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Bachelet: el efecto Rorschach de la Dama del Jardín Opinión

Bachelet: el efecto Rorschach de la Dama del Jardín

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Jaime Retamal
Por : Jaime Retamal Facultad de Humanidades de la Usach
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El silencio intencional de Bachelet no existe, es un invento de un diario, o de unos políticos de tercera línea, o de un grupo de precandidatos, o de una tropa de asesores comunicacionales que proyectan sobre él algo que no existe sino sólo en sus propias intencionalidades: el interés de sacar partido fácil, el producir una dialéctica de tú a tú con la única posible Presidenta del 2014 y todo cuanto se le pueda ocurrir a uno como rédito de una posible infracción a un silencio intencional falso, creado por ellos mismos como realidad.


El silencio de Michelle Bachelet ha terminado por transformarse, debido fundamentalmente a la obsesión de La Tercera y a su comparsa de la UDI, en una especie de ‘Mancha de Rorschach’.

¿Cómo ha sido posible esto? Permítanme —pido permiso— una muy breve explicación introductoria.

El genio de Rorschach se apoyó sobre una idea simple y revolucionaria a la vez; se trata de una de las ideas más importantes del siglo XX y que dio muchos frutos epistemológicos a la fenomenología, la psicología y el psicoanálisis: la percepción que los sujetos hacen de la realidad es una verdadera construcción y configuración interpretativa de ella. Los sujetos dotan activamente a la realidad de un sentido, un horizonte y una orientación. Contrariamente a lo que se piensa, la percepción que los sujetos hacen de la realidad está lejos de ser una dimensión puramente pasiva o receptiva, ahí lo revolucionario.

[cita]El silencio de Michelle Bachelet ha terminado por ser una ‘Mancha de Rorschach’. Una serie de sujetos lo dotan de sentido, lo interpretan, lo cargan con intencionalidad y hasta lo han llegado a vincular con una mala voluntad moral (‘ley de hielo injusta para Chile’ dijo MEO con su tono dramático de siempre; ‘el país está en ascuas del silencio de una persona’ dijo con su tono afectado de siempre Carlos Peña; acto de precaución con algo de ‘coñetería intelectual y política’ insinuó nuestro niño-terrible-de-la-tercera edad, Fernando Villegas con una mala leche archiconocida). En realidad, el silencio nos habla más —este es el punto— de la proyección de quienes lo configuran como acto político-discursivo que de la intencionalidad verdadera que pudiese tener… pues en realidad, no tiene.[/cita]

Rorschach intuyó que los sujetos proyectan sobre el azar de los acontecimientos, o sobre un conjunto de manchas, un sentido que proviene fundamentalmente de sus propias vivencias, experiencias y prejuicios. Creó un famoso test —el test de Rorschach— en el que a un sujeto se le pide que se pronuncie sobre qué percibe en una serie de láminas con manchas azarosas, y lo que hacen los sujetos es proyectar sentidos y configurar formas desde sí.

Ahora bien, es en este sentido que decimos que el silencio de Michelle Bachelet ha terminado por ser una ‘Mancha de Rorschach’. Una serie de sujetos lo dotan de sentido, lo interpretan, lo cargan con intencionalidad y hasta lo han llegado a vincular con una mala voluntad moral (‘ley de hielo injusta para Chile’ dijo MEO con su tono dramático de siempre; ‘el país está en ascuas del silencio de una persona’ dijo con su tono afectado de siempre Carlos Peña; acto de precaución con algo de ‘coñetería intelectual y política’ insinuó nuestro niño-terrible-de-la-tercera edad, Fernando Villegas con una mala leche archiconocida). En realidad, el silencio nos habla más —este es el punto— de la proyección de quienes lo configuran como acto político-discursivo que de la intencionalidad verdadera que pudiese tener… pues en realidad, no tiene.

El silencio intencional de Bachelet no existe, es un invento de un diario, o de unos políticos de tercera línea, o de un grupo de precandidatos, o de una tropa de asesores comunicacionales que proyectan sobre él algo que no existe sino sólo en sus propias intencionalidades: el interés de sacar partido fácil, el producir una dialéctica de tú a tú con la única posible Presidenta del 2014 y todo cuanto se le pueda ocurrir a uno como rédito de una posible infracción a un silencio intencional falso, creado por ellos mismos como realidad.

No es un silencio cómplice de alguna de esas típicas estrategias RDA a lo Escalona, Andrade o Carvajal. No es de esos silencios aburridos de Fernando Paulsen que se va a USA a un ‘silencio reflexivo’ y habla en verdad todos los días en la radio. Menos un silencio como el Andrés Allamand (¿lo recuerda alguien?) en un desierto misional autoimpuesto como ruta de sanación. Tampoco es el desierto silencioso de un Mauricio Israel (literal) o el de un J.C. Eichholz, igual de aburrido —el silencio— escribiendo crónicas semanales en el decano. No. Lo de Bachelet no es de esos tantos silencios, retiros y desiertos de la elite comunicacional y política que Chile ha conocido.

Todos esos muchachos desesperados por dotarle sentido a un supuesto silencio intencional han terminado, finalmente, por transmutar a Michelle Bachelet en una nueva personificación de ese extraordinario personaje creado por Jerzy Kosinski en su novela ‘Desde el jardín’.

Seguramente muchos hemos visto, además de leer la novela, la película protagonizada por el gran Peter Sellers en el que interpreta a Mr. Chance. Es la historia de un personaje que no hacía ni decía sino lo que los otros interpretaban que hacía y decía. Un personaje extraño, único, especie de buen salvaje domesticado por la TV. Un personaje que, encerrado gran parte de su vida, sólo se preocupó de ver TV y cuidar un jardín y que al ser consultado, por ejemplo, por la economía norteamericana sólo atinaba a decir y hablar de jardinería. El punto es que todo el mundo (¡hasta el Presidente!) lo interpretaban como si fueran palabras sabias de un experto en economía.

Proyectaban sobre unas palabras azarosas, sobre un comportamiento azaroso, sobre un discurso azaroso todo un sentido que en verdad no tenía, pero que era interesado e intencional. Proyectaban sobre las ‘manchas discursivas’ de Mr. Chance su propio discurso.

En eso han transformado a Michelle Bachelet, en la Dama del Jardín (¿la vieron salir de su casa el otro día?) que mientras preocupada de las fiestas de fin de año, la cargan con un silencio falso e inexistente, o real y claro solamente en la mente de algunos afiebrados.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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