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El laberinto de la movilidad social y el rol de las universidades regionales Opinión Archivo

El laberinto de la movilidad social y el rol de las universidades regionales

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El lugar de origen de un estudiante dicta el destino: mientras los estudiantes con mejores condiciones preexistentes cuentan con todas las ventajas estructurales, otros estudiantes deben compensar con un desempeño excepcional las carencias de un sistema escolar desigual.


El sistema educativo chileno, a menudo analizado desde cifras agregadas, oculta una realidad fragmentada que solo el análisis masivo de datos está permitiendo desentrañar. La evidencia nos confronta con una verdad incómoda: las trayectorias de nuestros estudiantes no son solo el resultado del mérito individual, sino que están profundamente condicionadas por la segmentación económica y académica del sistema.

Para comprender esta dinámica, es fundamental observar los datos a gran escala. Un estudio realizado por nuestro equipo en 2024 analizó los registros anonimizados de cerca de un millón de estudiantes chilenos en el período 2021-2024, utilizando algoritmos de aprendizaje automático para identificar siete perfiles de estudiantes basados en su ingreso familiar, vulnerabilidad escolar y rendimiento.

Los hallazgos muestran que el lugar de origen de un estudiante dicta el destino: mientras los estudiantes con mejores condiciones preexistentes cuentan con todas las ventajas estructurales, otros estudiantes deben compensar con un desempeño excepcional las carencias de un sistema escolar desigual. Y aun así, igualando las condiciones de desempeño excepcional, sus decisiones de carrera profesional se ven influenciadas por su entorno.

Esta segmentación tiene un correlato geográfico crítico para el desarrollo del país. Los estudiantes talentosos de entornos vulnerables tienden a permanecer en sus regiones, mientras que los de estratos altos suelen migrar a universidades de prestigio en la capital. Esto posiciona a las universidades regionales como actores clave para retener el talento y actuar como motores de movilidad social en sus comunidades.

Por el contrario, el modelo de las universidades metropolitanas, que atrae a la élite socioeconómica chilena, a menudo funciona como una plataforma que facilita la posterior migración de estos profesionales al extranjero, lo que subraya la necesidad de invertir en instituciones regionales para evitar la fuga de talentos y fortalecer la masa crítica local.

La segmentación estructural no solo decide a qué universidad se asiste, sino que también marca la experiencia académica y el riesgo de abandono. Otro estudio realizado por nuestro equipo en 2025 focalizado en estudiantes de ingeniería, arroja luz sobre los factores internos de esta trayectoria. La investigación muestra que la admisión en la primera preferencia de carrera es un protector fundamental contra el abandono de los estudios, mitigando incluso las desventajas de la vulnerabilidad socioeconómica previa.

Sin embargo, el estudio también identifica una brecha preocupante: el desfase entre la autoeficacia –capacidad percibida por los estudiantes para enfrentar los desafíos académicos – y la implementación de estrategias de estudio. Aunque el 81,1% de los estudiantes reporta una alta confianza académica, solo el 51,3% aplica efectivamente una planificación estratégica.

Esta disparidad sugiere que los estudiantes ingresan con una alta valoración de sus capacidades, pero carecen de las herramientas técnicas de gestión del tiempo necesarias para enfrentar el rigor de carreras complejas, un déficit que se acentúa en los grupos que provienen de sistemas escolares menos competitivos.

¿Por qué es importante que conversemos sobre estos resultados?

La persistencia en la educación superior es un fenómeno donde la aprobación se ve mediada por una compleja red de factores estructurales y subjetivos. La evidencia demuestra que no basta con el talento; es imperativo fortalecer a las universidades regionales como enclaves estratégicos para la retención de capital humano y, simultáneamente, diseñar apoyos que permitan cerrar la brecha entre la alta autoeficacia declarada por los estudiantes y su implementación real de estrategias de estudio.

Por lo mismo, el rol de las universidades regionales va más allá de meramente entregar formación de calidad para la preparación de profesionales que Chile necesita; también son los centros de movilidad social que tiene nuestro país para sus regiones.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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