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De teorías científicas y tolerancia en nuestra sociedad

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Por: Andrés Herrada


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Señor Director:

¿Se ha fijado usted que los bebes y niños pequeños tienden a llevarse todo a la boca? Ya sea un juguete, alimento o algo peor, los infantes intentan saborear todo lo que esté a su alcance, lo que obliga a los padres a estar siempre atentos para prevenir complicaciones. Sin embargo, a pesar de lo irritante que este comportamiento pudiese generar en los adultos, pareciera tener un sustento científico. Según la teoría de la higiene, la exposición del sistema inmunológico a distintos gérmenes o alérgenos en bajas cantidades, como los que podría albergar un juguete por ejemplo, permite “entrenar” al sistema inmunológico respecto a lo que es o no peligroso, lo que le generaría al niño protección futura frente a enfermedades como asma, alergia o patologías autoinmunes. Según esta misma teoría, la migración campo-ciudad, que lleva a una  limitada interacción con la naturaleza y por ende limita también la exposición con distintos gérmenes, ha generado un explosivo aumento en el número de personas que sufren alergias o asma en las últimas décadas, debido a la falta de entrenamiento de su sistema inmune.  Esta teoría también explicaría el por qué los niños de antes parecían no sufrir de estas complicaciones, o cual es la razón de por qué la gente que vive en los campos parecieran ser inmunes a cualquiera de estas enfermedades. En términos científicos, decimos que el sistema inmunológico de las personas expuestas a bajas cantidades de gérmenes u otras sustancias (antígenos en jerga inmunológica), genera tolerancia frente a ese germen en particular, lo que significará que, en el futuro, cuando esta persona se encuentre con el mismo germen en cantidades limitadas, el sistema inmunológico no responderá, por lo que no generará inflamación u otra complicación como las observadas frecuentemente en los casos de alergias o asma.

Más allá de discutir si esta teoría de la higiene es o no correcta, lo que pretendo en estas líneas es extrapolar la teoría de la higiene a ámbitos más alejados de la ciencia empírica, trasladándolo a lo social. Por ejemplo, es claro que a veces las relaciones con nuestros vecinos pasan por altos y bajos. Es cosa de ver algunos partidos de futbol para darse cuenta de lo que piensan unos de otros y vice-versa. Es el caso por ejemplo de los argentinos, pues en general, los reconocemos por ser engreídos. ¿Pero usted conoce o tiene amigos argentinos? Yo tengo varios y son tipos simpáticos y buena gente, sin mucha diferencia si los comparo con los chilenos, excepto quizás en el acento. No son lo que creía que eran, o lo que los memes o noticias intentan convencerme. Obviamente deben existir argentinos prepotentes, así como también hay chilenos prepotentes. Pero como yo conocí a algunos argentinos e interaccione con ellos en condiciones limitadas (no conozco a todo el pueblo argentino),  podría decir que generé tolerancia hacia ellos. Luego, después de un disputado partido sigo siendo tanto o más cercano con mis amigos argentinos. Lo mismo sucede con los otros países vecinos. Es posible que si usted tiene conocidos, amigos o parientes, ya no le genere un sentimiento negativo el pueblo hermano. Entonces podríamos decir que usted desarrolló tolerancia a ese pueblo, fruto del contacto con alguno de ellos. Considere ahora los gays o lesbianas. Puede ser que tenga una imagen estereotipadas de ellos. Pero si usted conoce o es amigo de algún gay o alguna lesbiana, es posible ahora que esa imagen estereotipada se haya diluido. Luego, producto de su interacción con alguno de ellos, usted ha desarrollado tolerancia hacia ellos. El mismo análisis se puede aplicar a, por ejemplo, gente que fuma marihuana, personas religiosas, ateos, compañeros de trabajo, etc. La clave parece radicar en generar interacción, diálogo (reconocer antígenos en términos científicos), que crearan puentes, lo que le permitirá a usted ya no suponer como son o cómo se comportan ciertos personajes, sino que generará su propia imagen sin influencias externas; permitiéndole sino comprender, al menos tolerarlos en futuros encuentros, luego usted habrá desarrollado tolerancia.

Como corolario a esta teoría, si bien el sistema inmunológico es capaz de generar tolerancia frente a  gérmenes inofensivos, atacará inmediatamente a patógenos que intenten infectar nuestro organismo, sin posibilidad de generar tolerancia. Lo mismo sucede en la sociedad; nunca la injusticia, la inequidad, la inoperancia o el chantaje tendrán cabida en nuestro entorno, a pesar de que intenten pasar inadvertidamente, una vez que los descubramos, deben ser expulsados de nuestro hábitat. Así que, no se preocupe si usted no genera tolerancia, sino que  estalla cuando sepa por ejemplo, de otro escándalo que sacude a nuestros políticos, considere que nuestro sistema inmunológico haría lo mismo.

Andrés Herrada

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