Universidad regional bajo los intereses de unos pocos
Sr. Director:
En el marco de la discusión de la Universidad pública de la región, hemos observado la instalación de un debate centrado en el emplazamiento físico de ésta, se habla de las tres ciudades más grandes de la Región: Rancagua, Rengo y San Fernando, como si no existiese otra treintena de comunas que también tienen el derecho a soñar con una universidad pública en su territorio. Vemos como estas tres ciudades se están peleando cual trofeo de guerra la exclusividad del título Sede Regional.
¿Acaso el mundo rural, al cual nosotros pertenecemos y representamos, regularmente discriminado y excluído de la inversión pública y de los beneficios del desarrollo, no tiene derecho a participar con protagonismo en este debate?
En esta discusión debo señalar que nuestra gente de campo arrastra una historia de discriminación en todos los ámbitos y es nuestra obligación plantearlo en el debate del desarrollo regional. Cuando hablamos de educación, hablamos de nuestros jóvenes, quienes por generaciones han pagado las consecuencias de un centralismo histórico que coarta sus sueños. Han sido ellos (y nosotros en la oportunidad) los imposibilitados de seguir estudios superiores por carecer de recursos para viajar y pagar una residencial o departamento. Sobre esto, somos muchos los que podemos opinar con propiedad, ya sea como autoridades, como padres, o como hijos de vecinos. Esto sin duda vendría a pagar una deuda histórica con el joven del campo.
Por qué no plantearnos que la Universidad o algún campus se localice en comunas campesinas como la nuestra. Hoy vemos con nitidez que los avances y el progreso en conectividad vial permiten que nuestros estudiantes lleguen con fluidez y seguridad a Rengo, San Fernando, Rancagua, pues de la misma forma y distancia los jóvenes de estas ciudades pueden llegar a nuestras comunas. Descongestionemos de una vez los centros urbanos y subsanemos los actuales problemas de contaminación que afectan día a día a las ciudades, ello a través de decisiones correctas y relevantes en la inversión pública regional, fortaleciendo focos de desarrollo equilibrado.
Por otra parte, quienes más oportunidades tienen son precisamente aquellos jóvenes que viven en las grandes urbes por razones muy simples: existe toda la oferta que un estudiante necesita para desarrollarse en la vida. Ellos cuentan con universidad, institutos y centros de formación técnica, un dinámico mercado laboral y otros. Además, el desplazamiento es mucho más fácil desde el punto de vista económico y logístico.
Algunos conspicuos personajes de la región han manifestado en su argumento que la Universidad debe estar en Rancagua porque es el lugar “donde a los jóvenes les gusta estar”. No se debe olvidar que las universidades existen para contribuir en la formación de profesionales, la generación del conocimiento a través de la investigación y para la mejora de su entorno a través de la promoción del arte, la ciencia y la cultura. Secundariamente a ello, la Universidad contribuye al desarrollo del comercio en su entorno, por lo que, mirado desde este punto de vista no basta con tener centros comerciales, discotecas u otros para arrogarse el derecho “adquirido” de ser sede universitaria. Espero que no sea incidente y coincidente la presencia de destacados representantes de empresas y del comercio de la región en la comisión ejecutiva regional.
Si se insiste en la mirada reduccionista de potenciar el comercio con el emplazamiento de la universidad, se vulnera la visión de la presidenta Michelle Bachelet, la que sin lugar a dudas es la de brindar acceso a un centro universitario con alta calidad de educación.