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Mitos y verdades sobre el herpes zóster: síntomas, contagio, riesgos y complicaciones
El herpes zóster, causado por la reactivación del virus de la varicela, puede generar dolor intenso y complicaciones severas, especialmente en personas mayores. Especialistas aclaran los mitos más frecuentes y entregan información clave para reconocer riesgos y actuar a tiempo.
Un dolor punzante, ardor insoportable y una erupción que parece abrazar la piel como un fuego inextinguible: así se manifiesta el herpes zóster, una enfermedad cuya incidencia aumenta con la edad. Provocada por la reactivación del virus varicela-zóster (el mismo que causa la varicela o “peste cristal”), esta condición puede derivar en complicaciones graves o potencialmente debilitantes, como la neuralgia posherpética, un dolor crónico que persiste incluso después de que las lesiones desaparecen. La desinformación y conceptos erróneos en torno a la enfermedad pueden impedir que las personas en riesgo consulten a su médico. Por ello, en este artículo abordamos los mitos más comunes del herpes zóster y entregamos información fundamental sobre esta enfermedad.
Mitos y verdades sobre el herpes zóster
1. “El herpes zóster se contagia fácilmente”
Mito. A diferencia de la varicela y otros tipos de herpes, el herpes zóster no se transmite por contacto casual con una persona infectada, ya que se trata de la reactivación del virus que ocasionó la varicela o “peste cristal” que se mantuvo latente en el cuerpo. Sin embargo, si una persona que nunca ha estado expuesta al virus de la varicela entra en contacto directo con el líquido de las ampollas abiertas de un paciente con herpes zóster, puede contraer el virus y desarrollar varicela.
2. “La edad es un factor de riesgo para desarrollar herpes zóster”
Verdad. La reactivación del virus se produce cuando hay una disminución de la inmunidad celular, bien de forma natural, debido al envejecimiento, o como consecuencia de tratamientos y/o enfermedades que inducen inmunosupresión.
3. “El herpes zóster puede causar dolor crónico y afectar órganos vitales”
Verdad. Aunque la manifestación más visible del herpes zóster es una erupción cutánea dolorosa, la enfermedad puede causar complicaciones serias. Una de las más comunes es la neuralgia posherpética, un dolor intenso que puede persistir durante meses o incluso más de un año. En algunos casos, el virus puede afectar los ojos, pudiendo causar -en raras ocasiones- pérdida de visión, o incluso aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares como infartos y accidentes cerebrovasculares.
Estudios clínicos han demostrado que las personas con enfermedades cardiovasculares tienen un riesgo +34% de desarrollar herpes zóster de forma severa. Asimismo, el virus aumentó los riesgos de la combinación de eventos cardiovasculares, accidente cerebrovascular e infarto de miocardio en un 41%, 35% y 59%, respectivamente.
Al respecto, el inmunólogo Pablo Herrera, advierte que “la evidencia científica indica que el virus y la respuesta inflamatoria que induce puede afectar directamente el endotelio vascular, la capa interna de nuestros vasos sanguíneos, favoreciendo su inflamación que aumenta el riesgo de formación de coágulos y hemorragias. Esta inflamación puede comprometer arterias clave, incluidas aquellas que irrigan el cerebro y el corazón, elevando el riesgo de trombosis, oclusión, infarto, aneurisma o hemorragia, complicaciones que también se asocian con la enfermedad cardiovascular”.
Estudios de investigación indican que existe una asociación directa entre la activación del virus y pacientes con hipertensión arterial, cardiopatía isquémica o insuficiencia cardíaca, presentando hasta un 30% más de riesgo de desarrollar herpes zóster, comparados con pacientes sin esas comorbilidades9.
4. “Las erupciones de herpes zóster sólo aparecen en el torso”
Mito. Aun cuando lo más habitual es que las lesiones del herpes zóster se manifiesten como una franja de ampollas dolorosas que envuelve el lado izquierdo o derecho del torso, también se puede presentar en un lado de la cara.
5. “El herpes zóster puede afectar el sueño y el bienestar emocional”
Verdad. Aunque algunas personas se recuperan sin complicaciones, en hasta en el 30%5 de los casos el dolor de los nervios ocasionado por el herpes zóster puede prolongarse incluso después de la desaparición de las lesiones en la piel. Esta afección, conocida como neuralgia posherpética, puede impactar significativamente la calidad de vida, afectando el sueño, el estado de ánimo y la capacidad para realizar actividades cotidianas.
6. “El estrés aumenta el riesgo de padecer herpes zóster”
Verdad. No solo las enfermedades crónicas pueden contribuir a la reactivación del virus: el estrés psicológico prolongado y la depresión se han asociado a un mayor riesgo de sufrir herpes zóster. Estudios han demostrado que la depresión puede afectar la capacidad del cuerpo para mantener el virus latente controlado, lo que aumenta el riesgo de desarrollar la enfermedad10.
7. “Enfermedades crónicas comunes pueden aumentar el riesgo de sufrir herpes zóster”
Verdad. Condiciones como la diabetes, enfermedades cardiovasculares, enfermedad renal o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), se han asociado a un mayor riesgo de sufrir herpes zóster. El riesgo también es mayor en personas con antecedentes familiares de herpes zóster.
La importancia de una detección oportuna
“Pasar por alto los primeros signos de esta condición puede derivar en consecuencias que afectan de manera significativa la salud y calidad de vida. Cuando no existe una evaluación y manejo oportuno, las complicaciones pueden avanzar con rapidez. Tanto en Chile como en el mundo, donde las enfermedades cardiovasculares se mantienen como una de las principales causas de muerte, el herpes zóster puede marcar un periodo de mayor vulnerabilidad cardiovascular, especialmente en la población mayor de 50 años o en quienes viven con enfermedades crónicas como hipertensión, insuficiencia cardíaca o cardiopatía isquémica. Comprender esta relación permite dimensionar su impacto más allá del episodio agudo”, agrega el cardio-geriatra Henry de las Salas.
El especialista sostiene que prevenir y tratar a tiempo esta enfermedad es fundamental: “En la población mayor de 50 años, reconocer precozmente los síntomas y consultar oportunamente no solo reduce el riesgo de complicaciones neurológicas, sino que también puede ayudar a mitigar el aumento transitorio del riesgo de eventos como infarto o accidente cerebrovascular que se observa tras la infección. Un diagnóstico tardío puede favorecer una evolución más compleja.”