Sociedad
La oportunidad de Viña para integrar el selecto grupo de nuevo urbanismo mundial
Buenos Aires, Hamburgo, Lisboa y Atenas transformaron sus zonas en desuso en los distritos más vibrantes del Siglo XXI. Ahora, el proyecto Las Salinas propone que Viña del Mar se sume a ese selecto grupo: una ciudad costera que devuelve a usos urbanos un terreno con pasado industrial.
En 1996, Hamburgo miraba un puerto industrial obsoleto y contaminado a orillas del Elba. En 1992, Lisboa apostó por transformar 340 hectáreas de refinerías y mataderos a lo largo del Tajo. En 2014, Atenas se atrevió a soñar con reconvertir el sitio de su antiguo aeropuerto internacional en la ciudad del futuro. Hoy, todos esos lugares son referentes mundiales de regeneración urbana. Y en todos ellos, la pregunta inicial fue la misma que hoy enfrenta Viña del Mar: ¿qué hacer con un suelo con pasado industrial frente a un borde costero?
El proyecto Las Salinas, impulsado en el histórico terreno costero que por décadas albergó instalaciones industriales de la ciudad, propone exactamente eso: convertir un pasivo urbano en un activo para la región, siguiendo el mismo guión que ya escribieron algunas de las ciudades más audaces del mundo.
HafenCity (Hamburgo) nueva ciudad puerto
Hamburgo se atrevió a dar un salto ambicioso: ampliar el centro histórico de la ciudad en un 40%, reconvirtiendo 157 hectáreas de su antiguo puerto industrial. De esa forma, HafenCity, concebido en 1996 y aún en ejecución hasta 2030, es uno de los proyectos de regeneración urbana interna más grande de Europa. Se trata de una iniciativa proyectada sobre un suelo de uso industrial portuario, donde se levantó un nuevo barrio mixto que hoy alberga a 15 mil residentes, reúne a 5 mil estudiantes universitarios y podría generar aproximadamente 45 mil puestos de trabajo.
A la fecha, la inversión total alcanza los 13.500 millones de euros. De ese total, unos 10 mil millones corresponden a fondos privados y 3 mil de origen público, financiados principalmente con la venta del propio suelo.
El 38% del territorio se destinó a espacios públicos y zonas verdes. Los antiguos muelles portuarios se rehabilitaron como paseos peatonales y los galpones históricos fueron reciclados en sedes de empresas multinacionales como Unilever y el grupo Spiegel, entre otros.
HafenCity ha demostrado que, densidad, sustentabilidad y calidad arquitectónica, no son objetivos contradictorios, sino complementarios.
Parque de las Naciones (Lisboa) la joya portuguesa
Lisboa transformó 340 hectáreas contaminadas por refinerías de petróleo, depósitos de gas y mataderos industriales, en la ribera oriental del Tajo, en uno de los barrios más modernos y habitables de Europa. La oportunidad fue la Expo 98, cuyo tema fue precisamente los océanos como herencia para el futuro, pero el legado urbano fue mucho mayor que el evento.
Parque de las Naciones, nombre que recibió el área post-Expo, requirió una limpieza integral del suelo contaminado antes de comenzar el desarrollo inmobiliario, proceso análogo al que hoy ejecuta Las Salinas en Viña del Mar.
El resultado fue un nuevo barrio que hoy acoge a 25.000 residentes permanentes y atrae a 18 millones de visitantes anuales a sus parques, museos y zonas comerciales. Además, un tercio de su superficie corresponde a áreas verdes y espacios públicos abiertas a la comunidad.
La inversión pública en infraestructura, cerca de 1.800 millones de euros, fue apalancada con la venta de suelo rehabilitado al sector privado, que desarrolló 1,25 millones de metros cuadrados de uso residencial, además de oficinas, hoteles y equipamiento. Con todo este trabajo, Lisboa dejó de dar la espalda al Tajo y lo convirtió en su activo más poderoso.
Ellinikon (Atenas) de aeropuerto a barrio
El caso más actual es también el más ilustrativo. Desde 2021, Atenas lleva adelante la construcción de un proyecto de regeneración urbano que es citado ampliamente a nivel mundial. Se trata del ex – aeropuerto internacional Ellinikon en Grecia, que fue clausurado en 2001 y estuvo en desuso durante casi veinte años.
Hoy todo ese sector está en plena transformación con una iniciativa en marcha liderada por el grupo privado Lamda Development. Según lo indicado por los inversionistas, el proyecto contempla una inversión de 8.500 millones de euros, en los 6,2 millones de m2 de desarrollo de usos diversos o mixtos. Junto a ello, considera un parque costero que se proyecta como el más grande de Europa, con dos millones de metros cuadrados de área verde. A nivel de empleos, proyecta la creación de 80.000 puestos de trabajo hacia el año 2037.
Lo notable de Ellinikon y lo que lo hace un espejo directo para Viña del Mar, es que también generó en algún momento resistencias, demoras de permisología y un contexto económico adverso: Grecia acababa de salir de la peor crisis de deuda de su historia cuando el proyecto se puso en marcha. Sin embargo, siguió adelante y las proyecciones hoy dan cuenta de que Ellinikon podría sumar 2,5 puntos porcentuales al PIB griego y generar más de 14.000 millones de euros en ingresos tributarios adicionales.
Viña del Mar: la oportunidad chilena
Ninguno de esos proyectos nació sin controversia. Todos enfrentaron debates públicos, observaciones ciudadanas y años de tramitaciones. Todos, también, terminaron siendo reconocidos como hitos de transformación positiva para sus ciudades.
El proyecto Las Salinas reúne condiciones comparables con los casos revisados. Una ubicación costera estratégica e integrada a la trama urbana, un diseño que destina más del 40% del terreno a áreas públicas y un gran parque central de dos hectáreas abierto a la ciudad y con cuidado asegurado para su correcta mantención. Junto a ello, una propuesta de usos mixtos que combina vivienda de primer uso y en renta, hotelería, comercio, oficinas y un centro de convenciones. En total, una inversión proyectada de US$ 1.200 millones al año 2040, con la generación de más de 4.500 empleos directos en sus primeros diez años de operación.
Al igual que en Hamburgo, Lisboa y Atenas, Las Salinas en Viña del Mar está cumpliendo el compromiso de remediar el suelo antes de construir ciudad. Ese proceso ya está en marcha, con empresas de clase mundial en rehabilitación de suelos que trabajan día a día en el terreno.
Chile tiene pocos precedentes de este tipo de transformación urbana. Viña del Mar podría ser el primero. El ejemplo de las ciudades que se atrevieron está ahí, documentado, medido y disponible. La pregunta que la ciudad y el país deben responder no es si el modelo funciona, eso ya está probado, sino si Chile está dispuesto a sumarse al selecto grupo de ciudades que se atrevieron a dar un salto sustantivo. Una decisión que nos pone en el mapa de los referentes de regeneración urbana a nivel mundial.