Trabajar ya no alcanza
Señor director:
Cada mañana, miles de familias en Chile enfrentan un mismo cálculo: cuánto queda tras cubrir transporte, alimentación, cuentas y cuidado de los hijos. No se trata de planificación financiera, sino de supervivencia. El debate público suele centrarse en indicadores aislados, como el precio de la bencina, pero el problema es más profundo: el costo de vivir ha crecido a un ritmo que los ingresos ya no logran sostener. Hoy, trabajar no garantiza estabilidad ni bienestar.
Existe, además, un elemento poco discutido: generar ingresos también implica costos. Para quienes perciben sueldos bajos, gastos como transporte, alimentación fuera del hogar o cuidado infantil son condiciones mínimas para poder trabajar. Al descontarlos, el ingreso real se reduce significativamente.
A ello se suma la brecha entre las cifras oficiales y la experiencia cotidiana. El IPC mide promedios, pero las familias consumen bienes esenciales —pan, leche, gas y servicios básicos— cuyos precios han aumentado con mayor intensidad.
En este contexto, se expande una clase media empobrecida, que trabaja, pero no accede a beneficios ni logra cubrir sus necesidades sin endeudarse. Cuando el trabajo no alcanza para vivir con dignidad, el problema deja de ser individual y se vuelve estructural. Quizás es momento de preguntarnos cuánto cuesta realmente vivir en Chile.
Sandra Alcina
Académica Facultad de Administración y Negocios, Sede Temuco
Universidad Autónoma de Chile