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¿Cambiar la educación? faltan temas fundamentales

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Por: Danitza Andrade, Profesora de Historia y Geografía


Señor Director:

En estos momentos nuestro país se encuentra en un fuerte proceso de cambio. Al menos eso dicen –con bombos y platillos- las autoridades. Las promesas señalan un fortalecimiento de la educación pública. A través de una profunda renovación estructural se definirán nuevas formas de organizar el sistema en diferentes niveles, incluyendo educación básica, secundaria, universitaria y más, sin dejar espacio para el lucro. La sociedad chilena conocerá ideas olvidadas por el sistema impuesto en dictadura y continuado durante los gobiernos “democráticos”, derechos básicos de los seres humanos como es la educación gratuita.

Todos estos cambios son necesarios, nos merecemos estas transformaciones. Sin embargo, como suele suceder en este tipo de procesos, las decisiones se han tomado entre cuatro paredes y temas trascedentes de esta reforma han quedado en el olvido, frente a estos cambios pregunto y ¿Qué sucede con la sala de clases?

Uno de los lugares fundamentales del que poco se ha discutido en esta “revolución educativa” es la sala de clases. En ella estudiantes y profesores buscan un fin: que los y las estudiantes desarrollen habilidades y capacidades, ampliando su perspectiva de mundo a través del lenguaje, las ciencias, el arte y otros saberes que dan sentido a nuestra existencia. Quienes trabajamos en educación sabemos la importancia de este lugar, y comprendemos lo fundamental de este espacio con buenas condiciones de trabajo, tanto para nosotros como para nuestros estudiantes; que ellos estén cómodos y tranquilos, así como también quienes trabajan con ellos.

Pero esa necesaria tranquilidad está lejos de la mayoría de las salas de clases de este país. La educación pública, particular subvencionada y también colegios privados tienen una gran cantidad de niños por sala: se permite un tope máximo de 45 y la necesidad lleva a los colegios a llenar y sobrepasar este cupo. En estas condiciones es prácticamente imposible conocer a cabalidad las debilidades y potencialidades de muchas niñas y niños. Nuestro compromiso con ellos se ve restringido por las condiciones materiales en las que se trabaja.

Otro obstáculo para un mejor desempeño es la escasez legal de horas fuera del aula para el trabajo docente. Hacer clases es mucho más que pararse frente a un curso y hablar. Las clases deben ser siempre preparadas considerando las necesidades específicas de los y las estudiantes. Lamentablemente a los profesores y profesoras sólo se les paga por la hora realizada, por tanto llevan el trabajo a sus casas constantemente. Es habitual construir pruebas en la casa, revisarlas, hacer guías, pautas, informes; sin recibir un peso por este trabajo.

Quienes trabajamos en educación sabemos que es difícil realizar un buen trabajo con las condiciones que tenemos. También sabemos que los buenos resultados de otros países en materia educacional tienen como elemento fundamental mucho mejores contextos para sus profesores y estudiantes.

Es por esto que dentro de estas transformaciones es importante comprender que cambiar la educación no sólo es hacer de ella un espacio gratuito, si no también un espacio gratuito con buenas condiciones para quienes trabajamos en ella y para las personas que buscamos apoyar en su crecimiento y desarrollo, nuestros estudiantes.

 

Danitza Andrade

Profesora de Historia y Geografía 

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