Desde tradicionales fiestas de vendimia hasta festivales contemporáneos en viñedos, el enoturismo se posiciona como una de las experiencias turísticas más atractivas del país. Así, por lo menos, se vivió el ultimo fin de semana en uno de los lugares más emblemáticos del vino chileno.
Con una asistencia que superó las 160 mil personas, la comuna de Santa Cruz cerró una nueva edición de la Fiesta de la Vendimia de Colchagua, una de las celebraciones vitivinícolas más tradicionales y masivas del país.
La vigésimo sexta versión del evento, realizada entre el 6 y el 8 de marzo, reunió durante tres días a miles de visitantes en torno a la cultura del vino en el corazón del Valle de Colchagua, uno de los destinos enoturísticos más importantes de Chile.
Organizada por la Municipalidad de Santa Cruz junto a la Asociación Gremial de Viñas de Colchagua, la fiesta transformó la Plaza de Armas de Santa Cruz y sus calles aledañas en el centro de una celebración que combinó degustaciones de vino, gastronomía local, artesanía y espectáculos culturales.

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La programación también se extendió a otros espacios de la comuna, como el Estadio Municipal y sectores cercanos a las calles 21 de Mayo con Casanova, ampliando los puntos de encuentro para los visitantes.
El alcalde de Santa Cruz, Yamil Ethit Romero, destacó el impacto turístico de la actividad. “Fueron tres días inolvidables. Vivimos una fiesta del vino, del turismo, de la amistad y la alegría, donde miles de visitantes pudieron conocer nuestra comuna, probar la calidad de los vinos del valle de Colchagua y compartir en torno a nuestras tradiciones”, señaló.
Vino, música y tradiciones del valle
Uno de los principales atractivos de la celebración fue la presencia de destacadas viñas del valle de Colchagua, que ofrecieron degustaciones de distintas etiquetas a los asistentes.
Entre las participantes estuvieron Casa Silva, Lapostolle, Montes, Los Vascos, Ventisquero, Siegel, Luis Felipe Edwards, Sutil, Ravanal, Polkura y Laura Hartwig, entre otras.

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La fiesta también incorporó actividades que forman parte del imaginario tradicional de la vendimia, como el pisado de uvas, competencias de cueca y ferias de artesanía local, además de una amplia oferta gastronómica basada en productos típicos de la zona.
A ello se sumó una parrilla artística que combinó música popular y folclor. Entre los artistas invitados estuvieron Los Jaivas, María José Quintanilla, La Combo Tortuga y Los Viking’s 5, junto a agrupaciones locales como la Asociación de Conjuntos Folclóricos de Santa Cruz y el Ballet Folclórico Santa Cruz.
Apostando por nuevas formas de vivir el vino
Pero el desarrollo del enoturismo en Chile no solo se expresa en las celebraciones tradicionales. En paralelo, han surgido formatos más contemporáneos que buscan acercar el vino a nuevas audiencias.
Un ejemplo es el Maturana Sunset Festival, que celebró su sexta edición en el Valle de Colchagua, reuniendo a más de 3.000 asistentes en una experiencia que mezcla vino, música electrónica y gastronomía en medio del paisaje del viñedo.
Organizado por Viña Maturana, el evento se ha consolidado como una propuesta innovadora dentro del panorama enoturístico nacional.

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Su fundador, Sebastián Maturana, explica que la idea nació para ampliar la forma en que se vive el vino. “Queríamos crear una experiencia donde el vino se disfrutara de manera más libre y contemporánea, integrando música, paisaje y gastronomía. El Maturana Sunset busca conectar emocionalmente a las personas con el vino y con el territorio donde nace”, señala.
Durante la jornada, los asistentes recorrieron estaciones de degustación, espacios gastronómicos reunidos en el Maturana Wine Food Garden, barras de coctelería y una programación musical que acompañó el atardecer en el valle.
Un motor para el turismo local
Eventos como la Fiesta de la Vendimia de Colchagua o el Maturana Sunset Festival reflejan cómo el vino se ha convertido en un eje articulador del turismo en Chile, generando experiencias que integran cultura, gastronomía, música y paisaje.
Más allá de la producción vitivinícola, el enoturismo se ha transformado en una plataforma de desarrollo territorial, capaz de movilizar visitantes, dinamizar economías locales y fortalecer la identidad de los valles vitivinícolas del país.
En regiones como O’Higgins, donde se ubica el Valle de Colchagua, estas actividades no solo celebran la cosecha de la uva, sino que consolidan al territorio como uno de los destinos enológicos más relevantes de Sudamérica.