Gastronomía
Crédito: El Mostrador.
Día del Helado: chilenos cambian hábitos y consumen más con sabores innovadores
El consumo dejó de ser estacional y hoy combina tradición e innovación, con mayor presencia en el hogar, nuevas propuestas y un consumidor más exigente.
Cada 12 de abril se celebra el Día del Helado, una fecha que en Chile refleja un cambio en los hábitos de consumo. Lo que antes era un gusto asociado al verano, hoy se consolida como un producto presente durante todo el año, con mayor frecuencia, diversidad y sofisticación.
El helado ha dejado de ser un producto exclusivamente estival. En Chile, su consumo se ha extendido a lo largo de todo el año, instalándose como parte de la rutina cotidiana y no solo como una indulgencia ocasional.
Este cambio se observa tanto en la frecuencia como en los contextos de consumo. El hogar ha ganado protagonismo, impulsado en parte por el crecimiento del delivery, lo que ha facilitado el acceso y ha diversificado los momentos en que se incorpora este producto.
Las cifras reflejan esta tendencia: el mercado supera los US$399 millones y el consumo promedio alcanza los 11 kilos por persona al año, posicionando al país como líder en la región.
Más allá de los clásicos: nuevas preferencias y sabores
En paralelo, la oferta ha evolucionado para responder a consumidores más abiertos a experimentar. Sabores como pistacho y açaí han ganado terreno, evidenciando un interés creciente por propuestas distintas a las tradicionales.
Maite Urbina, product manager de Emporio La Rosa, señala que “nos atrevimos a avanzar con una nueva forma de comer helado y ha sido un éxito. Eso demuestra que los clientes hoy tienen más interés por descubrir opciones renovadas, que se alejan de lo
tradicional”.
Esta innovación también se expresa en formatos y preparaciones más elaboradas, con influencia de la pastelería, incorporando capas, contrastes y mayor desarrollo en las recetas.
Sin embargo, los sabores clásicos mantienen su lugar. Vainilla y chocolate siguen liderando las preferencias, sostenidos por un componente emocional que continúa vigente. “Conviven los sabores de siempre con propuestas más innovadoras, lo que finalmente amplía la experiencia”, agrega Urbina.

Crédito: El Mostrador.
Un consumidor más exigente y diverso
El perfil del consumidor también ha cambiado. Hoy existe una participación más activa de adultos, quienes valoran la calidad de los ingredientes, las combinaciones y las propuestas más sofisticadas.
A esto se suma la irrupción de alternativas que responden a distintos estilos de vida, como opciones sin azúcar añadida, productos veganos y versiones sin lactosa. Estas alternativas amplían la oferta y reflejan una búsqueda por equilibrar disfrute y preferencias personales.
“Hoy las personas buscan equilibrar placer y orientaciones personales, lo que marca una tendencia clara”, comenta la ejecutiva.
En cuanto a los formatos, el cono y el vaso siguen siendo opciones rápidas y tradicionales, pero han surgido nuevas formas de consumo asociadas a experiencias compartidas. Copas, postres y formatos familiares han tomado fuerza, especialmente en contextos sociales y en el hogar.
Identidad local y nuevas formas de consumo
Otra tendencia relevante es la valorización de ingredientes locales. Sabores como lúcuma, miel de ulmo o chirimoya naranja han ganado espacio, aportando identidad y diferenciación dentro del mercado.
También lgunos proyectos como El Taller Club de Helado y Café marcan una diferencia. Fundado en 2015 por el chef Diego Lisoni y el enólogo Nicolás Lisoni, este espacio ha desarrollado una propuesta que entiende el helado como un lenguaje capaz de conectar memoria, oficio y territorio. Con más de 350 sabores creados y cinco cartas al año, han construido una suerte de archivo vivo del sabor chileno.
Su carta de otoño 2026, concebida como una “Geografía del Sabor”, recorre el país de norte a sur: desde la acidez del limón de Pica y las notas herbales de la rica rica atacameña, pasando por las lúcumas de La Cruz, el pistacho de Lampa o las papayas de la costa de Lipimávida, hasta llegar al maqui del sur y el calafate de Punta Arenas. Cada sabor responde a un origen, a un productor y a una historia. Aquí, la técnica no impone, sino que acompaña: es la materia prima la que guía el proceso creativo.
Una mirada distinta, pero complementaria, es la de Marietta, una heladería y pâtisserie boutique nacida en 2024 en el Boulevard de Parque Arauco. Su propuesta cruza tradición artesanal, diseño y una cuidada selección de ingredientes de temporada. Con planta de producción propia, cada elaboración responde a un control minucioso del proceso, donde la precisión técnica se combina con una estética contemporánea.
Más hacia la zona central, en el valle de Casablanca, Innamorato ofrece otra lectura del fenómeno: una fusión entre la tradición italiana y el uso de materias primas locales. Con más de 150 sabores, su propuesta abarca desde helados clásicos de leche hasta opciones veganas, sin azúcar y una innovadora línea con alcohol. La experimentación con texturas, las ediciones limitadas y las colaboraciones reflejan una búsqueda constante por ampliar los límites de lo que entendemos por helado.
En conjunto, estos proyectos dan cuenta de una transformación más profunda. El helado en Chile ya no es solo un producto: es experiencia, identidad y narrativa. Es un espacio donde conviven la tradición y la innovación, lo local y lo global, lo emocional y lo técnico.
En este escenario, el Día del Helado se posiciona no solo como una fecha conmemorativa, sino como una oportunidad para observar cómo este producto ha evolucionado en el país.
La combinación de mayor frecuencia de consumo, diversificación de la oferta y un consumidor más informado y exigente da cuenta de una transformación que trasciende lo gastronómico.
Así, el helado en Chile ya no responde únicamente a la estacionalidad, sino que se consolida como una experiencia que mezcla tradición, innovación y nuevas formas de consumo a lo largo de todo el año.