Sociedad
Los pequeños errores en terreno que podrían costar millones a la industria minera
En una industria que opera 24/7 y donde cada hora equivale a miles de toneladas procesadas, pequeñas desviaciones en terreno —muchas veces invisibles en los reportes— pueden transformarse en detenciones no planificadas con grandes pérdidas.
Cuando se piensa en pérdidas millonarias en minería, es fácil imaginar grandes accidentes, derrumbes o fallas catastróficas en maquinaria. Sin embargo, en una industria donde cada minuto de operación tiene un valor económico concreto, muchas veces no son los grandes eventos los que generan mayores impactos, sino pequeños errores cotidianos que se repiten y se normalizan.
Para entender la dimensión del problema, basta una cifra: de acuerdo con estimaciones del sector y estudios internacionales de confiabilidad operacional desarrollados por ABB Group, una detención no planificada de solo una hora puede costar entre USD 40.000 y más de USD 200.000, dependiendo del activo crítico afectado, el tipo de operación y su nivel de producción.
¿Por qué una hora puede costar tanto?
La minería opera de manera continua. Grandes camiones de extracción, plantas de procesamiento, chancadores y correas transportadoras trabajan 24/7. Si uno de estos sistemas clave se detiene inesperadamente, no solo se pierde producción durante ese tiempo, sino que se interrumpe la cadena completa del proceso, se generan costos adicionales en mantenimiento correctivo, se afecta la programación de envíos y compromisos comerciales o, en algunos casos, incluso se compromete la seguridad de los trabajadores.
En una faena de gran escala, cada hora equivale a miles de toneladas que dejan de procesarse.
Un análisis de la consultora chilena Thinking, especializada en gestión operacional y análisis de datos en industrias de alto riesgo, advierte que la mayoría de los incidentes relevantes no ocurre porque falten normas o procedimientos.
El problema suele estar en decisiones cotidianas, como una verificación que se hace “a medias”, un protocolo que se interpreta de forma flexible o una alerta que no se reporta porque “no parece grave”.
Estas son lo que se denomina fallas silenciosas: no detienen la operación de inmediato ni generan alarmas críticas, pero se acumulan hasta transformarse en un problema mayor.
Cristián Signé, CEO de Thinking, sostiene que “reforzar normas y controles no es suficiente si no se aborda cómo las personas interpretan y ejecutan la información en su trabajo diario. La brecha más crítica aparece entre lo que el sistema indica y lo que realmente ocurre en terreno”.
Más allá de los reportes
En terreno, las decisiones no siempre se toman en condiciones ideales. Los equipos operan bajo presión productiva, con metas exigentes y tiempos acotados. Muchas veces, se decide en segundos y con información incompleta.
En ese contexto, puede instalarse la llamada normalización del error: si algo se hace de manera imperfecta y “no pasa nada”, esa práctica comienza a repetirse. El riesgo es que, acumulado en el tiempo, ese pequeño desvío termine provocando una detención no planificada, un incidente o una pérdida económica relevante.
Hoy la mayoría de las grandes compañías mineras cuenta con sistemas de monitoreo, dashboards e indicadores de desempeño. Sin embargo, tener información disponible no garantiza que se use para anticipar problemas.
El desafío, coinciden especialistas, no es generar más reportes, sino mejorar cómo se toman decisiones en el momento preciso. Pasar de una cultura reactiva —que actúa después del evento— a una cultura preventiva, donde los pequeños desvíos se detectan y corrigen antes de escalar.