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Estudio revela que las barreras para usar condón y hacerse el test de VIH son emocionales y sociales Agenda País Créditos: El Mostrador.

Estudio revela que las barreras para usar condón y hacerse el test de VIH son emocionales y sociales

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Una investigación publicada en Scientific Reports concluyó que las principales barreras para usar preservativo y realizarse el test de VIH no son la falta de información, sino factores emocionales, culturales y sociales que dificultan transformar la intención de cuidado en conductas preventivas.


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Una investigación liderada por la Universidad Autónoma de Chile y publicada en la revista Scientific Reports concluyó que las campañas tradicionales de salud sexual, centradas únicamente en la entrega de información, no están logrando modificar conductas preventivas en la población.

El estudio, uno de los primeros en América Latina en aplicar modelos de ciencias del comportamiento a datos nacionales representativos, revela que factores emocionales, culturales y sociales influyen de manera decisiva tanto en el uso del preservativo como en la realización del test de VIH.

Actualmente, solo el 23% de los chilenos utiliza condón de manera consistente y apenas el 17% se realiza un examen de VIH al año. Sin embargo, los investigadores advierten que el problema no radica en la falta de conocimiento, sino en la dificultad para transformar esa información en acciones concretas.

La investigación contó con la participación de Salvador Chacón-Moscoso, de la Universidad Autónoma de Chile, junto a un equipo internacional. Para el análisis se utilizaron datos de la Encuesta Nacional de Salud, Sexualidad y Género (ENSSEX) 2022-2023 del Ministerio de Salud, aplicando los modelos COM-B y el Marco de Dominios Teóricos (TDF), herramientas ampliamente utilizadas en ciencias del comportamiento para identificar las barreras y facilitadores detrás de determinadas conductas.

Condón y relaciones estables

Uno de los hallazgos más relevantes apunta al componente cultural asociado al uso del preservativo. Según el estudio, en las relaciones de pareja estables el uso del condón suele disminuir porque muchas personas lo vinculan con desconfianza o sospechas de infidelidad.

Casi un 30% de los encuestados manifestó dudas respecto a la necesidad de usar preservativo incluso dentro de una relación estable. A esto se suma que el 41,6% de los hombres considera que el condón disminuye el placer sexual, percepción que el estudio clasifica como una barrera moderada para su uso.

Pese a que el 80% de los participantes señaló que su principal motivación para utilizar preservativo es prevenir el VIH y otras infecciones de transmisión sexual, solo el 17,5% afirmó haberlo usado siempre durante el último año.

“Hay una brecha clara entre la intención y la conducta real. Las personas quieren protegerse, pero factores emocionales, relacionales y sociales interfieren en el momento de actuar”, explica el equipo investigador.

La percepción de riesgo limita el testeo

Respecto a la realización del test de VIH, el estudio identificó que la principal barrera no es el acceso a los exámenes ni el temor a un resultado positivo, sino la percepción de bajo riesgo personal.

El 68,3% de quienes no se realizaron el examen durante el último año aseguró que no lo hizo porque no se consideraba en riesgo de contraer VIH.

La investigación también evidenció una importante diferencia de género en el acceso y conversación sobre salud sexual. Mientras el 68,7% de las mujeres declaró haber consultado a un profesional de salud sobre sexualidad o infecciones de transmisión sexual, esa cifra cae al 24,3% en el caso de los hombres.

Aunque el nivel de conocimiento general sobre VIH es elevado —más del 85% sabe que el uso del condón previene la transmisión—, el estudio advierte un escaso conocimiento sobre herramientas biomédicas de prevención como la PrEP, conocida apenas por el 10,5% de los encuestados.

Repensar las campañas de salud sexual

Los investigadores sostienen que los resultados evidencian la necesidad de rediseñar las estrategias de prevención en salud sexual.

“Las estrategias centradas exclusivamente en entregar información probablemente son insuficientes. Se requieren intervenciones que aborden determinantes emocionales, sociales y estructurales del comportamiento”, señala Chacón-Moscoso.

Entre las recomendaciones planteadas por el estudio figuran reformular la comunicación sobre placer sexual y uso del preservativo, fortalecer la educación sexual desde edades tempranas y desarrollar estrategias diferenciadas por género para facilitar el acceso a servicios de salud sexual.

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