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Síndrome de Peter Pan y adicciones: por qué el consumo se convirtió en una vía de evasión Salud Crédito: Cedida

Síndrome de Peter Pan y adicciones: por qué el consumo se convirtió en una vía de evasión

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El psicólogo clínico Juan Pablo Urrejola advierte sobre un perfil de personalidad adictiva marcado por inmadurez emocional, dependencia y dificultad para asumir la vida adulta. Un patrón que se volvió más visible tras el estallido social y la pandemia.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
El síndrome de Peter Pan describe un perfil de adultos jóvenes con inmadurez emocional y dificultad para asumir responsabilidades, que encuentran en el consumo de alcohol y drogas una vía de evasión. El psicólogo Juan Pablo Urrejola vincula este patrón al arquetipo junguiano del puer aeternus y advierte que se intensificó tras el estallido social y la pandemia. Reconocer el problema, verbalizarlo y buscar apoyo profesional temprano es clave para interrumpir el círculo de evasión y dependencia.
Desarrollado por El Mostrador

La figura de Peter Pan, el personaje literario que se resiste a crecer, ha sido utilizada durante décadas como una metáfora cultural para describir a adultos que evitan asumir responsabilidades. En el campo de la salud mental, sin embargo, esta imagen adquiere un sentido más específico cuando se vincula al consumo problemático de alcohol y drogas.

Una investigación desarrollada por Juan Pablo Urrejola, psicólogo clínico del Centro Walnut (una institución especializada en el tratamiento de adicciones bajo el enfoque del buentrato), propone este concepto para describir un tipo particular de paciente adicto. No se trata de un rasgo generalizable a todos los casos, pero sí de un perfil que aparece con creciente frecuencia en la práctica clínica.

Este grupo está compuesto principalmente por adultos jóvenes que presentan inmadurez psíquica, dependencia emocional y una marcada dificultad para asumir las exigencias propias de la vida adulta. Urrejola retoma el concepto junguiano de puer aeternus –que en latín significa “niño o joven eterno”– y lo vincula directamente al fenómeno de la adicción.

“Este trabajo nace directamente desde mi experiencia clínica”, señala el psicólogo, quien cuenta con más de doce años de trayectoria en el abordaje de adicciones. El arquetipo del “Puer Adicto”, una adaptación del desarrollado por Carl Jung, fue explorado por Urrejola en su tesis para optar al grado de Magíster en Psicología Analítica.

En términos sencillos, explica, el Puer Adicto puede entenderse como una versión clínica del llamado “síndrome de Peter Pan”: personas que tienden a dejar proyectos inconclusos, evitan compromisos laborales o afectivos y encuentran en el consumo una forma de escapar a la angustia que les produce crecer.

El concepto del “eterno niño”, aclara, no busca etiquetar ni estigmatizar. “No se aplica a todos los pacientes con adicción; es un sector específico dentro de ese universo”, subraya el profesional del Centro Walnut. Se trata de un perfil que combina rasgos de la personalidad adictiva con una inmadurez emocional persistente.

En la práctica, estos pacientes suelen mostrar trayectorias fragmentadas: inician estudios que no concluyen, cambian reiteradamente de trabajo, dependen económicamente de sus padres y presentan dificultades para sostener relaciones de pareja estables. “El consumo aparece como una forma de evitar una vida adulta que se percibe como excesivamente demandante”, explica Urrejola.

En ese contexto, el alcohol y las drogas funcionan como un refugio frente a la frustración, el temor al fracaso y la incertidumbre. Desde el enfoque del buen trato que orienta el trabajo del Centro Walnut, el objetivo no es juzgar ni infantilizar, sino comprender qué necesidades emocionales no han sido resueltas y cómo el consumo intenta, sin éxito, responder a ellas.

El concepto de puer aeternus tiene su origen en la mitología romana y aparece en las Metamorfosis de Ovidio, donde se alude al dios-niño Iaco (asociado a Dionisio y Eros) como símbolo de juventud perpetua. Jung lo incorporó luego como arquetipo psicológico para describir a adultos emocionalmente inmaduros, destacando tanto su dimensión creativa como sus dificultades para asumir responsabilidades.

Pandemia y postergación de la adultez

El puer aeternus, o “joven eterno”, describe a adultos que permanecen psicológicamente en una adolescencia prolongada. Suelen ser personas sensibles, creativas y carismáticas, pero rehúyen el compromiso sostenido, las obligaciones cotidianas y cualquier experiencia que perciban como límite o carga.

En lugar de tomar decisiones concretas sobre estudios, trabajo o vínculos, tienden a refugiarse en fantasías sobre lo que podría ser, sin dar pasos consistentes para concretarlo. Jung entendía este arquetipo como una figura ambivalente: portadora de renovación y potencial, pero también de una resistencia a enfrentar los desafíos de la adultez.

Urrejola sostiene que este perfil se volvió más visible en Chile en los últimos años, especialmente a partir del estallido social de 2019 y la pandemia de COVID-19, cuando comenzaron a llegar a su consulta más pacientes con estas características.

Las crisis prolongadas, explica, afectan la percepción de futuro y debilitan las estructuras que sostienen la vida cotidiana. La incertidumbre económica, el aislamiento social y la ruptura de rutinas incrementan la ansiedad, especialmente en personas con baja tolerancia a la frustración. “La vida adulta se vuelve muy amenazante en contextos de crisis”, resume.

Chile presenta, además, elevados niveles de consumo de alcohol y drogas en comparación con otros países de la región, lo que facilita la normalización del uso de sustancias como estrategia para manejar el estrés. El psicólogo advierte que muchos pacientes no consultan de inmediato: durante un tiempo mantienen una apariencia funcional, pero con los años la brecha entre sus expectativas y la realidad se amplía.

Ese desfase suele traducirse en síntomas de depresión, ansiedad, aislamiento y una mayor dependencia del consumo, profundizando el círculo de evasión.

Vacío emocional y sentido

Uno de los ejes del enfoque planteado por Juan Pablo Urrejola es entender la adicción como un fenómeno que no responde a una sola causa. Desde su formación en psicología analítica y transpersonal, explica que en el consumo problemático confluyen factores biológicos, psicológicos y sociales, a los que se suma una dimensión espiritual entendida como una experiencia de vacío interno.

En la práctica clínica, señala, muchas personas describen una sensación persistente de vacío que buscan aliviar a través del consumo. “La persona se siente vacía y busca llenar ese vacío con algo”, explica. En ese proceso, el alcohol y las drogas cumplen una función inmediata. “Funcionan mejor para llenar ese vacío, pero solo de manera momentánea”, advierte el psicólogo del Centro Walnut.

Esta dimensión espiritual, aclara, no debe confundirse con religión, sino con una falta de sentido, plenitud o conexión con la propia vida. Urrejola vincula este vacío con trayectorias personales marcadas por relaciones ambivalentes, sobreprotección o dificultades para expresar emociones, elementos que aparecen de forma reiterada en la consulta.

Desde esa perspectiva, el consumo opera como una forma de sostener lo no dicho. “El paciente adicto se guarda muchas cosas”, afirma. En ese sentido, define la adicción como “un trastorno del no decir”, en el que conflictos, dolores o experiencias no elaboradas permanecen silenciadas durante años.

El alcohol y las drogas, explica, permiten mantener ese silencio por un tiempo, pero a un costo creciente. Llega un punto en que la estrategia deja de funcionar y el malestar se intensifica. En la práctica terapéutica, uno de los momentos más relevantes ocurre cuando el paciente logra verbalizar su situación. “Cuando frente a la familia dicen ‘soy adicto’, hay una mejora inmediata”.

Ese reconocimiento no resuelve el problema, pero marca un quiebre importante: el paso desde la negación hacia la posibilidad de pedir ayuda y sostener un proceso de tratamiento. En ese contexto, Urrejola señala que el abordaje del Puer Adicto no es muy distinto al tratamiento de otras adicciones, que suele centrarse en aspectos conductuales, pero requiere especial atención a la relación del paciente con el límite y la autoridad. “Si los límites son muy autoritarios, lo primero que va a hacer el puer es abandonar”.

Por ello, el trabajo terapéutico busca equilibrar contención y estructura, evitando tanto la imposición como la infantilización. Desde su mirada, la prevención comienza antes del consumo y está relacionada con la forma en que se acompaña el proceso de maduración. En contextos de alta incertidumbre, concluye, la posibilidad de hablar a tiempo y pedir ayuda sigue siendo una herramienta clave para evitar que el consumo se transforme en la principal vía de evasión.

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