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El eterno adolescente sin filtro que daña la investidura presidencial

Oficialismo critica soterradamente la performance de Piñera en el Salón Oval

por 6 junio, 2013

Oficialismo critica soterradamente la performance de Piñera en el Salón Oval
Lo que dejó un mal sabor de boca en muchos del oficialismo es el mensaje que quedó: “Uno mira esa escena en la Oficina Oval y solo queda claro que el gobierno ya se terminó, era una bilateral en la Casa Blanca y lo que se ve es que fue a puro pasear”.
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No es la primera vez que las improvisaciones le juegan una mala pasada a Piñera, debilitando con sus acciones la imagen de la investidura de Presidente de la República. “Me voy a sentar en el escritorio del presidente de Estados Unidos” dijo el martes el mandatario chileno al concluir la bilateral con su par, Barack Obama. Una salida de libreto que en público se trató de defender como una anécdota simpática, pero que en el propio oficialismo fue muy mal vista.

No se discute que la Oficina Oval en la Casa Blanca es mítica, tampoco que es el símbolo del poder político a nivel mundial y, por tanto, un lugar así no deja impávido a nadie. Ni el escritorio es común y corriente: se trata del famoso “Resolute”, ese que la Reina Victoria regaló a Estados Unidos en 1880, que tiene un “gemelo” en el palacio de Buckingham en Londres, el mismo de la foto de John Kennedy trabajando con su hijo jugando a sus pies.

El punto es que Piñera no era un turista de vacaciones, sino que un mandatario en una reunión oficial con otro jefe de Estado. “Pensó sólo en él”, confesaron ayer en el gobierno, algo que quedó en evidencia con la cara estupefacta del propio Obama al presenciar la escena y la notoria incomodidad del canciller chileno, Alfredo Moreno.

En momentos que Piñera se sentaba en el escritorio de Obama, el canciller Moreno se le salió un “no lo puedo creer…” y acto seguido trató de morigerar el comentario agregando: “Este sí que es pelusa”. Muy en su estilo, el Presidente respondió: “¿Por qué no?..... aquí estoy ve”.

La cara de Obama era de sorpresa absoluta. De fondo se escucha a la voz de Moreno que una vez más acotó: “No lo puedo creer” y cuando preguntó al mandatario de EE.UU. cuantos presidentes del mundo han hecho lo mismo que Piñera, este respondió con un escueto: “Es el único”.

En RN se comentó la escena y entre sus dirigentes se reconoció que sintieron “vergüenza ajena” con lo que hizo, porque reflejó “cero respeto” a la investidura de su cargo y que, en vez de un Presidente de la República, parecía “un cabro chico”, “un adolescente”.

En RN se comentó la escena y entre sus dirigentes se reconoció que sintieron “vergüenza ajena” con lo que hizo, porque reflejó “cero respeto” a la investidura de su cargo y que, en vez de un Presidente de la República, parecía “un cabro chico”, “un adolescente”.

Es más, algunos dijeron que la escena “es igual de patética” que cuando Michelle Bachelet salió corriendo “como una calcetinera” para reunirse con Fidel Castro. “Esa vez la criticamos, esto es lo mismo, no corresponde”, añadieron desde el propio partido de Piñera.

Otros agregaron que el problema es que el mandatario “no acepta, no entiende que hay momentos y momentos para las cosas, no repara en eso cuando improvisa”.

Piñericosas recargado

La vocera de Gobierno, Cecilia Pérez, dijo que ella ha escuchado “más felicitaciones al humor que críticas, claramente los que critican, no tienen ni un sentido del humor” y agregó que “son los mismos que vi reírse cuando el presidente Obama fue el primero en sentarse en la silla del Presidente Piñera”.
De hecho, casi inmediatamente después del episodio del escritorio Resolute desde la delegación chilena se trató de empatar la situación diciendo que Obama también se había sentado en el escritorio de Piñera en La Moneda cuando vino el 2011 a Chile.

Más allá de esa versión gubernamental, lo cierto es que no hay registro de eso y, aunque haya sido tal como lo cuentan, se dio en un contexto privado.

Y ahí está la diferencia. En el seno de la derecha consideraron que lo sucedido en la oficina oval “fue un acto imprudente, sobre todo hacerlo en público, eso fue lo grave. En privado, en la intimidad de la bilateral, quizás, pero fue público. No era una situación para la chacota”.

Lo que dejó un mal sabor de boca en muchos en el oficialismo es el mensaje que quedó: “Uno mira esa escena en la Oficina Oval y solo queda claro que el gobierno ya se terminó, era una bilateral en la Casa Blanca y lo que se ve es que fue a puro pasear”.

Este tipo de salidas de libreto del mandatario han sido la tónica de su gobierno, las llamadas piñericosas, que en forma aislada alguna puede ser simpática —según el contexto—, pero que en su conjunto han ido minando el respeto público por la institución de la Presidencia de la República en estos tres años.

Algunas son menores, errores de dicción, confundir nombres, frases poco acertadas, repetir discursos casi textuales. Pero otras son graves y no corresponden a un Presidente, como fue su insistencia en mostrar en cuanto lugar fuera el papelito que decía “estamos bien en el refugio los 33”; o el cuestionado capítulo de la llamada telefónica que hizo al empresario Juan Claro para cambiar de lugar la planta termoeléctrica Barrancones.

En el gobierno reconocen que es “conocida la personalidad del Presidente Piñera”, sin embargo la crítica interna apunta a que a estas alturas de su mandato, a diez meses de tener que entregar la banda, “ya debería manejar mejor los momentos”.

El último año había logrado —añaden— manejarse mejor, “tener más conciencia de la investidura del cargo, que no puede hablar de todo, que esas improvisaciones dañan la imagen de la Presidencia de la República, había logrado perfilarse más acorde a su papel” de mandatario.

Pero en el gobierno y en RN —quienes lo conocen hace años— recalcan que el problema de Piñera es que es “impulsivo”, le gusta “improvisar” y no entiende ni asume que “eso es malo en él, no le sale bien, casi siempre se equivoca, no mide consecuencias”.

Algunos de esos negativos efectos son evidentes. Más de una vez se ha dicho que la falta de credibilidad, confianza y respeto de la ciudadanía —según arrojan las encuestas— hacia el Presidente Piñera, están ligadas precisamente a esa actitud de no respeto por la investidura del cargo.

Aparte que el nivel de rechazo siempre ha sido superior al apoyo que genera, sólo a un 44 % de las personas el Presidente les genera confianza, mientras que un magro 41 % dice que lo respeta y le cree, según arrojó la última encuesta Adimark dada a conocer ayer.

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