¿Es posible creerle a este sistema?
Señor Director:
Desde el inicio de la discusión sobre la Reforma Tributaria hemos presenciado cómo, desde diversos círculos, tanto de gobierno como oposición, el debate ha minorizado constantemente la actividad política. Desde una vereda u otra el constante ejercicio de criticar por criticar, de competir por pantalla, de generar espacios de pobreza intelectual incluso, sólo ha demostrado que el porcentaje de no votantes de la última elección no se equivocó. No es necesario legitimar este sistema por todos, basta que algunos lo hagan para su normal funcionamiento y su caída libre hacia el despeñadero.
Hoy presenciamos cómo el oficialismo no es capaz de generar una defensa real e ideal a sus propias reformas (por las cuales subentendemos que ganó las elecciones pasadas). A esto se suma una oposición que, de manera casi panfletaria, ha instalado eslóganes publicitarios para mofarse de cada uno de los cambios impuestos por el oficialismo. Entonces la pregunta que nos nace es: ¿es posible creerle a este sistema? Claramente la respuesta cae en una nebulosa de dudas por cuanto el ejercicio electoral lo respalda, sin embargo, las mil y una situaciones por las que el sistema político ha atravesado este año no deja más espacio que el retiro y la mirada desde lejos de una actividad cada vez más pobre intelectualmente de parte de todos sus actores.
En lo personal no extraño a Marqueses, Condes ni Duques. Extraño el razonamiento sensato, la mirada a futuro, la vergüenza personal de quien no teme el ridículo pese a su embestidura de representación colectiva. Extraño una mirada de gobierno que entienda ser representativa de todos y cada uno. Una oposición que entienda su rol y no figure por figurar haciendo finalmente el ridículo con acciones que ni siquiera le han sido propias a lo largo de la historia. Se extraña la posibilidad de debatir, utilizando argumentos, no oportunidades que eventualmente podrían sacar alguna ventaja. Situación que además, a propósito del voto voluntario, no entrega ninguna garantía. El sólo hecho de pensar en volver al voto obligatorio hace temblar a más de alguno (si es que no a todos).
Tenemos un sistema de partidos (y de todo tipo de organizaciones) en franca decadencia, con una participación ciudadana cada vez menor. Situación que, lejos de ser beneficiosa, termina siendo un problema. El sistema no se defiende por sí mismo, el sistema debería perfeccionarse, obligar a cumplir roles, mirar hacia adelante y cada uno de los actores entender que no es un circo dirigir y oponerse a esa dirección.
Nicolás Henríquez Suazo
Profesor y Cientista Político