Salud
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Donación de alimentos en emergencias: los errores que pueden poner en riesgo la salud
En medio de la emergencia por los incendios forestales, especialistas advierten que una donación mal planificada puede transformarse en un riesgo sanitario. Experta en inocuidad alimentaria entrega recomendaciones clave para que la ayuda sea segura y realmente útil.
Los incendios forestales que han golpeado al Biobío y otras regiones del país han dejado cientos de viviendas alcanzadas por el fuego y comunidades enteras dependiendo de la ayuda que llega desde los centros de acopio, municipios y organizaciones civiles. En medio de las muestras de solidaridad, la especialista en inocuidad alimentaria y académica de la Universidad Andrés Bello, Natalia Sánchez, advierte que no toda donación es adecuada y que las condiciones de almacenamiento son críticas para evitar riesgos de contaminación o descomposición.
Sánchez, enfatiza que, en contextos de emergencia, la urgencia por entregar ayuda puede llevar a cometer errores que comprometen la salud de los damnificados y de los equipos en terreno. “En una emergencia, la solidaridad debe ir de la mano con la seguridad. Un alimento mal manipulado puede causar infecciones gastrointestinales que debilitan aún más a una persona damnificada o a un brigadista en combate”, afirma la experta.
Ojo con las colaciones
Tras un incendio, cada minuto de alivio parece necesario, pero muchos productos que comúnmente se ofrecen como un gesto de contención pueden transformarse en vehículos de bacterias o toxinas. Sánchez insiste en que el principal peligro es la pérdida de la cadena de frío. En condiciones extremas como las de los incendios recientes, los alimentos preparados duran menos de dos horas antes de entrar a la denominada “zona de peligro”, donde microorganismos se multiplican con rapidez y las temperaturas elevadas aumentan el riesgo.
Esa es una de las razones por las que los alimentos hechos en casa —sándwiches, ensaladas o cualquier preparación que deba consumirse rápido— deben quedar fuera de las campañas solidarias, por más que estén pensadas como colación. “En catástrofes con altas temperaturas, alimentos caseros se vuelven críticos porque el calor acelera la proliferación bacteriana. En pocas horas pueden desarrollar toxinas capaces de causar enfermedades serias”.
A esto se suman todos los productos que requieren refrigeración: cecinas, jamones, lácteos frescos, quesos o carnes. No solo no llegan en condiciones seguras a su destino, sino que su consumo posterior —sin acceso a refrigeradores ni transporte adecuado— agrava aún más el riesgo sanitario.
Envases dañados y humo
El fuego no contamina solo lo que consume directamente. Los alimentos expuestos al humo también pueden quedar inutilizables. Sánchez detalla que el humo de incendios forestales o estructurales contiene partículas tóxicas provenientes del plástico quemado, químicos de construcción y metales pesados.
En envases permeables, como cajas de cartón, bolsas plásticas sin sellos o films, esos compuestos atraviesan y llegan al alimento, sin que existan señales externas que alerten al consumidor. Esto incluye incluso productos dentro de refrigeradores. “Si el humo entró a la vivienda, también pudo entrar al refrigerador. Si al abrirlo huele a humo, la comida, aunque se vea intacta, podría estar contaminada y no debe consumirse”, recalca la académica.
Lo mismo ocurre con envases de vidrio sometidos a altas temperaturas, en ellos el calor puede debilitar los sellos, permitiendo la entrada de microorganismos o humo toxico al enfriarse.
La ayuda que realmente sirve
En contraste, existen productos cuya donación es fundamental y completamente segura si llegan en sus envases sellados de fábrica. El agua embotellada continúa siendo la prioridad absoluta. A esto se suman alimentos no perecederos como conservas con abre-fácil, arroz, fideos, legumbres secas, harinas, barras de cereal y leche UHT o en polvo. Los alimentos para mascotas son bienvenidos, siempre que estén en su envase original.
Los centros de acopio también deben extremar cuidados en cuanto a separar alimentos de productos de limpieza, mantenerlos sobre pallets y no en contacto con el suelo, evitar la exposición al sol directo y asegurar condiciones mínimas de higiene en la manipulación.
Solidaridad responsable
En situaciones de desastre, la primera reacción social es movilizarse para ayudar. Sin embargo, la calidad de esa ayuda importa tanto como la cantidad. La académica es enfática en que comprender los riesgos no busca frenar la solidaridad, sino encauzarla hacia acciones seguras y realmente útiles: “Ayudar también es preocuparse de que lo que enviamos no enferme a quien ya atraviesa una situación límite. La inocuidad alimentaria es parte esencial de la respuesta humanitaria”, remarca.