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«Camilo Escalona: ¿Duro de matar?»

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Por: David Rojas Lizama, Filosofía USACH


Señor Director:

Leer Duro de matar: diálogo con Camilo Escalona, de Álvaro Peralta y Enzo Pistacchio, es una empresa desalentadora. Su contenido: una justificación de la obra de los veinte años anteriores, donde la tarea fue la consolidación democrática y el entrevistado es uno de sus everyman. Este planteamiento, que hoy parece de común acuerdo irreflexivo, vuelve útiles sólo un par de comentarios.

Cabe recalcar, primero, cómo el libro martillea sobre la idea trillada de que el resto del espectro político hacia la izquierda está loco, cuya contrapartida es: nosotros somos la razón. Es así como abundan los epítetos (voluntarista, idealista, ultra, etc.), mientras que “nuestros gobiernos fueron echando las bases –Aylwin, Frei, Lagos, Bachelet– de una mirada que restablecía la importancia de la razón como política de Estado” (153-4). En este aspecto, el nivel de autocrítica es igual a la tasa de mortalidad en el paraíso. Otro ejemplo notable es su percepción de Chile tras su vuelta del exilio, donde afirma que lo angustia “la burbuja del consumismo” (p. 93), la cual no obstante no le angustió en cuatro gobiernos de política y cultura neoliberal.

Más allá de su posicionamiento crítico, otra cosa que queda clara es el hecho de que el orgullo del pasado es un mal sucedáneo de un proyecto. Esto, porque Camilo se muestra tan orgulloso de su rol en dictadura que no logra desmarcarse de este relato, a la larga el único. Por ello, cuando se le pregunta si en dictadura recuperar la democracia era “la gran idea”, responde afirmativamente. “Partamos por recuperar la democracia y después la vida dirá” (p. 108), porque “no habrá socialismo sin democracia” (p. 108). Luego, define a la transición como una empresa de “consolidación democrática” (p. 129) y explica el Leitmotiv del socialismo (en tanto doctrina en general) como “el esfuerzo civilizador [que] presupone una sociedad organizada en partidos políticos y estados democráticos”, es decir, la “defensa de la razón democrática” (pp. 145-6), siendo la “tarea” para las próximas generaciones “subrayar la importancia que tiene la estabilidad” (p. 155). En síntesis: razón, estabilidad, democracia y civilización. Pero ¿en qué difiere este discurso de cualquier otro pensamiento conservador?

Para finalizar, constatar que en un estilo más considerado con sus lectores y en una edición mejor lograda, las mismas opiniones aparecen en De Allende a Bachelet. Este libro del 2012 es el que introduce su tesis de la consolidación democrática que ahora repite, para lo cual su último capítulo se titula “Sin democracia no hay socialismo”, donde Escalona cita generosamente un visionario texto programático de Eugenio González, a favor de la democracia como espacio vital de la doctrina. Pero en ambos textos, Escalona elude precisamente aquellos elementos que podrían ser incómodos para una mirada complaciente respecto de los últimos 20 años, como los juicios de Eugenio sobre la socialdemocracia (y su “burocratismo pasivo”) y la democracia contemporánea (de “alcance puramente formal”).

A fin de cuentas, Duro de matar es una entrevista poco lograda, que sólo abre una disyuntiva sobre el personaje: o este siente un gran amor por lo ya hecho o ha aprovechado una posibilidad de reaparecer. De todas maneras, un texto prescindible.

David Rojas Lizama

Filosofía USACH

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