La coctelería vive uno de sus momentos más dinámicos a nivel global. Lo que antes era territorio exclusivo de bares especializados hoy forma parte del consumo cotidiano: hay más conocimiento, mayor interés por los ingredientes y una búsqueda clara por experiencias que combinen estética, sabor y ritual social.
En ese escenario, el fenómeno spritz se consolidó como una de las grandes tendencias de la última década. Y es que coincide con un cambio estructural en el consumo de alcohol a nivel mundial.
Las nuevas generaciones priorizan bebidas de menor graduación, más fáciles de beber y compatibles con encuentros largos y sociales. El spritz —con su mezcla de espumante, bitter y soda— se ubica en una franja alcohólica más moderada que destilados puros o cócteles clásicos intensos, lo que encaja con la tendencia “better drinking” o consumo más consciente.
Uno de los cocteles ícono es el Aperol Spritz que se convirtió así en un símbolo visual: copa amplia, hielo abundante, tono anaranjado vibrante y rodaja de naranja. En la era de Instagram y las terrazas urbanas, su imagen fue tan poderosa como su sabor. Nacido en el norte de Italia al alero de la cultura del aperitivo, pasó de ser un clásico europeo a transformarse en un ícono global del verano.
Su baja graduación alcohólica, su perfil fresco y su inconfundible color anaranjado lo convirtieron en protagonista de terrazas, reuniones al aire libre y encuentros sociales que privilegian el disfrute sin excesos.
En Chile, el crecimiento de la coctelería premium y la sofisticación del consumidor han acompañado esta tendencia. El auge de bares especializados, la profesionalización de los bartenders y el aumento sostenido en el consumo de espumantes generaron el terreno perfecto para que el spritz encontrara su espacio. Hoy, más que un simple trago, es parte de un estilo de vida asociado a la conversación, la luz de tarde y el consumo consciente.
Según estudios de mercado, el momento social sigue siendo el principal contexto de consumo: compartir con amigos continúa liderando las ocasiones en que se elige una bebida alcohólica. Y dentro de esa categoría, los cócteles ligeros y refrescantes ganan terreno frente a opciones de mayor graduación.
No todos los espumantes son iguales
Si bien el Aperol Spritz es percibido como un cóctel simple —espumante, Aperol y un toque de soda— su equilibrio depende de decisiones que muchos pasan por alto.
Uno de los errores más frecuentes es reemplazar el prosecco por cualquier espumante brut. Aunque pueda parecer un detalle menor, la elección cambia por completo el resultado final.
El Prosecco se elabora principalmente bajo el método Charmat (segunda fermentación en tanque), lo que preserva mejor sus notas frutales y florales. Es más ligero, más aromático y menos estructurado que otros espumantes tradicionales. Esa suavidad es clave para equilibrar el amargor del Aperol sin volver el trago excesivamente ácido o áspero.
En cambio, un espumante Brut elaborado bajo método tradicional —como un Champagne o un Cava— suele tener mayor acidez y notas a levadura o pan tostado, producto de su fermentación en botella. Eso puede aportar complejidad en copa, pero no necesariamente armonía en un spritz.
Además, “Brut” no define el origen ni el método de elaboración: indica el nivel de azúcar. Un espumante Brut es seco, con bajo contenido de azúcar residual (hasta 12 gramos por litro). Existen categorías aún más secas, como Brut Nature o Extra Brut, y otras ligeramente más dulces, como Extra Dry o Demi-Sec.
Por eso, no todo Brut es Prosecco, y no todo Prosecco tiene el mismo perfil que otros espumantes secos. La diferencia está en la uva, el territorio y el método de producción.
Más hielo, mejor experiencia
Otro punto clave es el hielo. Lejos de ser un complemento secundario, cumple un rol estructural, ya que el hielo mantiene la temperatura, conserva las burbujas y controla la dilución. Usar poco hielo provoca que el trago se caliente rápido y pierda frescura.
La preparación clásica respeta proporciones simples pero claras: en una copa amplia con abundante hielo, mitad espumante, mitad Aperol y un toque de soda, finalizando con una rodaja de naranja.
En definitiva, durante el verano, cuando el Aperol Spritz se convierte en el cóctel favorito para reuniones y encuentros informales, la preparación perfecta aparece como una forma simple de elevar el momento sin complejizarlo.
En Chile, el fenómeno encontró terreno fértil en paralelo al crecimiento de la coctelería de autor y la profesionalización del rubro. El boom de bares especializados, la visibilidad de bartenders en rankings internacionales y el aumento en el consumo de espumantes ayudaron a que el spritz dejara de ser una moda importada y se integrara a la cultura local del aperitivo.