetuosos de la jerarquía, que el Ejecutivo se entiende con quien la Iglesia determine; aunque muchos sonrieron con las palabras de Goic, otros recalcan que en las reuniones de algunos ministros políticos con la Conferencia Episcopal, la “recepción” a temas como la reforma educacional y el fin de la selección ha sido buena y favorable, ajena a los cuestionamientos que Ezzati ha hecho públicos desde marzo.

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