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Créditos: Gobierno de Chile.
Día del Roto Chileno: las mujeres olvidadas
Cada 20 de enero, Chile celebra el Día del Roto Chileno en el contexto de la conmemoración de la victoria alcanzada en la batalla de Yungay, durante la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana (1836-1839). La efeméride exalta una figura que, desde el siglo XIX, ha ocupado un lugar central en nuestro imaginario nacional: el “roto”, ese soldado popular, valiente, sufrido y, por definición, masculino. Después de todo, la memoria de las gestas bélicas tradicionalmente se ha articulado en torno a héroes varones y a un ideal de masculinidad forjado en el combate.
No obstante, como ocurre con tantas conmemoraciones históricas, esta memoria permanecerá incompleta si no consideramos el aporte femenino en estos acontecimientos. La guerra nunca ha sido un asunto exclusivo de hombres. Junto a los batallones, las mujeres ejercieron siempre labores de asistencia, enfermería y apoyo logístico. Y no faltaron aquellas que también tomaron las armas.
La guerra que hoy se conmemora no fue la excepción. Hacia el norte marcharon muchas mujeres, en especial de clases populares, que sostuvieron la logística, el cuidado, la supervivencia y, en no pocos casos, el combate mismo, arriesgando sus vidas por la causa chilena.
Un ejemplo paradigmático es el de Candelaria Pérez. De origen humilde, nacida en La Chimba, Candelaria no solo acompañó a las tropas en la campaña contra la Confederación, sino que actuó como espía y tomó las armas, destacando por su valentía en la batalla de Yungay. Su arrojo fue tal que recibió el grado de sargento y luego el de subteniente, distinción excepcional para una mujer en el Chile del siglo XIX, siendo ovacionada durante el desfile de regreso de las tropas a Santiago.
Tras la guerra, sin embargo, su figura se diluyó en el olvido. Cuando falleció, en 1870, se hallaba en la pobreza y el abandono. El periodista Ventura Blanco reflexionó en esa oportunidad respecto de esa situación: “Llegamos, muy a pesar nuestro, a escribir la última página de la sargento Candelaria. Al entusiasmo y las felicitaciones de los primeros días, sucedieron la apatía y la indiferencia. El mundo se cansa demasiado pronto de sus héroes”.
No es un caso aislado. Las mujeres del mundo popular, cuyas contribuciones no encajaban con la épica militar ni con los ideales de feminidad de la época, no han recibido el espacio que merecen en las páginas de la historia. Por eso, rescatar hoy a figuras como Candelaria Pérez no es un gesto anecdótico ni una concesión simbólica. Es un ejercicio necesario de memoria que nos permite reconocer que la historia avanza en función de experiencias compartidas, muchas veces atravesadas por desigualdades sociales y de género, pero sostenidas, finalmente, por innumerables hombres y mujeres cuya entrega y valentía no deben pasar desapercibidas.
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