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Libertad vigilada cura O’Reilly

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Por: Lorena Contreras Taibo, Directora Clínica Psicológica UDP


Señor Director:

Con sorpresa hemos recibido la sentencia de libertad vigilada para el sacerdote O’Reilly, luego de que el Tribunal se hubiese formado convicción, más allá de toda duda razonable, de la existencia de gravísimos hechos de abuso sexual infantil, así como de la participación del autor.

En este contexto, no puede dejar de generar estupor en el ciudadano común, y aun en expertos, el hecho de que la concesión de la ciudadanía por gracia a un clérigo pueda ser acogida como un argumento para evadir penas que se condicen con la gravedad de la vulneración de derechos producida.

Es necesario llamar la atención sobre un aspecto que no resulta necesariamente evidente: el delito sexual infantil constituye un abuso de poder por parte de un adulto hacia un niño, poder que no está dado en este caso sólo por su supremacía física, mayor experiencia, lugar de autoridad, sino por una cualidad moral que se le atribuye en el ejercicio del sacerdocio. El acceso a la víctima se ha producido justamente en virtud de esta atribución. En este sentido, la defraudación de la que es objeto la víctima (y su familia) es mayor, por cuanto el sacerdote se vale del poder del cual ha sido investido socialmente para victimizar a niños, niñas y adolescentes, estando llamado precisamente a lo contrario, a su protección y orientación.

Este tipo de delitos por parte de religiosos, genera un daño muy profundo en sus víctimas, pues fuera de las consecuencias físicas, psicológicas y sociales que el abuso suele implicar, a esto se suma un “daño en la cosmovisión”. De este modo, los afectados pierden certezas básicas que forman parte de su modo de entender el mundo y la vida, socavando pilares que nos permiten sostenernos en la cotidianidad.

Esta defraudación producida por el delito, particularmente en casos de estas características, requiere de una respuesta enérgica por parte del sistema, que transmita a perpetradores, víctimas y a la sociedad en general lo inadmisible que resulta para la convivencia en sociedad. Eso es lo que razonablemente se espera.

 

Lorena Contreras Taibo 

Directora Clínica Psicológica UDP

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