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El año en que Chile giró el eje de su poder político

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¡Hola! Qué gusto saludarlos en esta primera edición de +Política de 2026. Todo indica que el año que comienza traerá movimientos intensos en el mundo político y, para partir con perspectiva, es indispensable mirar hacia atrás, tener presente lo ocurrido y evitar caer en la amnesia –o en la memoria selectiva– cuando resulta conveniente.

Esta es una edición especial y condensada, sin divisiones temáticas. La idea es recorrer en un relato único los hitos más relevantes que marcaron 2025, para ofrecer una visión integrada del ciclo político que se va.

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2025: cuando Chile cambió de eje político

El 2025 no solo cerró el último año del Gobierno de Gabriel Boric. Fue, sobre todo, el momento en que el ciclo político abierto tras el estallido social terminó de reordenarse bajo nuevas coordenadas: seguridad y crecimiento económico. En ese tránsito, el país vivió reformas estructurales, crisis institucionales, una elección polarizada y un giro político que llevó al Partido Republicano –sentado a la derecha de Chile Vamos– a La Moneda.

El punto de partida fue la reforma de pensiones. El 29 de enero el Congreso despachó una modificación al sistema previsional y el 20 de marzo el Presidente Boric la promulgó como uno de los mayores logros de su administración. Después de más de una década de bloqueo, el Estado logró introducir nuevas cotizaciones y seguros sociales, lo que permitió al Ejecutivo mostrar capacidad de acuerdo.

Sin embargo, el costo político fue alto: el texto final quedó lejos del diseño original del Gobierno y reflejó el peso que la oposición tuvo en la negociación. El episodio dejó una doble lectura: el oficialismo logró una victoria histórica, pero también evidenció los límites de su poder en un Congreso adverso.

Ese mismo mes comenzó formalmente el ciclo electoral-presidencial. El oficialismo consiguió ordenar una primaria legal para definir su candidatura, un logro institucional en un escenario fragmentado. Pero el proceso también expuso tensiones internas, desgaste de gestión y disputas de liderazgo que acompañaron al bloque durante todo el año.

En paralelo, la derecha tomó una decisión estratégica: no realizar una primaria única. En mayo cerró esa opción y apostó por múltiples candidaturas, privilegiando la visibilidad y la competencia directa. La jugada amplió su presencia en la campaña, aunque también elevó el riesgo de dispersión de votos en la primera vuelta. La figura de Evelyn Matthei –hasta entonces la primera opción de la oposición– se fue desvaneciendo en la medida que avanzaba el tiempo.

Mientras los bloques se alineaban para la elección, el país entraba en una fase de alta tensión política e institucional. El 25 de febrero, un apagón masivo dejó a más del 98% de la población sin suministro eléctrico, en el mayor colapso del sistema desde 2010. A eso se sumaron los primeros resultados del Censo 2024, que confirmaron una población de 18,48 millones de personas con fuerte concentración en la Región Metropolitana, Valparaíso y Biobío, datos que impactaron en los debates sobre representación y planificación.

En paralelo, una seguidilla de escándalos erosionó la confianza pública. La Contraloría reveló que más de 25 mil funcionarios públicos habían salido del país mientras estaban con licencia médica, detonando uno de los mayores casos de irregularidades administrativas del año.

La Corte de Apelaciones de Antofagasta desaforó a la diputada Catalina Pérez en el marco del caso Democracia Viva y la Corte de Santiago autorizó el procesamiento del diputado Joaquín Lavín León por fraude al fisco.

  • A eso se sumó la destitución de la senadora Isabel Allende por el Tribunal Constitucional, tras la fallida compraventa de la casa de su padre,un hecho que sacudió a la política chilena por su peso histórico y simbólico.

El 1 de junio, en su última Cuenta Pública, Boric intentó cerrar su ciclo con un eje claro: seguridad. Su Gobierno había aprobado decenas de leyes en la materia, con apoyos transversales. Pero ese esfuerzo no logró cerrar el flanco político. La inseguridad siguió siendo la principal preocupación ciudadana y el terreno donde la oposición logró instalar su relato con mayor fuerza.

El 29 de junio, el oficialismo resolvió su carta presidencial. Jeannette Jara (PC) ganó la primaria de manera categórica contra Carolina Tohá, del Socialismo Democrático, y se convirtió en la abanderada única del bloque. El orden institucional fue un logro, pero la baja participación dejó una señal inquietante sobre la capacidad de movilización del sector.

Mientras tanto, el Ejecutivo avanzaba en decisiones simbólicas de alto impactoBoric promulgó la ley que busca reparar la deuda histórica con los profesores, un compromiso largamente postergado, y anunció el fin de Punta Peuco como penal especial, transformándolo en una cárcel común. Ambas medidas reforzaron el perfil político de su administración en la recta final.

El 16 de noviembre llegó el momento decisivo. Con voto obligatorio, Chile elegía Presidente, junto con renovar el Congreso. En la primera vuelta, Jeannette Jara y José Antonio Kast pasaron al balotaje, mientras Franco Parisi sorprendió con un tercer lugar fuerte para un candidato fuera de los dos grandes bloques. Ese mismo día, la oposición obtuvo un triunfo estratégico: superó el umbral de 4/7 en la Cámara de Diputadas y Diputados, con lo que quedó cerca de controlar el Senado, configurando una correlación de fuerzas favorable para el próximo ciclo. El oficialismo, en cambio, perdió capacidad de control legislativo y quedó expuesto a un escenario de gobernabilidad cuesta arriba.

La segunda vuelta del 14 de diciembre confirmó el giro políticoKast derrotó a Jara y se convirtió en el Presidente electo de Chile. La derecha logró así una victoria histórica, llevando por primera vez al Partido Republicano a La Moneda. Pero el triunfo llegó con una limitación estructural: José Antonio Kast asumirá sin mayoría parlamentaria propia, obligado a negociar cada pieza de su agenda.

  • Esta elección, además, puso en valor a un actor desconocido: el votante obligado. Más de 5 millones de personas debutaron en las urnas, dejando en evidencia a un nuevo electorado, del cual queda todavía mucho por leer.

Para el Gobierno de Boric, el resultado marcó el cierre de un ciclo. La derrota presidencial, sumada a la pérdida de control del Congreso, dejó al oficialismo frente a una profunda necesidad de reconfiguración. El 2025, en definitiva, no solo perdió el progresismo en Chile: cambió el eje sobre el que se moverá la política chilena en los años por venir.


Y hasta aquí este primer número de +Política de 2026. Si tienen algún comentario, duda o información que quieran compartir, pueden escribirnos a maspolitica@elmostrador.cl.

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