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La escuela que construye país, aquí y ahora Opinión

La escuela que construye país, aquí y ahora

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David Viera
Por : David Viera Gerente de Educación y Habilidades Comunitarias Grupo Anglo American.
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Hace algunos días se realizó el lanzamiento del programa de televisión “Misión Educar”, una serie de cuatro capítulos impulsada por Anglo American en alianza con Canal 13, cuyo propósito es visibilizar experiencias reales que dan cuenta de un cambio de paradigma educativo que ya está ocurriendo en muchas escuelas del país y del mundo. El espacio se adentra en una pregunta clave: ¿cómo podemos hacer de la escuela un actor central para el desarrollo de las comunidades y del país?

¿Qué pasaría si todas las escuelas de Chile pusieran su energía en resolver problemas reales de su entorno y, desde cada territorio aportaran a un presente cada vez más participativo y próspero? ¿Qué pasaría si no tuviéramos que esperar a que los estudiantes egresen para ver ese impacto, sino que hoy mismo, mientras están en la escuela, fuéramos capaces de canalizar esa energía para que sean constructores activos de un mejor mundo?

Esa escena no es una utopía. Está ocurriendo hoy en muchas escuelas del país.

La educación que necesitamos no puede limitarse a preparar a los estudiantes para un momento futuro —cuando “salgan” al mundo adulto—. Requiere jóvenes comprometidos con su país y su sociedad desde ahora, que vivan la democracia en la escuela, que participen, dialoguen, se equivoquen y propongan soluciones a problemas reales mientras aprenden.

Esto se observa, por ejemplo, en los proyectos desarrollados por estudiantes en el marco del Modelo Pionero de Anglo American. En los 46 establecimientos donde este enfoque se ha implementado de manera sostenida, no solo se evidencian mejoras en los aprendizajes, mayor motivación y trayectorias educativas más robustas para más de 19 mil estudiantes en las regiones Metropolitana y de Valparaíso. Además, se ve a niños y adolescentes creando e innovando con un claro sentido social: construcción de viviendas sociales, desarrollo de prótesis y órtesis para personas con discapacidad, habilitación de paneles solares en sedes comunitarias, apoyo a personas mayores para reducir brechas digitales, investigaciones orientadas a reemplazar el uso del plástico, y la creación de libros y cuentos que abordan la migración y la diversidad, entre otros.

En estas escuelas, la matemática sirve para planificar soluciones; la ciencia, para comprender fenómenos locales; la tecnología, para crear prototipos útiles; y el lenguaje, para comunicar, argumentar y construir sentido. El arte y la literatura no se quedan en la sala de clases: circulan, interpelan y contribuyen a la construcción de identidad.

Imaginemos un país donde una escuela sea reconocida no solo por su desempeño en algunas pruebas estandarizadas, sino también por su capacidad de generar conocimiento, cultura y soluciones relevantes para su comunidad. Ese tipo de escuela ya está tomando forma. El desafío no es inventar desde cero, sino reconocer esas experiencias, sistematizarlas y permitir que escalen, evitando que queden aisladas.

Aquí la colaboración es clave, no como consigna, sino como una práctica sostenida en el tiempo. Desde Anglo American, hemos buscado aportar en ese camino. Programas como Modelo Pionero y, más recientemente, Meso Innova, demuestran que fortalecer a docentes, estudiantes y al nivel intermedio del sistema -los SLEP- permite sostener la innovación y pasar de buenas experiencias a políticas educativas vivas.

Aunque pueda parecer una utopía, esto ya está ocurriendo en muchas escuelas del país, y no podemos darnos el lujo de ignorarlo.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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