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Villa Frei: el patrimonio moderno está de cumpleaños y se sostiene en comunidad CULTURA|OPINIÓN Crédito: Archivo

Villa Frei: el patrimonio moderno está de cumpleaños y se sostiene en comunidad

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Christian Matus Madrid
Por : Christian Matus Madrid Antropólogo Social (UCH), doctor en Arquitectura y Estudios Urbanos (PUC), profesor Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales UC (IEUT UC).
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La lección de Villa Frei es entender que el patrimonio vivo cambia con el tiempo: se adapta a necesidades y concilia con una visión de sustentabilidad comunitaria.


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El 27 de junio Villa Frei cumplió 58 años. Fue en 1968 cuando el presidente Eduardo Frei Montalva lo inauguró con un recordado discurso: “La plata la pone el país y los beneficiarios, mientras que la técnica y el esfuerzo físico son aportados por los profesionales y obreros que ejecutan las obras”, dijo.

Emplazada en Ñuñoa, en el terreno agrícola de la antigua Chacra Valparaíso comprado por el Estado, Villa Frei fue construida entre 1964 y 1968. Como refrenda el decreto de su declaratoria patrimonial, de hace más de una década, en ella se articulan un valor histórico y social con un alto valor urbano y arquitectónico. Es un conjunto representativo de las políticas estatales de acceso a la vivienda implementadas por la CORVI y financiadas por la Caja de Empleados Particulares (EMPART).

En ese marco, es símbolo de la promoción de la vida en comunidad y del acceso de la clase media a soluciones habitacionales de estándar constructivo elevado, vinculadas armónicamente a amplias áreas de esparcimiento colectivo.

A esto se suma ser representativa de una arquitectura y planificación urbana ligadas al ideal de las “unidades vecinales”, con espacios comunes y abiertos que otorgan rol preponderante al espacio público, haciendo que sus senderos, puentes y jardines articulen el entorno como un gran parque abierto. Asimismo, se reconoce su estética única: sus tipologías de simplex, dúplex, torres y casas, dotadas de terminaciones originales, dan al barrio identidad distintiva.

Villa Frei sigue siendo un referente habitacional y urbanístico que se erige hoy como caso excepcional de urbanismo modernista, priorizando la escala humana y la vida comunitaria por sobre el automóvil. El conjunto aporta algo vigente como base para que el barrio enfrente desafíos urbanos como el cambio climático y el deterioro y privatización del espacio público.

La articulación virtuosa de áreas verdes y espacios públicos abiertos la convierte en un ecosistema urbano donde el patrimonio no es un objeto estático, sino una experiencia cotidiana que articula infraestructura, naturaleza y vida barrial. El Parque Ramón Cruz funciona como núcleo del conjunto, actuando como amortiguador ambiental y acústico del ruido urbano.

Aunque el patrimonio verde es lo más valorado por los vecinos, paradójicamente es lo menos protegido legalmente, por lo que su subsistencia depende de la organización comunitaria que lo cuida. Existe convivencia entre comercios tradicionales y nuevas propuestas, donde prima la cooperación por sobre la competencia. En definitiva, Villa Frei es una “pequeña ciudad resiliente” ante la privatización de la vida urbana, que integra cambios sin perder identidad de barrio caminable y cercano.

Estos valores urbanos y patrimoniales, destacados por arquitectos y urbanistas, hoy son retomados por sus vecinos, que entienden que el espacio público configura una infraestructura para la interacción social: no solo como soporte físico, sino como escenario de relaciones, memorias y prácticas compartidas.

Un espacio donde el patrimonio material —los bloques, las áreas verdes, el trazado— se entrelaza con un patrimonio inmaterial hecho de historias de vida, organización vecinal, usos cotidianos y sentidos de pertenencia. Se suma una dimensión ineludible: el patrimonio natural de su arbolado, parques y calidad ambiental.

La lección de Villa Frei es entender que el patrimonio vivo cambia con el tiempo: se adapta a necesidades y concilia con una visión de sustentabilidad comunitaria.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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