Desigualdad territorial: para no descentralizar “a ciegas»
Señor Director:
Es bien sabido que Chile es un país con elevados niveles de desigualdad, los más altos de la OECD y quizás uno de los más altos del mundo. Esta desigualdad –que se evidencia en niveles muy disparejos de ingreso– tiene su origen en una repartición injusta de las oportunidades, y el lugar donde uno nace y habita es un factor muy relevante al momento de definir los niveles de bienestar promedio a los cuales las personas aspiran. Basta con revisar algunos datos: el nivel de alfabetización de la población adulta alcanza el 98% en zonas urbanas respecto al 91% en lo rural. Algo más del 87% de los menores de 6 años de la Región de Tarapacá se encuentra en una situación nutricional adecuada para su edad, cifra que cae a un 76% en el Maule. Así, mientras que a 2011 el 5,8% de la población de Magallanes era pobre, esta cifra alcanzaba el 22,9% en La Araucanía.
Esta problemática de la inequidad regional ha ido tomando cada vez más fuerza en los debates políticos y técnicos. Cada día existen mayores voces que se suman por un desarrollo nacional inclusivo, un desarrollo con Cohesión Territorial. Muchos de estos planteamientos pueden observarse en las propuestas emanadas de la Comisión Asesora Presidencial para la Descentralización y el Desarrollo Regional, que ponen a las inequidades territoriales en el centro del debate.
De seguirse los planteamientos de la Comisión, el país se encontraría ad portas de dar un giro de timón en cuanto al diseño e implementación de las políticas públicas. De una estructura fundamentalmente sectorial, nos inclinaríamos hacia un diseño cuyo centro sea el territorio. Un diseño territorial permitirá enfrentar los problemas sociales desde una óptica más comprehensiva, que debe ser afrontada coordinadamente desde varios sectores, pues las dinámicas y problemas sociales son integrales y no unisectoriales. Sin embargo, hoy en día un buen diseño de estas políticas territoriales, se enfrenta a una cruda realidad: la falta de información estadística a nivel comunal.
Así como los niveles de desarrollo entre las regiones son muy distintos, el desarrollo entre las comunas de una región también lo es. Basta un recorrido breve para darse cuenta que no es lo mismo vivir en Vitacura o San Bernardo, que los accesos a servicios públicos son bastante distintos en San Pedro de la Paz que en Lota o que las condiciones de vivienda difieren mucho entre Iquique y Algo Hospicio. Estas inequidades comunales han quedado recogidas en varios estudios de Rimisp-Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural y se pueden observar también en trabajos del Ministerio de Planificación, los que estiman, por ejemplo, que en la Región de Valparaíso coexiste una comuna de Algarrobo con un nivel de pobreza de apenas el 1% en 2011 junto a Limache, donde los pobres alcanzan al 31% de la población. Claramente las estrategias de desarrollo y las prioridades de gasto entre una y otra comuna son distintas.
Lamentablemente, la información estadística con la que hoy contamos no permite observar con claridad estas diferencias comunales. Los datos comunales de que disponemos son, en muchas ocasiones, aproximaciones que al combinar distintas fuentes de datos tratan de proyectar los niveles de vida en las comunas. Los datos administrativos que corroboren esas cifras son escasos y, peor aún, los ya conocidos problemas con el Censo 2012 ahondan aún más el problema, obligando a la política pública a trabajar con datos comunales de hace más de 10 años, cuando Chile era otro.
Una política pública eficiente, bien focalizada, requiere de datos de calidad. Urge avanzar en la generación de estadística comunal de calidad. Debemos avanzar en el proceso de descentralización, dando más poder a los actores locales para decidir sobre su futuro. Pero, para hacerlo bien, es imprescindible saber cómo estamos y así no tomar decisiones a ciegas.
Andrés Tomaselli
Investigador de Rimisp