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Cuando un cineasta trabajó en la boutique de su madre en Reñaca: un amor argentino y un Estallido

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Marco Fajardo Caballero
Por : Marco Fajardo Caballero Periodista de ciencia, cultura y medio ambiente de El Mostrador
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Ignacio Rojas estrenó este mes en salas “Ensayos y errores”, una comedia documental inspirada en Ignacio Agüero y Nanni Moretti. En el marco del programa Miradoc Estrenos, ha tenido funciones en salas independientes de Arica a Punta Arenas.


Una comedia documental sobre un cineasta desempleado que trabaja en la boutique de su madre en Reñaca, con una rutina que se ve alterada por la aparición de una fotógrafa argentina (Celina Rozenwurcel) y el Estallido Social, ha estrenado el cineasta Ignacio Rojas (Santiago, 1992).

En el marco del programa Miradoc Estrenos, “Ensayos y errores” tiene funciones en salas independientes de Arica a Punta Arenas.

La cinta tuvo varios galardones, como en la 28° Competencia Nacional del Festival Internacional de Documentales de Santiago, FIDOCS (Mención Especial del Jurado) y el 36° Festival Internacional de Cine de Viña del Mar (Mejor Película), y su director cuenta que entre sus inspiradores están colegas como Ignacio Agüero y Nanni Moretti.

– Esta obra se presenta como un documental. ¿Es realmente un documental o es una película? Porque por momentos también parece una ficción, por ejemplo, por los personajes.

– Creo que toda la película tiene algo de ficción y todo documental debe tener algo de ficción también. Eso no es algo que se me ocurrió a mí, es una frase que dice Chantal Akerman y que para mí fue muy reveladora. Yo sí me llamo Ignacio y sí existe una tienda que se llama Paula Valle Boutique, y realmente sí es mi madre.

Es decir, cualquier persona que quiera pasar por ahí, por donde está el estero de Reñaca, se va a encontrar con la tienda, que por suerte sigue existiendo. Efectivamente yo estaba trabajando ahí en la tienda y empecé a hacer esta película sin intención de querer hacer una película.

Yo estaba grabando porque de alguna manera lo necesitaba, no quería desconectarme del mundo de las cámaras. Fue una suerte de ejercicio que se fue complejizando y fui encontrando cosas que me parecían interesantes.

– Todos se comportan de forma muy natural, por eso al final me surgió la duda.

– Mi mamá también está un poco exagerada. Si uno lo mira con cierta distancia, ve que la situación puede ser bastante graciosa,  absurda, por algunos momentos y eso me pareció súper interesante.

– Entonces, ¿cómo es el Ignacio la película?

– Un tipo que está medio perdido, está confundido, pero es curioso también porque por algo está grabando esos espacios, por algo está haciendo lo que hace, sin mucha idea. Fue como redescubrir a a este otro Ignacio que no soy yo, y que lo soy al mismo tiempo.

Entonces, esas fronteras entre nuevamente la ficción y lo documental empiezan a estrecharse. Hay un guion cinematográfico, pero solo gracias al hecho de que previamente yo ya estaba filmando. Ya había algo ahí, ya era como que la película estaba flotando, estaba dando vueltas y había que descubrirla.

Es como una aventura muy curiosa, porque una aventura que sucede en un mismo espacio es muy en contrasentido con la idea que tenemos de lo que es la aventura. La aventura por definición tiene que ver con redescubrir nuevos lugares y nuevos espacios. Pero hay algo de eso, de redescubrir el mismo territorio en esta tienda y todo lo que está alrededor de ella: el estero de Reñaca, esa pasarela en donde después están los chalecos amarillos, ese lugar donde están las rocas, por donde camina Celina.

– Es interesante porque empieza siendo un documental dentro de una tienda, hasta que aparece el personaje de Celina y después aparece el Estallido, que para mí personalmente fue es muy sorpresivo. ¿Es algo que tú planificaste o ella realmente fue a sacar fotos a la tienda?

– Ella fue a sacar fotos, ella es actriz. Hoy en día es muy amiga. Ella realmente se fue a Buenos Aires, ella está viviendo allá. Siempre creo que hay una relación como de un tira y afloja entre los límites de lo que es eh ficción y de lo que es documental. Yo la quería filmar a ella y quería hacer una suerte de juego. Y eso terminó quedando en la película.

Para mí fue una fortuna conocerla. Después se creó una relación de amistad, pero no había tanta idea de qué iba a hacer Celina y cómo iba a hacer y cómo iba a entrar. Evidentemente había un cierto enamoramiento por parte de la cámara. Yo voy escribiendo a medida que voy viendo las imágenes que voy filmando. Y ahí se me van ocurriendo ideas. Creo que siempre está primero el registro documental y después está la escritura.

 

– ¿En qué momento tú dijiste, ya podríamos hacer una película? ¿Cuando se acabó el registro y empezó a hacerse la película?

– Uf,  es un proceso largo porque todas las películas son procesos largos, son años. El documental tiene la ventaja de que no corre el riesgo del dinero, porque el cine siempre ha tenido esta peculiar relación entre el tiempo y el dinero, que son inversamente inversamente proporcionales, es decir, la película, entre más dinero tiene, menos tiempo tiene para hacerse, porque hay mucha plata que está en riesgo. Esta película estaría en la segunda categoría, y como había mucho tiempo, yo no estaba apurado por hacerla, y empecé a a montar.

Y en el montaje, yo iba conociendo a estos personajes, viendo posibles arcos también. Al ser un documental con materiales tan diversos, era un caos. Yo tenía lo del colibrí, tenía lo de las clientes, tenía a mi mamá, tenía lo de las fotos, de repente se mete Celina, tenía el Estallido. La película tiene un orden, pero en una línea de tiempo que es un caos. Si tú los ves como elementos aislados, no hay una conexión tan evidente. Ahí está el ejercicio que uno tiene que hacer como cineasta.

Los materiales eran tan diversos que el ejercicio que tuvimos que hacer fue hacer una película super clásica, en cuanto a su estructura. Es una película en tres actos: primer arco, en la relación a esta suerte de cineasta en la tienda con su madre; segundo acto, Celina, y tercer acto, el estallido social, con John Cobin, y cierre de la película.

– Justamente te quería preguntar también por qué quisiste incluir el tema del Estallido, porque aparte hay un contraste entre el Estallido y y todo el mundo lo que plantea la tienda, que es como una cosa de clase alta. Hay gente que va y compra y de repente aparece el Estallido, entonces es como un golpe de realidad.

– Efectivamente yo estuve filmando durante muchos años. A finales del 2018 yo empecé a filmar y terminé el año 2023, más o menos. Pasaron muchas cosas, no solamente el Estallido, porque algo que sí quedó afuera en la película fue la pandemia. Ahí sí hay una decisión, porque pasaron un montón de cosas en la pandemia, desmantelamos la tienda.

Creo que el Estallido en Reñaca fue muy particular. Fue el primer lugar en el que se hizo una contramarcha, que se resiste a todo lo que estaba pasando en el país, mientras en Viña y Valparaíso estaban todos haciendo “el que baila, pasa”, que eso también está en la película.

Acá la gente sale a a defender la propiedad privada, y además todo eso estaba pasando al lado de la tienda. Entonces era como que había una responsabilidad de mostrar el Estallido de esa manera. Y la película tuvo el tiempo suficiente para tomar distancia y decir, esto es muy interesante, lo de los chalecos amarillos. Porque ya habían pasado también todos los procesos constitucionales y no se llegó a nada, ¿no?

Y yo dije, esto más o menos es como lo que pasó en Reñaca, es como que aquí no ha pasado nada, todo vuelve a la normalidad, la ciudad vuelve a hacer lo que siempre quiso para sí misma, una ciudad balneario, de descanso, de verano. Entonces ahí dije, el Estallido tiene que estar, porque es un reflejo muy actual de lo que está pasando y de lo que es un poco Chile.

Es esta relación también de los manifestantes que están en Reñaca con el mundo de las clientas (de la boutique) que está al principio de la película, que uno dice, “pero son las mismas personas que están en esa marcha”.  Entonces hay algo como de ir rascando un poco el barniz y uno empieza a ver que hay una gran mayoría, al menos de los contramanifestantes, que están cómodos, que están bien en ese mundo, en esa burbuja, en esa tienda.

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