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Foto: AgenciaUNO
GPS Ciudadano: crece percepción de que el 18-O fue inevitable y cae su evaluación negativa
Los abusos, la desigualdad y las pensiones siguen pesando en la memoria ciudadana. Mientras izquierda y derecha mantienen visiones enfrentadas, la encuesta revela que el malestar que detonó las protestas sigue siendo reconocido siete años después.
A siete años del estallido social, la mirada sobre el 18 de octubre de 2019 comienza a mostrar cambios. Aunque persiste una evaluación mayoritariamente negativa de sus consecuencias, cada vez más personas consideran que lo ocurrido era inevitable, mientras los problemas sociales que alimentaron el descontento siguen presentes en la memoria ciudadana.
Así lo revela una nueva medición del GPS Ciudadano de Datavoz, cuyos resultados muestran que el 54,3% considera que el estallido fue inevitable, frente al 40,4% registrado en septiembre de 2025. Se trata de un aumento de 13,9 puntos porcentuales en apenas un año.
En paralelo, quienes evalúan negativamente las consecuencias del 18-O disminuyeron del 71,6% al 63,6%. Si bien el rechazo continúa siendo mayoritario, la caída de ocho puntos refleja un cambio en la percepción del acontecimiento. Actualmente, un 24,7% considera positivas sus repercusiones y un 11,7% estima que no las hubo.
“Lo que estamos viendo es un cambio interesante en la forma en que los chilenos miran el estallido social”, explica Paulina Valenzuela, socia fundadora de Datavoz, quien advierte que está creciendo la percepción de que existía un malestar social profundo que difícilmente podía continuar acumulándose sin provocar una reacción.
La investigadora introduce una distinción: “Reconocer que existían razones para el descontento no significa necesariamente aprobar la forma en que se desarrollaron los acontecimientos ni sus consecuencias”.
Los abusos y la desigualdad siguen en el centro
Uno de los resultados más relevantes de la encuesta es la persistencia de los problemas estructurales asociados al origen del estallido.
El 60,1% atribuye una alta influencia a los abusos y la corrupción, mientras que el 59% menciona la desigualdad y el 58,6% identifica las pensiones. También aparecen la educación (57,9%), la salud (54,6%) y el transporte público (53,6%).
Los resultados muestran que el balance crítico sobre las consecuencias del 18-O convive con el reconocimiento de las condiciones sociales que, a juicio de los encuestados, contribuyeron a desencadenarlo.
La investigación también identifica otros factores: el 65,7% considera que las redes sociales digitales tuvieron una alta influencia, seguido por los movimientos sociales y las organizaciones políticas (64,2%) y los grupos instigadores de violencia (56%).
Dos países frente a un mismo 18 de octubre
Donde la división se vuelve especialmente evidente es en la interpretación política de lo ocurrido.
El 44,4% se inclina por considerar el estallido como una protesta espontánea y legítima, mientras el 41,6% lo interpreta como un episodio de violencia inducida por grupos de interés. Un 13,9% adopta una posición intermedia.
La distancia se profundiza al observar las identificaciones políticas: entre quienes se declaran de izquierda, el 88% se identifica con la interpretación de protesta legítima. En cambio, entre quienes se ubican a la derecha, el 81,7% se inclina por la explicación centrada en la violencia inducida.
La fractura también atraviesa la relación con el actual Gobierno: el 76,4% de quienes se declaran partidarios del Ejecutivo privilegia la interpretación vinculada a la violencia inducida, mientras el 67,5% de sus opositores se aproxima a la lectura de una protesta legítima.
Para Jorge Fábrega, socio director de Tendencias Sociales de Datavoz, estos resultados dejan una advertencia que trasciende la discusión sobre el pasado.
“Lo preocupante es que buena parte de los problemas sociales que contribuyeron al estallido siguen presentes. Y si la política no logra procesar esas tensiones, corremos el riesgo de enfrentar nuevos conflictos en una sociedad cada vez más dividida”, sostiene.
Los jóvenes miran distinto el estallido
Las diferencias generacionales agregan otra dimensión. Entre las personas de 18 a 34 años, el 67,4% considera que el estallido fue inevitable, por encima del promedio general.
En este segmento, el 45,3% evalúa negativamente sus consecuencias, prácticamente empatado con el 42,5% que las considera positivas.
El contraste es marcado con los grupos de mayor edad: entre las personas de 45 a 54 años, el rechazo a las consecuencias alcanza el 75,6%, mientras que entre quienes tienen 55 años o más llega al 71,7%.
A siete años del 18 de octubre, la encuesta deja así una paradoja: aunque predomina una evaluación negativa de lo ocurrido, crece la percepción de que el estallido era inevitable. Una diferencia que mantiene abierto el debate sobre las causas del descontento y las respuestas que recibió desde la política.
Ficha técnica: El GPS Ciudadano de Datavoz se realizó mediante 1.083 entrevistas online entre el 16 y el 28 de septiembre de 2026. La comparación corresponde a una medición de 1.408 entrevistas efectuada en septiembre de 2025. Ambos estudios son no probabilísticos, con ponderaciones sociodemográficas, por lo que las variaciones entre mediciones son descriptivas.
Revisa aquí el estudio completo del GPS Ciudadano de Datavoz sobre los siete años del 18-O.