Yo opino
8M: El rol de la educación en la equidad
Cada 8 de marzo, en el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas, volvemos a una evidencia incómoda pero clara: en la escuela se expresan y reproducen brechas, violencias y desigualdades de género. Y aunque hemos avanzado en visibilizarlas y en desarrollar políticas públicas, la experiencia reciente nos recordó cuán frágiles pueden ser esos avances. Bastó una crisis como la pandemia para que muchas niñas y adolescentes retrocedieran en aprendizajes, bienestar y oportunidades. Hoy, somos el tercer país de la OCDE con mayores brechas de género en la prueba PISA.
Pero la educación no es solo el espacio donde las brechas se reflejan. Es, sobre todo, una herramienta poderosa de transformación social. Y por eso no puede pensarse como neutral. Incorporar la perspectiva de género no es sumar un contenido más, sino asumir la equidad como principio educativo y horizonte del sistema.
Desde Fundación Valientes, a partir de la evidencia y de nuestro trabajo en más de 80 comunidades educativas en Chile, hemos desarrollado diversos aprendizajes los cuales nos han permitido construir un modelo de educación transformadora de género que actúa en tres niveles: institucional, curricular y relacional, con el fin de avanzar de manera profunda y sostenible sobre las brechas hoy seguimos teniendo en nuestro país. Sabemos que no basta con intervenir en el aula si la cultura escolar no cambia; ni capacitar docentes si la equidad no se integra en los instrumentos de gestión y en la convivencia escolar. La tarea no es simple, pero es urgente si queremos un país en el que niñas y niños crezcan en igualdad de oportunidades.
En este 8M, vemos también desafíos prioritarios para los próximos años.
Necesitamos incorporar a los hombres y las masculinidades en el centro de esta agenda también. La equidad no puede trabajarse solo desde las niñas. Debemos alinear política pública, incentivos y financiamiento para que la perspectiva de género esté integrada en los marcos de calidad y liderazgo escolar, y no dependa únicamente de la iniciativa individual. Y urge fortalecer la articulación entre academia, Estado y sociedad civil. Contamos con evidencia, experiencia territorial e institucionalidad en desarrollo; el desafío es conectar estos esfuerzos de manera sistemática y sostenible.
La pandemia nos enseñó que, ante las crisis, las brechas se profundizan rápidamente. Por eso, anticiparnos también es parte de la responsabilidad.
Este 8 de marzo reafirmamos una convicción: la educación puede reproducir desigualdades o puede desafiarlas. Si queremos avances sustantivos en equidad de género, la perspectiva de género debe dejar de ser un anexo y convertirse en un principio estructurante del sistema educativo.
La evidencia está sobre la mesa. El desafío ahora es transformar esa evidencia en decisión política y en acciones sostenibles en el tiempo.
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