Publicidad

Kast, la educación pública y las estadísticas

Publicidad
Por: Sergio Fernández Figueroa, Ingeniero comercial


Señor Director:

En una columna publicada el jueves, Felipe Kast, diputado de la República, prosigue su polémica con Fernando Atria respecto de la forma en que el Estado debe afrontar las graves limitaciones que, a la fecha, presenta nuestro sistema educacional.

Sin pretender entrar al fondo del asunto, me permitiré aclarar una información manifiestamente falsa que entrega el diputado, la que seguramente explica su erróneo diagnóstico del problema y, por consiguiente, las equivocadas soluciones que plantea.

Señala Felipe Kast que “más de un millón de apoderados ha optado por escapar” de la educación pública, queriendo dar a entender que ha existido una migración multitudinaria, un traslado masivo, desde los colegios públicos hacia los privados.

Convengamos que para poder escapar de un lugar, usted previamente tiene que haber estado allí. Es condición sine qua non. Usted no escapa de un lugar que nunca ha visitado y eso también rige, por supuesto, para los colegios públicos.

En el censo de 1992, la comuna de Santiago, a la que representa Felipe Kast, tenía 230.000 habitantes. A la fecha, posee alrededor de 310.000. En 22 años, la población creció un 34%, con 80.000 nuevos moradores. ¿Sabe usted cuántos nuevos colegios públicos se crearon allí en dicho lapso? Probablemente no, pero no se preocupe, yo se lo informo. Fue exactamente 1.

A ver… 80.000 nuevos habitantes y sólo un nuevo colegio público. ¿Qué le dice eso acerca de la oferta pública de educación?

Otro caso: la comuna de Pudahuel. Tenía 138.000 habitantes en 1992 y unos 228.000 al día de hoy. Creció en 90.000. ¿Sabe cuántos nuevos colegios públicos se crearon? ¿No? Pues, fueron exactamente tres. ¡Tres nuevos colegios para 90.000 nuevos habitantes! Nótese que estamos hablando de una comuna con un alcalde socialista partidario de la educación pública.

Usted puede seguir repitiendo este ejercicio para el resto de las comunas (es algo agotador, le advierto, porque la información no está disponible en un solo cuadro estadístico, sino que hay que revisar cada colegio) y llegará al mismo resultado: en todo el país la población ha crecido por sobre un 30%, y el número de establecimientos públicos casi no ha variado. La conclusión es dramática: en Chile, señor Director, el Estado renunció durante los últimos 22 años a ofrecer educación pública gratuita a los nuevos chilenos.

¿Y qué hicieron todas esas familias que no tenían colegios públicos donde llevar a sus hijos? Pues, echaron mano a la única alternativa disponible: los matricularon en los colegios privados subvencionados más cercanos a sus domicilios. Eso explica por qué éstos se multiplicaron como hongos después de una lluvia. No nos entrega luces, no obstante, acerca de los motivos que tienen algunos personeros, como Felipe Kast, para insistir en que dichas familias pudieron elegir el tipo de educación que querían para sus hijos. ¿Algún nuevo concepto de elección, tal vez? ¿Uno donde existe sólo una alternativa? Como novedad teórica, se ve interesante.

De manera que ese millón de apoderados que huyó de la educación pública no existe. Felipe Kast está mal informado. Está siendo poco riguroso. No les está sacando todo el trote necesario a sus asesores. La competencia que él sugiere nunca ha existido, y la educación pública no ha perdido batalla alguna con la privada subvencionada. No hay competencia cuando a su contrincante, en medio de una carrera, le impiden seguir corriendo y usted le gana a trote lento.

Por cierto, lo anterior no significa que la calidad de la educación pública sea buena. De hecho, tras una demolición sistemática iniciada en la dictadura de Pinochet, es, casi con certeza, la de peor nivel de la historia. Sin embargo, es sintomático que, pese a ello, no tenga resultados inferiores a los de la privada subvencionada (como lo comprueban las pruebas Simce y PSU). ¿Qué le dice eso acerca del sistema educacional vigente?

Un sistema donde la educación privada subvencionada compite con la peor educación pública de la historia y no es capaz de superarla, ¿es un buen sistema? ¿Es mejorable? ¿Qué le parece, señor Director? ¿Hay que destinar más recursos a un sistema fracasado (30 años es un tiempo más que suficiente para darse cuenta de si algo funciona bien o no)? ¿O hay que usarlos, como se hace en TODOS los países exitosos en la materia, para mejorar la oferta estatal de educación?

Piénselo. Es importante.

Sergio Fernández Figueroa

Ingeniero comercial

Publicidad