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Créditos: El Mostrador.
Por qué el enamoramiento acelera el corazón, quita el sueño y altera el cuerpo, según la ciencia
La ciencia explica cómo la activación del sistema nervioso y la liberación de sustancias químicas en el cerebro provocan nerviosismo, insomnio y cambios en el apetito durante el enamoramiento, una etapa marcada por intensas reacciones físicas y emocionales.
La activación automática del sistema nervioso y la liberación de diversas sustancias en el organismo explican muchos de los “síntomas” asociados a esta etapa.
El enamoramiento no solo se vive en el plano emocional. También provoca transformaciones físicas inmediatas y medibles. El aumento del ritmo cardíaco, la sudoración en las manos, los cambios en el apetito y la dificultad para concentrarse son algunas de las respuestas que aparecen cuando una persona despierta interés.
Lejos de ser simples manifestaciones románticas, estas reacciones responden a mecanismos biológicos que preparan al cuerpo para enfrentar situaciones socialmente relevantes.
Según la psicóloga Kristina Feeser, profesora del College at Wise de la Universidad de Virginia, la atracción activa de forma automática al organismo. Frente a alguien que resulta atractivo, el cuerpo responde antes de que intervenga la voluntad. No se trata de una decisión consciente, sino de un reflejo fisiológico.
Cuando el cuerpo reacciona sin pedir permiso
El sistema nervioso autónomo, responsable de regular funciones como la respiración y la frecuencia cardíaca, se pone en marcha al detectar un estímulo significativo. Desde una perspectiva biológica, el organismo no diferencia con claridad entre una amenaza y una experiencia social intensa. En ambos casos interpreta que algo importante está ocurriendo.
Como si se encendiera un interruptor interno, el cuerpo libera energía, acelera el pulso y agudiza la atención. Esta respuesta, conocida como activación simpática, surgió originalmente para enfrentar peligros. En el contexto romántico, explica el nerviosismo, las “mariposas” en el estómago y la dificultad para actuar con naturalidad.
Luego, el cerebro interpreta ese conjunto de señales. Si la activación se produce frente a alguien atractivo, la experiencia se identifica como atracción. Con el tiempo, si el vínculo se mantiene, puede transformarse en apego y amor duradero.
La química detrás de la atracción
El enamoramiento está acompañado por una combinación específica de sustancias que influyen en el estado emocional. Entre ellas destacan la dopamina, la norepinefrina y la oxitocina.
La dopamina participa en el sistema de recompensa del cerebro. Genera placer y refuerza el deseo de repetir aquello que produjo esa sensación. La norepinefrina aumenta el nivel de alerta y explica la energía extra, el insomnio y la aceleración del corazón. La oxitocina, en tanto, favorece la cercanía emocional y fortalece el vínculo.
Al mismo tiempo, pueden disminuir los niveles de serotonina, sustancia asociada a la estabilidad emocional. Esta baja favorece pensamientos persistentes e idealizados. Organizaciones como la American Heart Association advierten, además, que el enamoramiento puede elevar el cortisol, hormona relacionada con el estrés. Por eso, esta etapa combina entusiasmo con una cuota de inquietud.
El efecto conjunto se asemeja a un cóctel químico cuidadosamente equilibrado: una parte estimula, otra genera bienestar y otra mantiene al organismo en alerta. El resultado es un estado intenso que altera la percepción y el juicio.
Entre el entusiasmo y la fragilidad emocional
La activación prolongada no siempre resulta cómoda. Puede derivar en ansiedad, pérdida de apetito o dificultades para concentrarse en otras actividades. Cuando la atracción no es correspondida, la ausencia del estímulo placentero suele generar tristeza o sensación de vacío.
Algunos especialistas sostienen que esta etapa comparte rasgos con procesos adictivos leves. El cerebro aprende a vincular la presencia de esa persona con una recompensa emocional y tiende a buscarla nuevamente. Sin embargo, esta dinámica cumple una función adaptativa: facilita la formación de parejas y refuerza la cohesión social.
Los vínculos son fundamentales para el bienestar físico y psicológico. La intensidad inicial favorece el acercamiento y la construcción de relaciones estables.
De la pasión inicial al vínculo estable
Es clave diferenciar entre el enamoramiento y el amor consolidado. La primera fase es rápida, intensa y dominada por procesos fisiológicos. El apego profundo, en cambio, se construye con experiencias compartidas, confianza y estabilidad.
Si el enamoramiento puede compararse con una chispa que surge de inmediato, el amor maduro se parece más a una llama sostenida que requiere tiempo y cuidado. A medida que la relación avanza, la activación extrema disminuye y crece la sensación de seguridad.
La experiencia también influye. Con los años, las personas aprenden a distinguir entre la excitación pasajera y la compatibilidad real. Las primeras rupturas suelen ser más desestabilizadoras, mientras que la madurez permite reconocer mejor las señales de una relación sólida.
El nerviosismo, la sudoración y el pulso acelerado no son metáforas. Son indicadores de que el organismo percibe una situación relevante. El amor activa circuitos antiguos vinculados a la supervivencia y la conexión humana.
Comprender estos mecanismos no resta valor a la dimensión emocional del enamoramiento. Al contrario, ayuda a entender por qué puede sentirse tan intenso. El cuerpo responde primero, el cerebro interpreta después y, a partir de esa interacción, se construyen los vínculos que sostienen la vida social.