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Encierro, deseo y subjetividad: una lectura de Conty Yo opino Créditos: El Mostrador.

Encierro, deseo y subjetividad: una lectura de Conty

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La obra Conty de la dramaturga Clama Vargas expone con agudeza la confluencia entre los procesos de marginalización que atraviesa su protagonista y el dispositivo institucional en el que se materializan las consecuencias de la ideología binaria del género. La obra vuelve especialmente pertinente la visibilización de experiencias que quedan relegadas en las fisuras de las coordenadas sociales.

Conty puede leerse como un relato de fuga, aunque servil al sistema dominante, una fuga anti productiva para la máquina social: un vértice saturado de intersecciones sexuales, afectivas y de marginación y que, paradójicamente, opera como punto de fuga para los flujos institucionales que no logran abarcar la complejidad de una vivencia fuera de la norma.

La obra permite vivenciar las consecuencias de esta fuga en primera persona. Una vez entras a la sala ya estás dentro de Conty, no entra en escena sino más bien quienes son espectadores entran en ella, incluso antes de que inicie sus primeras líneas ya sabes quién es. A través de un manifiesto personal intenta sostener su identidad entre recuerdos, fantasías y relatos que todavía la anclan en una realidad externa, lo que fue y lo que podría ser. Reflejando el imperativo productivo de lo social, aún en contexto de encierro, Conty continúa produciéndose sobre sí misma para sostener su identidad. Sin embargo, a medida que el campo de lo posible se difumina y la temporalidad se pierde, la potencia del deseo se repliega.

Los efectos del destierro de las coordenadas sociales ponen en escena, paralela y expansivamente, su fragmentación psíquica. Estos desplazamientos permiten a la espectadora transitar por su historia de forma no lineal, pero muy bien elaborada con la dirección de luces en escena, entregando espacio mental a cada dimensión de la experiencia afectiva de Conty. Y no menos importante, con la interpretación de la actríz que posibilita la honestidad de la protagonista.

La obra no busca culpables ni sugiere una forma de leer los hechos, sino que funciona como experiencia estética del confinamiento social. La escena en donde podemos ver el pequeño arco, en contraste con el de escenas previas, representa muy bien como la posibilidad de subjetividad queda relegada a un pequeño espacio de la existencia, en un contexto de encierro, ya inconexa y desorientada en la experiencia intrapsíquica de Conty.

Efecto de lo que se nos presenta en escena, en las contadas interacciones con el afuera a través de funcionarios del sistema judicial. Una voz sin rostro que parece omnipotente, el diálogo con abogadas quienes llenas de palabras no dan ninguna respuesta. Sin visitas el contacto se pierde con el exterior y de algún modo, Conty no es más que un cuerpo en donde recae nuevamente el abandono.

En sintonía con el escenario político actual, pensar el encierro social del binarismo de género que promueve la ultraderecha y la negación ideológica a la autodeterminación que se materializa en la protagonista, supone el aumento de vivencias como las de Conty. No solo desde el encierro carcelario, sino en la rigidez de las categorías sociales que permiten dicha autodeterminación.

Conty no se limita a representar una experiencia individual de encierro, sino que expone un modo específico de organización social del deseo, donde la violencia opera como superficie de inscripción subjetiva. La obra nos confronta con aquello que preferimos no ver: que las condiciones que producen a Conty no son excepcionales, sino parte de una maquinaria ideológica que hoy se reactualiza bajo discursos de orden, moral, binarismo y -supuesto – retorno a lo natural. En este sentido, la obra no funciona solo como representación, sino como advertencia. Mientras aún podemos nombrar, mirar y pensar estas vidas desde la escena.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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