Salud
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Humo tóxico e incendios forestales en Chile: los riesgos para la salud y cómo protegerse
El humo generado por los incendios forestales se ha convertido en una amenaza creciente para la salud pública. Especialistas advierten sobre el impacto del material particulado fino, los gases tóxicos y la exposición prolongada,
Las altas temperaturas, los fuertes vientos y la baja humedad propias de la temporada estival generan condiciones especialmente favorables para la ocurrencia de incendios forestales en distintas regiones del país. Estos eventos no solo provocan graves daños ambientales y materiales, sino que también originan nubes de humo tóxico capaces de afectar la salud de ciudades completas, incluso a varios kilómetros del foco del incendio.
La directora de la carrera de Enfermería Campus Casona de la Universidad Andrés Bello, Marcela Díaz Fluhmann, explica que el humo generado por los incendios contiene una mezcla compleja de partículas finas, gases irritantes y compuestos tóxicos producto de la combustión de vegetación, plásticos y otros materiales. “La exposición a este humo puede provocar irritación de ojos, garganta y vías respiratorias, además pidiendo desencadenar problemas de salud más graves cuando la inhalación es prolongada”, advierte.
La académica señala que uno de los principales riesgos está asociado al material particulado fino PM2.5, definido por el Ministerio de Salud como partículas microscópicas capaces de penetrar profundamente en los pulmones. “Las partículas menores a 2,5 micrones se depositan en los alvéolos pulmonares, elevando el riesgo de crisis respiratorias y agravando patologías crónicas como el asma y la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC)”, indica Díaz.
A ello se suma la presencia de monóxido de carbono y compuestos irritantes, los que generan inflamación aguda, estrés oxidativo celular y un aumento de la reactividad respiratoria y cardiovascular. Estudios realizados en Chile han evidenciado incrementos de entre un 20% y un 30% en las consultas respiratorias durante episodios de incendios forestales con alta concentración de humo.
Triada 30/30/30 y dispersión del humo
La enfermera explica que la denominada triada 30/30/30, temperaturas superiores a 30 °C, vientos sobre 30 km/h y humedad relativa bajo 30%, generan condiciones extremas que favorecen tanto la propagación del fuego como la rápida dispersión del humo tóxico hacia zonas urbanas. “El viento es un factor clave, ya que no solo acelera el avance del incendio, sino que también transporta contaminantes hacia áreas densamente pobladas, aumentando la exposición de la población”, explica.
Exposición prolongada y síntomas
Frente a inhalación de humo por períodos prolongados la docente explica que “puede generar tos persistente, dificultad respiratoria, mareos, dolor torácico al respirar e irritación ocular, con posible aparición de conjuntivitis” En casos extremos, la académica también explica que la reducción del oxígeno disponible puede provocar hipoxia, generando sensación de asfixia especialmente en personas vulnerables.
Los grupos de mayor riesgo incluyen niños, mujeres embarazadas, personas mayores y pacientes con enfermedades respiratorias o cardiovasculares, quienes pueden enfrentar complicaciones más severas ante la exposición continua.
Medidas preventivas y uso de mascarillas
Marcela Díaz Fluhmann enfatiza que la prevención es clave para reducir el impacto sanitario del humo. “Las personas de riesgo deben evitar salir de sus hogares y exponerse al humo. Es fundamental mantener puertas y ventanas cerradas, sellar rendijas con paños húmedos y no ventilar los espacios durante estos episodios”, explica.
Además, recomienda apagar ventiladores y sistemas de aire acondicionado que introduzcan aire exterior, mantener una buena hidratación, usar humidificadores ambientales si es posible y evitar actividad física al aire libre, ya que aumenta la inhalación de contaminantes. También aconseja no fumar ni encender fuego dentro del hogar para no aumentar la contaminación intradomiciliaria.
Respecto al uso de mascarillas, la directora de Enfermería UNAB Campus Casona indica que “se deben preferir modelos N95, KN95 o FFP2, capaces de filtrar más del 95% de las partículas PM2.5, asegurando un buen ajuste en nariz y boca. Estas deben cambiarse cada 4 a 8 horas o antes si se humedecen”. También agrega que “no se recomienda el uso de mascarillas quirúrgicas básicas, ya que no filtran adecuadamente, ni su uso en niños menores de dos años”, advierte.
Finalmente, la académica recalca que ante síntomas respiratorios intensos o persistentes, la consulta oportuna en un centro de salud es fundamental para prevenir complicaciones mayores.