A Rusia 2018, pasando por Requinoa
Si bien la ANFP aceptó la exigencia de Sampaoli para construir un nuevo Pinto Durán, sería saludable convencer al estratego de que durante buena parte de las Clasificatorias Mundialistas no contará con ese complejo y que lo mejor es que vuelva a acomodarse en el Monasterio Celeste. Pragmatismo puro, al estilo del nuevo Sampaoli que se reveló en la Copa América.
Ha terminado ocupando un espacio desmedido.
Casi tan grande como lo pretende Jorge Sampaoli.
Hasta ahora no se habla del nuevo contingente que afrontará las Clasificatorias para Rusia 2018, de si los seleccionados superarán esa mortífera sensación del deber cumplido a la que tan afectos son los autocomplacientes jugadores nacionales, o de si el calendario de partidos ya zanjado es más o menos conveniente que el que gobernó el derrotero de la Roja en las últimas cuatro clasificatorias.
No. El gran tema en discusión ha sido el nuevo complejo de preparación y reclusión (sí, así con todas sus letras) que Sampaoli le impuso a Sergio Jadue como uno de sus requisitos para seguir al mando de la Roja en los próximos tres años.
Es claro que el histórico Juan Pinto Durán quedó chico para las nuevas necesidades de la Roja. En eso no hay controversia. Con pocas canchas, alojamientos ochenteros y poca privacidad, el recinto de avenida Las Torres no va con los tiempos. Menos está a la altura de jugadores que ahora no entrenan en la semana en Pedrero, San Carlos de Apoquindo, Santa Laura o La Cisterna, sino que en complejos deportivos catalanes, londinenses o turineses, por citar solo algunos.
Despejada esa interrogante de sentido común es necesario centrarse en lo que hay detrás. En el subsuelo mismo del futuro recinto.
Sería fácil hacer un mea culpa periodístico por exacerbar un tema que podría ser secundario si no fuera porque detrás de esa exigencia se teme un as bajo la manga del casildense en caso de que las cosas no marchen como quiere -en cuanto a resultados y a tratamiento del medio- y decida dar un paso al costado.
Es ese recelo soterrado el que hace que el nuevo Juan Pinto Durán puede asimilarse a esas amenazas que se acercan envueltas en brumas fantasmales: se sabe que vienen, pero no se les avizora. Obligan a aguzar la vista y estar siempre alerta para poder defenderse a tiempo cuando su existencia se revela tan próxima que casi no deja espacio para la reacción.
En este caso la ANFP sabe que debe prodigarse entera para, al menos, dar señales de que está genuinamente interesada en mejorar las instalaciones deportivas de la Roja. Por lo pronto, ya convenció a la Presidenta Bachelet de que dé una mano para apurar la búsqueda de un terreno apropiado y salvar la burocracia que inevitablemente opondrá obstáculos administrativos antes de zanjar que todo está en regla y pueda darse inicio a las obras.
Que alcance o no a concretar a tiempo el proyecto es harina de otro costal.
Un buen ejercicio para sosegar las ansias de Sampaoli es remitirse al Monasterio Celeste, el centro de preparación de O’Higgins de Rancagua emplazado en Requinoa, y que cautivó al casildense, al punto de reafirmar durante su estada allí la convicción de que la Roja merece y necesita de un recinto similar, sino mejor.
Lo concreto es que la joya de Ricardo Abumohor tardó 15 meses en estar lista. Esa es la distancia temporal que medió entre los tijerales celebrados en febrero de 2013 y su inauguración en mayo de 2014. Un plazo que no considera los tiempos gastados en la obtención de los inevitables permisos municipales, trabas que la ANFP desea salvar con una ayudita del Gobierno.
Cuando menos, entonces, la construcción del recinto puede tomar todo el 2016, sino parte del 2017.
A esa altura las Clasificatorias habrán entrado en plena tierra derecha y es posible que la ANFP se haya gastado sus buenos pesos en arrendar el Monasterio Celeste.
Dependiendo de si el recinto está utilizable a fines del 2016 o en el primer trimestre del 2017 ya se habrán disputado 10 o 12 de las 18 fechas que contempla el calendario clasificatorio.
Lo mejor será apelar a la ductilidad demostrada hasta ahora por Sampaoli. Con el tiempo se ha demostrado menos fundamentalista que Bielsa y bien podría aceptar que buena parte de las próximas Clasificatorias las ensayará en Requinoa y no en el nuevo mega complejo de la ANFP.
Esa primera aceptación es uno de los cheques en garantía que puede firmar el entrenador para asegurar que la travesía hacia Rusia contará con el mismo piloto durante todo su trayecto.
En el fondo se trata de que Sampaoli compre en verde.